Lo que comenzó con una inversión de $50.000 y el deseo de conquistar a una compañera del colegio terminó convirtiéndose en La Garosa, un emprendimiento gastronómico con tres sedes en Barranquilla. Su fundador, Alejandro Rodríguez, compartió durante The Biz Fest 2026 los sacrificios, errores y aprendizajes que marcaron su camino empresarial.
Una historia de amor que comenzó en el colegio terminó dando origen a un negocio gastronómico que hoy tiene presencia en distintos sectores de Barranquilla. Alejandro Rodríguez, fundador de La Garosa (@la_garosa), reveló durante su participación en The Biz Fest 2026 cómo una iniciativa para conquistar a quien hoy es su esposa se transformó en un proyecto empresarial.
Con apenas $50.000, Rodríguez comenzó a vender empanadas mientras estudiaba. En aquel momento, su propósito no era construir una cadena de restaurantes, sino conseguir dinero para invitar a salir a la joven que le gustaba. Lo que nunca imaginó fue que aquella pequeña actividad comercial terminaría cambiando el rumbo de su vida.
De una historia de amor a un negocio con tres sedes
Durante la entrevista, el empresario recordó que su estrategia para enamorar a su actual esposa funcionó. Ambos comenzaron una relación desde el colegio y, con el paso de los años, decidieron darle una visión más estructurada al emprendimiento.
Lo que inicialmente servía para financiar sus salidas de fin de semana comenzó a convertirse en una oportunidad de negocio.
«Con lo que estábamos haciendo las empanadas, si le dábamos visión, orden y estructura, se iba a poder convertir más adelante en lo que hoy en día es», explicó Rodríguez.
Actualmente, La Garosa cuenta con tres sedes en Barranquilla: Casa Prado, El Gran Malecón y Villa Campestre. Además, ha construido una comunidad digital de más de 150.000 seguidores en Instagram, donde comparte sus productos y experiencias gastronómicas.
Los fracasos que estuvieron detrás de su crecimiento
Aunque hoy dirige un negocio consolidado, Rodríguez reconoció que el camino estuvo marcado por decisiones equivocadas, pérdidas económicas y el cierre de varios puntos de venta.
El emprendedor aseguró que enfrentó situaciones que afectaron no solamente sus finanzas, sino también su estabilidad emocional. Sin embargo, considera que esas experiencias fueron fundamentales para aprender a administrar mejor sus negocios.
«Los errores son los mejores maestros en la vida», manifestó.
También explicó que gran parte de sus conocimientos los adquirió mediante herramientas digitales, videos educativos, libros, pódcast y audiolibros. Plataformas como Google y YouTube se convirtieron en fuentes de aprendizaje durante su proceso de formación empresarial.
Su consejo para los jóvenes: pedir ayuda antes de cometer errores costosos
Uno de los momentos más significativos de la entrevista ocurrió cuando Rodríguez reflexionó sobre los consejos que le daría al Alejandro que comenzó a emprender desde el colegio.
Su principal recomendación fue buscar mentores, tanto digitales como presenciales, que puedan orientar las decisiones importantes.
Según explicó, algunos de sus errores le costaron dinero, tiempo y desgaste emocional, situaciones que podrían haberse evitado con el acompañamiento de personas experimentadas.
«Levanten la mano y pidan ayuda, no se queden callados», expresó, al recordar que las dificultades económicas pueden afectar profundamente a quienes emprenden.
Su próximo sueño: construir un legado familiar y empresarial
Más allá de sus restaurantes, Alejandro Rodríguez también compartió sus aspiraciones personales. Reveló que espera convertirse en padre de cinco hijos y que actualmente está a la espera del nacimiento de su primera hija, Sol.
Dentro de 20 años se imagina como un esposo y padre presente, dedicado a enseñar y compartir los conocimientos adquiridos durante su trayectoria.
En el ámbito empresarial, aspira a construir un patrimonio sólido que le permita ayudar a otras personas y dejar oportunidades para las próximas generaciones.
Finalmente, desde The Biz Fest 2026, dejó un mensaje para quienes tienen una idea de negocio, pero todavía no se atreven a comenzar: dar pasos hacia aquello que verdaderamente les apasiona, incluso cuando las circunstancias no sean perfectas.
La historia de La Garosa demuestra cómo una iniciativa que nació entre empanadas, ilusiones juveniles y una inversión de $50.000 terminó convirtiéndose en un proyecto gastronómico con tres sedes en Barranquilla, construido a partir de años de aprendizaje, dificultades y perseverancia.











