Videos de jóvenes que caminan en cuatro patas, usan máscaras de animales y aseguran sentirse identificados con lobos, perros o zorros se han vuelto virales en redes sociales. Esta tendencia, conocida como therians, reúne a personas que imitan conductas animales y comparten contenidos donde afirman tener una conexión profunda con determinadas especies.
El término proviene de la palabra “bestia” o “animal salvaje” y, en su uso actual, describe una identificación simbólica o parcial con un animal. La psicóloga argentina Débora Pedace, directora del Centro Terapéutico Integral, explicó en Noticias Caracol que este tipo de comportamientos debe analizarse sin juicios morales y entendiendo qué función cumple en la vida de cada persona.
Según la especialista, este fenómeno no es completamente nuevo. En décadas anteriores existieron las llamadas tribus urbanas, donde jóvenes adoptaban estéticas y conductas para expresar identidad y pertenencia. La diferencia actual radica en la velocidad con la que las redes sociales difunden estas prácticas y en la creación de comunidades virtuales que refuerzan esa identificación.
Identidad juvenil y límites
Pedace señaló que la adolescencia es una etapa de construcción de identidad, en la que se exploran distintos referentes para definirse frente al entorno. “Identificarse con un animal no es una enfermedad en sí”, explicó, aunque advirtió que el problema aparece cuando esta identificación desplaza la identidad humana y afecta la percepción de la realidad.
Para la psicóloga, muchos jóvenes encuentran en los animales símbolos con los que se sienten representados, como la fuerza de un lobo, la independencia de un gato o la lealtad de un perro. Esta asociación puede funcionar como una metáfora personal o una forma de expresar rasgos de su personalidad.
Sin embargo, la línea se vuelve preocupante cuando la conducta simbólica se transforma en una vivencia literal. En algunos casos difundidos en redes, jóvenes han adoptado hábitos que comprometen su bienestar, como consumir alimento para mascotas o acudir a un veterinario en lugar de un médico. En estas situaciones, la especialista advierte que podría tratarse de una posible psicosis, es decir, una pérdida de contacto con la realidad que requiere atención profesional.
El papel de las redes sociales
La experta indicó que detrás de esta tendencia pueden existir problemas de autoestima, experiencias de rechazo, acoso escolar o conflictos familiares. Para algunos adolescentes, la comunidad virtual representa un espacio de contención y pertenencia que no encuentran en su entorno inmediato.
Pedace considera que las redes sociales amplifican este tipo de fenómenos y los convierten en modelos a imitar. “Muchos jóvenes toman como referencia lo que ven en redes, sin distinguir entre una experiencia simbólica y una conducta riesgosa”, explicó.
Frente a este escenario, subrayó la importancia del acompañamiento familiar. Recomendó mantener el diálogo abierto, sin burlas ni descalificaciones, pero estableciendo límites claros cuando una conducta pone en riesgo la salud física o mental. También señaló que suelen existir señales previas, como aislamiento, cambios de ánimo o conflictos escolares, antes de que un joven adopte públicamente este tipo de identidad.











