Por José Laguado y María Andrea Romero

Las ciudades inteligentes y resilientes ( #Smartcities ) crean un contexto de innovación, competitividad y desarrollo territorial poniendo en el centro la calidad de vida de las personas usando capas tecnológicas. En Cartagena, como en muchas circunstancias, esto parece que sucede al revés si consideramos la inteligencia, según la RAE, como “la capacidad de entender o comprender” y “la capacidad de resolver problemas”. Desde el 2014 se renovó (si, leíste bien renovación) con Findeter, el Banco Mundial, la OCDE y otros, la intención de convertir a #LaCartagenaDelFuturo en una Smartcity. Viendo los resultados del más reciente informe de Calidad de Vida de Cartagena Cómo Vamos, estamos como el cangrejo azul, caminando para atrás.

En lo personal, seguimos sin comprender muy bien (ojo, no es falta de inteligencia), y ojalá alguien nos lo explicara como si fuéramos de preescolar sin incorporar las circunstancias políticas, cómo es que un destino turístico inteligente que basa su planificación, desarrollo y perspectivas colocando en el centro a las personas y las TICs, tenga los siguientes indicadores educativos: solo el 20% de los estudiantes con matrícula oficial tiene acceso a internet; el 41% algún tipo de dispositivo (computador, tableta, teléfono inteligente); 15% tiene conexión de internet de banda ancha en su hogar (¡creciendo desde un limitado 7% en el 2010!); el 20% de los estudiantes que reprobaron en 2019 no regresaron a estudiar en el 2020; 80% de las instituciones educativas oficiales se clasificaron en niveles D y C en las pruebas Saber 11 (los más bajos); y, para no profundizar más, finalmente, el número de estudiantes por terminal en colegios oficiales disminuyó de 28 alumnos en el 2010 a 17 en el 2019. Claro, el estudio también trae unas enormes oportunidades comprendiendo que el 31% de la matrícula cuenta con un Smartphone y habrá que ajustar los contenidos educativos en renovadas experiencias digitales para estos usuarios.

Por eso, en #Smartfutures creemos que la articulación empresarial, púbica y académica nos llevará a #LaEducaciónDelFuturo, un escenario donde la educación se transforma en un servicio público asequible para todos desde los 4 principios del Smartlearning: 1) conectividad: desde cualquier lugar a cualquier hora las personas accedan al conocimiento; 2) adaptabilidad: cubre las demandas formativas con enfoque en el tejido empresarial cerrando brechas laborales, 3) trazabilidad: hay un registro y monitoreo permanente del progreso formativo con mentores (no profesores) y 4) consciencia social: la educación se observa desde la conexión y pertenencia a una comunidad para resolver problemas. Todo ello unido a experiencias educativas humanizadas, divertidas, sostenibles en el tiempo.

Como docentes, nos quedan algunas reflexiones finales: ¿Qué tal si en lugar de memorizar fechas históricas de Cartagena enseñamos inteligencia financiera? Creemos que el reto cartagenero no está en la disponibilidad de dinero sino en su adecuada gestión. ¿Qué tal incorporar cursos libres en pre-escolar, los colegios y las universidades sobre liderazgo, gestión del estrés y las emociones o economía digital? Creemos que el reto para reducir la violencia está en la autogestión y el autoliderazgo. ¿Qué tal que las empresas en el Distrito de Cartagena tributen el 1 x 1.000 como responsabilidad social para dedicar a conectividad de internet?

Si verdaderamente queremos ser una ciudad inteligente hay que contar con ciudadanos inteligentes, esos que resuelven problemas cotidianos y generan su propia calidad de vida con iniciativas transformadoras de la educación en un ecosistema de aprendizaje interactivo que nos compete a todos.

¿Cómo perciben ustedes los ambientes educativos en #LaCartagenaDelFuturo ?

@joseglaguado @maandrearomero @smart_futures

José Laguado, Gerente de Synergy del Caribe y Co-fundador de Smartfutures; María Andrea Romero, Directora Ejecutiva de Trensas y Co-fundadora de Smartfutures.