A mí me robaron y no me da pena decir cómo

 

Por: MANUEL RAAD BERRÍO*

 

Abogado, Urbanista y Educador, Miembro Fundador de la Red Latinoamericana de Gobierno, Derecho y Nuevas Tecnologías -ALGDETIC-, presidente ALGDETIC Colombia, y 2do Vicegobernador de Distrito F2 de Clubes de Leones.  

 

El lunes 02 diciembre mi día inició temprano en la Capital, una calle séptima decorada sin pudor con grafitis por todo el camino, testimonios de las marchas que por estos días agitan el país, conversaba con el taxista quien se abrió quejándose de Los desmanes y los bloqueos. Yo aproveché para compartir mis preocupaciones sobre la movilización estudiantil, que ha marcado en distintas épocas la historia de Latinoamérica y el mundo, recordé el manifiesto liminar en Córdoba Argentina 1918, mayo del 68 en Francia, la masacre en la plaza de las tres culturas en México DF ese mismo año, y la séptima papeleta en Colombia 1991. Los estudiantes han sacudido el mundo en más de una ocasión, pero solo han sido exitosos cuando la marcha es respaldada por la movilización intelectual, representada en millares de mesas de trabajo, foros y deliberaciones, que lejos de suspender el proceso educativo lo aceleran y potencian con la motivación política.

Pude haber seguido esa discusión por días, pero llegué a mi destino: la sede Crisanto Luque de la Universidad ECCI, a pesar de creer que conocía todas las universidades importantes del país, esta me sorprendió albergando el décimo Encuentro Nacional de Voluntariado. Sí, Colombia tiene Sistema Nacional de Voluntariado creado por la Ley 720 de 2001, y ha sobrevivido desde entonces gracias al esfuerzo de las personas y organizaciones que voluntariamente lo han promovido hasta llegar hoy a 18 departamentos y 183 municipios, los testimonios indican que el camino ha sido largo y difícil y que aún falta mucho.

Pero bueno, llegamos a nuestro evento, la fila de la entrada me hizo pensar que las cosas están cambiando para bien, más voluntarios es un indicio que tenemos ciudadanos más comprometidos con el país y que tienen la voluntad para cambiarlo. Sí, por las conversaciones que tenían pude saber que varios que participaron en las marchas y claro había otros tantos que no, pero en el voluntariado eso se interpreta distinto, pues todos actúan por encima de las coyunturas e independiente de sus posturas personales están siempre sirviendo al país. En este contexto, es clave la capacidad cívica de generar transformaciones Políticas que no necesitan ser electorales, pues hay muchas que son electorales, pero no tienen el honor de ser Políticas.

Se acerca la puerta en la fila y unos segundos después aparece mi victimario, un hombre mayor, de traje, con gafas formuladas y actitud bonachona “Señor, tiene el maletín abierto… tenga cuidado”, yo inocente agradezco el gesto y cierro mi maletín, debí haberlo traído abierto todo el camino, siempre he sido un poco distraído, así que no le di mayor importancia y seguí caminando en busca del auditorio, a punto de entrar nuevamente el caballero me aborda “no debería ingresar al auditorio con el maletín, hemos tenido situaciones muy delicadas… es mejor dejarlo en los casilleros” e inmediatamente ingresa al salón de los casilleros, dónde había un funcionario uniformado del evento, que recibe el maletín a través de una ventanilla, pero “el buen orientador”, preocupado por mi seguridad lo toma y lo ubica en el casillero 23.

¡Espera!  En ese casillero hay un maletín gris, recordé que hace unos días Jorge Salgado, me había llamado alterado casi de madrugada para contarme que en un evento le habían dicho que dejara su maletín en un sitio y que luego se lo habían robado, pero confiado preferí verificar que hubiera cámaras y pedir constancia de entrega, a lo cual mi nombre y cédula en un libro y la frase “a la salida reclama” me resultaron suficientes. Resultaron proféticas esas palabras.

Adentro, el ambiente colorido de chalecos y uniformes con insignias me hacía volver a las reflexiones de la fila, pero los temas en la agenda me hicieron recoger la imaginación y concentrarme rápidamente. El evento se extendió hasta la 1:45 p.m. y el cierre de la mañana me lo permitieron con la oportunidad de presentar una invitación a participar en el programa ARBORIZATÓN: “…hemos deforestado 30 millones de hectáreas de bosque en los últimos 50 años… Esto es, 600 mil hectáreas al año… 50 mil por mes… 70 por hora… creemos en las micro-revoluciones… un niño una semilla al mes…”  La línea estaba clara y fueron acercándose algunos interesados.

Eran las 230 p.m. la hora de irme, aunque el evento continuaba debía preparar mi vuelo a Barranquilla, me acerco a los casilleros y extrañamente mi maletín ya no estaba en el casillero 23, había sido reubicado al 53, según la libreta de registro siempre estuvo ahí, no reaccioné sino cuando en las manos del encargado veo el maletín deformado, imposible con el computador adentro “¡Falta el portátil!”. Los organizadores del evento reaccionan y por radio preguntan a logística, “el computador lo aseguraron en la bodega” fue la primera respuesta. Pero no, no era mi computador el que habían asegurado, y de pronto me golpeó: “¿dónde está el señor que estaba aquí cuando entregué mi maletín?”.

“Llamemos a la policía” “¿dónde están las cámaras?” “La universidad no se hace responsable”, llamé al 123 para pedir apoyo e iniciaron las preguntas: “¿Cuál es la dirección del sitio donde se encuentra?” “¿En qué barrio se encuentra?” “¿Cómo se llama la localidad?” “¿cuánto vale su computadora?” “¿Se usó violencia o sustancias psicoactivas?” luego de sufrir para poder responder, la señora repitió un par de veces “Su servicio está siendo procesado” y no pude evitar acordarme de las radioperadoras de taxis. Mientras tanto nada de las cámaras.

Suban al cuarto piso con los policías, allá están las cámaras” “deben llenar un formulario” “el protocolo lo exige” y el reloj seguía corriendo, ya han pasado 30 minutos y nada, el policía insistía “…vayan a la URI (Unidad de Reacción Inmediata), porque si los llamo para que vengan van a decir que los objetos perdidos no tienen suficiente valor, vayan no pierdan más tiempo aquí”.

Mientras esperábamos, trataba de reconstruir la imagen del señor que me había advertido del maletín abierto, y resultaba que cada minuto más personas sabían a quién me refería “ese señor estaba aquí desde las 7am”, “nos recibió a todos”, “ayudó a ubicar los equipos”, “preparó los cables”, “conocía todo muy bien”, “estuvo en los casilleros varias veces”, “todos pensamos que era de la universidad”. Delgado con saco gris, corbata roja, gafas, un ojo desviado, alrededor de 55 años. Sí, sí, sí, ese es, “Ya nos han creado una clave para revisar los vídeos”, ya ha pasado más de una hora desde que nos dimos cuenta del incidente y nada.

Son ya las 4pm y aparece lo que ya resultaba obvio, “confirmado, el señor ingresa al casillero y saca los equipos”, queremos ver los vídeos, pero “los protocolos lo prohíben” pero nos envían dos imágenes del perpetrador. Salimos rumbo a la URI más cercana, y allá cuando ingresamos a asesoría nos dicen: “Aquí no vamos a perseguir a nadie, solo se reciben las denuncias y el tiempo de espera es de dos a tres horas. Lo más rápido es llamar al 122 y presentar la denuncia telefónicamente”. Anoten ese número, saberlo antes me habría ahorrado por lo menos una hora.

Ya no importa, hacemos la llamada y en unos 40 minutos se relatan los hechos y finalmente se escucha: “Señor su denuncia ha sido procesada, en un lapso de 24 horas le enviarán al correo registrado la constancia de su denuncia y luego dentro de los 5 días hábiles siguientes se le asignará su caso a un fiscal, y este lo citará para ratificar su denuncia”, y entonces se me salió decir “parece que la URI no es ya de reacción si no solo de recepción”. No podía dejar de pensar en los operativos cuando le robaron la bicicleta a Peñaloza o cuando en Cartagena le robaron la pluma de bronce al Cervantes, deberíamos poder soñar con una reacción así de efectiva en cada ocasión.

Mientras esto pasaba, yo pensaba en todo lo que podía estar sucediendo con el computador, robo de datos, o seguramente acabaría en alguna casa de empeño o en uno de esos “talleres” dedicados a comprar y vender equipos de segunda. En todo caso, decidí hacer una pausa en el afán de perseguir al delincuente, y tomar la experiencia como excusa para pensar cuál sería una estrategia institucional más adecuada para este contexto, pues claramente acudir ante las autoridades no había servido para nada. No sé por qué, pero este ejercicio me suele brindar la calma y energía para volver enfocarme en los propósitos de mi día.

Pude apreciar que en todo este camino fueron varias las fallas que permitieron a este “ilustre caballero” hacerse con mis bienes, y para que sirva de advertencia comparto algunas reflexiones en las siguientes líneas. El propósito central es promover conciencia de las variables de seguridad en nuestro entorno y las posibilidades derivadas de una mejor articulación de los sistemas y/o esquemas de seguridad, buscando escenarios de coordinación entre instituciones públicas y privadas. Para eso veamos con más detalle los hechos en mi narración, que por supuesto resultan mucho más notorios ante el conocido desenlace.

Primero, Un hombre desde las 7 a.m. se ubica en la puerta de un auditorio y recibe a los organizadores del evento como si perteneciera a la universidad, a partir de ese momento infiltró la logística del evento al punto que nadie sospechara de él.  Segundo, aborda a un asistente desprevenido (yo) y lo induce a guardar sus pertenencias en los casilleros, la simulación consiste en hacer creer al guardián que el asistente está guardando sus pertenencias en el casillero del ladrón, y poder en cualquier momento solicitar “su casillero” y sacar las pertenencias del incauto como si fueran suyas, tal vez esperando un cambio de turno en el puesto de guardián. El incauto se desentiende de sus pertenencias pues ha quedado convencido que ha guardado en su propio casillero.

La estrategia del ladrón le brinda seguros recíprocos, si logra infiltrarse ha sustituido al guardián en su rol y no habrá necesidad de engañar al incauto, pues tendrá a disposición todos los bienes guardados en los casilleros. En sentido contrario, si por algún motivo es descubierto y excluido del equipo logístico, el incauto que sin saber accedió a usar el casillero del ladrón ya le ha dado la patente de corso. En este caso ambas estrategias le resultaron exitosas, salvo que yo pedí constancia del depósito de mi maletín y entonces dejó el maletín, pero se llevó el contenido.

Develada la estrategia del ladrón, las medidas preventivas resultan pertinentes en múltiples vías. Primero, los organizadores debieron asegurarse que todos los miembros del equipo logístico estuvieren debidamente identificados, confirmada la institución a la que pertenecen, y delimitado su rol y responsabilidad en el evento. Segundo, resultaba pertinente llevar control del ingreso y salida de cada uno de los equipos considerados importantes, parece mucho trabajo, pero ahorra muchos dolores de cabeza, incluso disuade a los delincuentes, pues al tener que pensar una ruta de escape distinta a los accesos oficiales, se les hace más complejo perpetrar su fechoría. Tercero, las áreas de almacenamiento como bodegas y casilleros deben ser de acceso restringido, las personas a cargo deben ser de absoluta confianza y no se debe permitir el acceso a personal no autorizado en la distribución de roles y responsabilidades, mientras más personas circulen en estas áreas más complejo será establecer responsabilidades y mayores riesgos se corren.

Por su parte, los sistemas de monitoreo como la videovigilancia y el tradicional patrullaje, deben asegurarse de cubrir todas las áreas, los puntos ciegos son fácilmente identificables por los delincuentes que saben aprovecharlos. Y existiendo sistemas de videovigilancia bien instalados me pareció evidente que estos pueden ser de mayor utilidad, en nuestro caso los tiempos de reacción resultaron convirtiendo en inútiles los esfuerzos por recuperar el equipo, en primer lugar, el acceso a las cámaras tiene tantos obstáculos que resulta pertinente que el protocolo contemple la intervención de la víctima, testigos principales, y autoridades, esto puede incluirse en la política de protección de datos personales ante una noticia criminal, y puede ser de gran utilidad para la depuración rápida de la información relevante, en estos casos, menor tiempo de procesamiento suele ser mayor posibilidad de recuperar los equipos.

En el mismo sentido, los proveedores de videovigilancia podrían estar enlazados (por orden de ley) a las autoridades, de manera que ante una noticia criminal, puedan acceder e integrar sistemas de vigilancia y procesamiento de datos más complejos y de mayor cobertura, por ejemplo, para correr algoritmos de reconocimiento facial y triangular la localización de los delincuentes. En mi caso, el robo ocurrió alrededor de las 9 a.m., a las 230 p.m. el ladrón puede estar en cualquier parte de la ciudad, y si los sistemas de videovigilancia hubieran estado integrados habríamos tenido mayor probabilidad de encontrarlo.

Durante la tarde tuve que narrar muchas veces la historia y describir al responsable, pero dos de esas veces fueron a las líneas 123 y 122, Policía y Fiscalía, en ambas llamadas los datos solicitados fueron prácticamente los mismos, las preguntas las mismas, las voces sí fueron un poco diferentes, pero ¿será necesaria esta redundancia de procesos? Pareciera que en una sola llamada pueden darse todos los efectos pertinentes a este tipo de situaciones.

Pero las cosas no fueron como hubieran podido, simplemente en el evento fallaron los organizadores, fallé yo, fallaron los protocolos de acceso a las imágenes de videovigilancia, falló la policía, falló la URI que no reaccionó, y falla la fiscalía que apenas dentro de 5 días hábiles podré saber a qué fiscal asignaron la investigación, tal vez soñando se puedan recuperar mis cosas. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero ante estos esquemas que parecen estar diseñados para asegurar la inseguridad, la resignación parece ser más provechosa que la esperanza. Sólo espero que esta historia sirva para que en el futuro podamos prever y reaccionar mejor.

 

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