“La hipocresía es el colmo de todas las maldades”.  Moliere

Por Álvaro Morales de León

Cuando a Querencias me refiero es para recordar esa especial forma de amar y de mostrar tendencia afectiva a ciertas personas, cosas o animales; y en cuanto a Tapujos; para evocar esa reserva o disimulo con que se disfraza u oscurece la verdad.

En Colombia, y en especial, en Cartagena, es muy dado a que se estilen particulares comportamientos que muy bien caen en las querencias y tapujos, sobre todo, de parte de muchos que teniendo el privilegio de tener resonancia a través de micrófonos o medios virtuales o escritos se creen con licencia para comportarse con estos esquemas de amores y desamores.

Pero se dice mucho, y hasta se conoce, que este particular modelo desorientador de la opinión y de la información, no es gratis, y pueda que esté ligado a ciertos y ocultos privilegios.

Con resonancia nacional e internacional, casi que a diario, altavoces andinas y locales se disparan contra la administración de la ciudad de Cartagena con este peculiar estilo empleado para referirse a ciertos acontecimientos fatídicos que, haciendo tránsito por lo ambiental, lo histórico y lo ciudadano, nos han afectado por muchos años.

Del atropello ecológico producido por la construcción del Hotel Hilton en el sector de El Laguito, en Cartagena, poco se habla ni se le exige desde el frío altiplano a dicha organización hotelera para que reponga el terreno que le usurpó al mar; daño que por las precariedades y la benevolencia judicial sólo conllevó a una sanción representada en la construcción de unos parques en la ciudad, de los cuales no se conoce el primero. Así son las querencias y los tapujos.

Hoy, solo se habla de la crisis ambiental de “El Laguito”, pero nada sobre sus causas por los rellenos hechos para la construcción del Hilton y las piedras arrojadas al mar para empotrar espolones y generar playas privadas, llevándose de paso la boca natural que mantenía la comunicación y el flujo de aguas entre el mar y El Laguito, hoy un difunto cuerpo de aguas putrefactas.

Caso similar al del Hilton es el del Hotel Las Américas, el de los Araujo, en el corregimiento de La Boquilla, quienes talando mangles y árboles en la margen derecha de la Ciénega de la Virgen, sin escrúpulos y usurpando áreas vedadas, procedieron a la construcción de un Centro de Convenciones afectando la vida ictiológica en la muy conocida “boca del parrao”. Pero los Andinos y el Ecobloque, “mutis por el foro”, o sea, “palito en boca”.

Pero no contentos con esta usurpación, los mismos señores Araujo, al amparo del gobierno nacional decidieron construir, usurpando zonas de bajamar y playas, nuevas torres hoteleras en el mismo sector de La Boquilla; ilegales construcciones por las que igualmente precariedades y benevolencia de la Dimar los ha sancionado dizque con una multa de 526 millones de pesos, multa que dudamos sea pagada.

Pero a diferencia de estos abusos ambientales, por el también abuso del Aquarela contra el Patrimonio Histórico a diario escuchamos el encarnizado empecinamiento desde la fría capital contra el alcalde Dau y contra su desempeño.

Y contra los Quiroz y sus ilegales y defectuosas construcciones avaladas por anteriores gobiernos del distrito de Cartagena, poco se oyen clamores. Pero así son las querencias y tapujos del sistema.

Finalmente, las voces inquisidoras que a diario aúllan desde la Capital contra la administración actual de Cartagena no deberían concentrase únicamente, y de forma malqueriente, en el Patrimonio Histórico, también háganlo con los atropellos al ambiente y a la ciudadanía.