Por José Laguado

Coach futurista, Director de SmartFutures

El momento para que todo el turismo de playa en Cartagena sea azul ha llegado. Ese distintivo azul es sinónimo de excelencia, buenas condiciones para locales y foráneos, una garantía de vacaciones con los mejores servicios, una experiencia positiva y una ventaja competitiva como destino turístico.

Y no es menor el concepto de playas con banderas azules. Dentro de sus beneficios están: 1) tener aguas más puras para los prolongados baños en el mar; 2) costas más limpias haciendo una disposición adecuada de los residuos sólidos como envases, papel y vidrio; 3) seguridad y servicios para recrear una experiencia turística diferente con salvavidas que estén atentos, puestos de primeros auxilios, mobiliario playero e identificación del personal de atención al ciudadano; 4) acceso para todos incluyendo a las personas con discapacidad; y 5) educación ambiental. Miremos eso con mayor profundidad. La premisa básica para que #ElTurismoDelFuturo sea una realidad en Cartagena es que todos giremos alrededor de una misma idea: de qué manera lo que decidimos en el presente contribuye al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para TODOS. Y ese es el mensaje central del concepto de las playas con bandera azul en el mundo, más que un distintivo de calidad, yo creo que es un futuro elegido, una apuesta del territorio y del país que proclama alto nivel turístico.

Es difícil creer que más de 4.600 playas, puertos y embarcaciones turísticas de 60 países estén equivocados en la idea de organizar estos espacios naturales. Sí, porque además de las playas existen buenas prácticas para las marinas, los puertos deportivos, las zonas de embarque y se pueden certificar las embarcaciones por su compromiso con la sostenibilidad. Déjame ponerlo en el siguiente comparativo por cada 100 kilómetros de playa disponible: Portugal tiene 20 playas azules; España tiene 12; Según Procolombia y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo en el país tenemos casi 3.000 kilómetros de costa (1.600 Km en el caribe) y más de 300 playas disponibles. En matemáticas simples, necesitaríamos tener las 300 playas con bandera azul para llegar a tener 10 por cada 100 kilómetros. Actualmente tenemos 3 playas azules (0,1 por cada 100 Km): playa azul La Boquilla Beach (Cartagena), Bello Horizonte Beach (Santa Marta) y Playa Maguipi (Buenaventura).

En lo personal, les cuento que diez meses pasaron para volver a disfrutar de las playas cartageneras. Con la idea de observar las oportunidades de nuestra ciudad inteligente (Smartcity), me fui a la playa azul La Boquilla Beach para ser testigo presencial de nuestros avances. Quedé gratamente sorprendido con la organización de las reservas a través de la página web, la disposición de los espacios en esos pequeños lotes para garantizar la bioseguridad, la atención de los vendedores al momento de ofrecer sus productos y la limpieza de las arenas. No obstante, me puse a chismosear en las redes a ver qué decía la gente al respecto. En este caso, quedé boquiabierto de cómo los cartageneros confundimos organización y estructura con privatización, dos cosas totalmente distintas. Además, cómo revolvemos el concepto de libertad (obrar de manera responsable) con libertinaje (desenfreno en las obras y palabras). Para la muestra un botón: al lado de la playa azul, otro sector en la boquilla a menos de 200 metros, había gente departiendo en grupos de más de 10 personas por carpa sin tapabocas y sin guardar el distanciamiento físico, tomando cerveza por cajas, residuos sólidos regados por el piso en una cantidad importante y música que superaba cualquier medición en decibeles.

Si verdaderamente queremos convertirnos en un destino inteligente (Smartdestination) es momento de abrazar la nueva normalidad de las playas, las marinas y las embarcaciones como espacios ordenados, regulados, limpios, con infraestructura (baños, duchas, caminos para sillas de ruedas) y mobiliarios acordes al turismo inteligente (Smarttourism). Y eso tiene un valor, un costo que hay que retribuir como usuarios.

Por eso, para que #LaCartagenadelFuturo sea una realidad habrá que adoptar nuevos modelos de pensamiento y comportamiento como ciudadanos. Adaptando un mensaje que me encantó hace unos días sobre España, lugar que llevo en mi corazón por diferentes motivos, es que Cartagena no es una ciudad, es un estado mental que todos deberíamos incorporar en nuestro chip personal. Si no, en lugar de venir desde el 2030, seguiremos en los años 1600.