«Ningún crimen es vulgar, pero toda vulgaridad es un crimen”, Oscar Wilde.

Por Alvaro Morales de León

En la jerga popular de nuestro país, ser Plebe no se toma para hacer referencia de las personas de bajo estrato social ubicadas en el escalafón inferior de la sociedad, se emplea para llamar así a las personas vulgares, soeces, y groseras al hablar y actuar.

Contra esta mala y desagradable manera de hablar y expresarse por la que han optado políticos, gobernantes, y hasta escritores, muchas son las amonestaciones sagradas como las del apóstol Santiago cuando llama a renunciar a esas lenguas cargadas de fuego, llenas de maldad y capaces de contaminar a toda la persona porque son encendidas por el mismo infierno.

Pero para esas insultantes y groseras maneras de expresarse el sabio Salomón también nos aconseja que nuestras palabras sean siempre como panal de miel que endulce el alma y sean capaces de dar salud al cuerpo y a los huesos; y así podríamos
seguir citando muchas más exhortaciones bíblicas y no bíblicas sobre las ventajas de expresarse de manera agradable y respetuosa.

Lo de expresarse de manera vulgar, plebe y grosera no es nuevo ni es propio de personas incultas, maleducadas ni de ciertos guetos ciudadanos, no, también es y ha hecho parte del léxico de políticos, gobernantes, militares y hasta de consagrados escritores, ofreciéndole disculpas anticipadas a mis seguidores por hacer mención de ellas, lo cual haré por única vez.

Había dicho que este modelo de hablar y escribir, de mal gusto, no era nuevo, lo que nos lleva inicialmente a Hermógenes Maza, un destacado militar colombiano durante la guerra de independencia, muy amigo del Libertador, quien en su lecho de muerte en Mompox, a los amigos que en ese momento lo rodeaban les dijo: “Ahí les dejo su mundo de mierda”.

Y nuestro connotado Premio Nobel de Literatura, García Márquez, nos dejó para el recuerdo en “El otoño del patriarca” esta puerca frase: “…y nada para los pobres, por supuesto, porque esos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo…».

De Uribe, el expresidente que siempre ha querido posar de serio, culto y educado, se conoció durante la plenitud de su gobierno una conversación telefónica en la que amenazando al periodista y fotógrafo Luis Fernando Herrera, conocido como “La mechuda”, le dijo: “Cuando lo vea le voy a dar en la cara, marica”, y todo, porque el periodista lo indagó por las “chuzadas” del DAS.

De otro que también creíamos que su vocabulario era el mismo en privado que en público, es del ya casi exsenador Jorge Enrique Robledo, a quien recientemente en una sesión del Senado con el micrófono abierto por descuido se le oyó expresarse vulgarmente de los hermanos Galán diciendo: “por culpa de los malparidos de los Galán
se inventaron que la lista tenía que ser…” Y con lo del cabecilla de la “Liga de Gobernantes Anticorrupción” y candidato presidencial, Rodolfo Hernández, con procesos de corrupción en curso, no sólo no nos alcanzaría esta cuartilla, sino que tendríamos que abrir un voluminoso e interminable
expediente para anotar todos sus desafueros verbales.

De Rodolfo comenzamos a tener noticias cuando siendo alcalde de Bucaramanga “encendió” a cachetadas” y no se cansó de “hijueputear” al concejal John Jairo Claro, y como en el caso de Uribe, todo porque el Concejal le preguntó por el sonado contrato de “Vitalogic”, el caso que lo tiene al borde de una condena.

Rodolfo, a quien no se le ha salvado ni “la Vírgen María” para decirle que la recibe con todas las prostitutas que lleguen con ella a su campaña, ya antes había llamado “putas” a todas las mujeres del santandereano municipio de Puerto Wilches.

Finalmente, del alcalde de Cartagena, William Dau, aunque hay que reconocerle su lucha contra la corrupción y la recuperación de obras abandonadas por otras administraciones, jamás se le podrá aplaudir ni estar de acuerdo con sus expresiones obscenas y vulgares que desdicen mucho de su condición de primera autoridad de la ciudad.

*Columna de opinión. Las opiniones no representan los valores, conceptos y/o postura del periódico.