““Mejor es fracasar con honor que triunfar con fraude”, Sófocles.

Por Álvaro Morales de León

Hablar de tretas es hablar de acciones referidas al artificio o la maña; la martingala o la astucia; la artimaña o el engaño; acepciones que encierran el significado de la falsedad, la mentira, y la falta de toda verdad. Así son las tretas.

Últimamente, las tretas, o sea, las falsedades, mentiras y engaños parecen ser “el pan diario” con el que los gobiernos pretenden hacer creer de sus preocupaciones y supuestas buenas intenciones a sus gobernados; pero solo son tretas y martingalas.

Las tretas son procedimientos, que casi por lo regular, y a manera de burla y mal malintencionada, oficializan y con pompas dan a conocer los gobiernos como una manera de “quedar bien con Dios y con el diablo”; como así lo podemos deducir de varias acciones, o mejor, tretas, de las que, sin temor a equivocarnos, podemos dar cuenta de ellas.

No nos puede “caber en la cabeza” que, a nivel del alto gobierno, el presidencial, haya habido tantas “pifias” con una serie de decretos de supuestos alivios económicos y sociales expedidos al amparo de la Emergencia Económica, y que evadidos del control político por parte del Congreso de la República, no resistieron el filtro de la Corte Constitucional, y fueron “tumbados” por poquedades procedimentales.

Se cayó el decreto para el alivio pensional con el cual el Gobierno permitía a las empresas y trabajadores reducir los aportes a pensiones durante tres meses y el traslado de los Fondos privados a Colpensiones; pero también, por inconstitucional, se cayó el decreto que fijaba el porcentaje mínimo de programación de producción nacional en la televisión.

La misma suerte corrieron decretos que otorgaban subsidios al pago por los servicios públicos, y el que dando vía libre a las sesiones virtuales del Congreso incurrió en violación a su autonomía.

Tampoco a Duque le pasaron el decreto que le otorgaba funciones judiciales a procuradores para adelantar trámites de adopción; ni el que suspendía por 30 días los trámites de extradiciones.

De igual manera, el Gobierno perdió la Tutela interpuesta por los mayores de 70 años, la que se conoció como “La rebelión de las canas”; y últimamente también le tumbaron el decreto del “Impuesto Solidario”.

Pero las tretas de nacionalismo a las que acude el gobierno nacional buscando distraer la atención del país frente al resurgimiento de las masacres, a las que ahora, para confundir llama eufemísticamente como “homicidios colectivos”, siendo artimañas y engaños.

Y qué decir de la solicitud de extradición de Mancuso, la que con martingalas y mentiras, el gobierno, enredándose cada vez más, deja evidente que no quiere su regreso a Colombia.

También en el Concejo de Cartagena las artimañas y tretas han estado a la orden del día, y hasta ahora, en contra del título de Honorable que protocolariamente lleva, le siguen saliendo muy bien las cosas; como le salió la martingala de la elección del inhabilitado contralor Héctor Consuegra; buscando con ella que se cayera este proceso y siguiera al frente del ente de control fiscal el encargado Freddy Quintero, de quien dicen es el conveniente para varios Concejales. Estas son tretas y mañas.

Treta y martingala es también la invocación de la pobreza en el Fondo de iniciativa del senador del Centro Democrático, Fernando Nicolás Araujo, donde de manera engañosa se plantea la erradicación de la misma en un término de 13 años.

Finalmente, tretas son también todos los procesos de elección de Fiscal, Procurador, Contralor y Defensor del Pueblo, donde, es costumbre engañosa, presentar las conocidas “ternas de uno”.