Aunque tienen millones de veces más células que los animales pequeños, algunos de los gigantes del planeta han desarrollado mecanismos naturales que les permiten protegerse de los tumores. La explicación está relacionada con la evolución y podría aportar nuevas pistas para combatir el cáncer en humanos.
Un elefante puede pesar varias toneladas y vivir durante décadas. Una ballena puede alcanzar dimensiones extraordinarias y superar los cien años de vida en determinadas especies. Sin embargo, estos animales no presentan las tasas de cáncer que cabría esperar por la enorme cantidad de células que forman sus cuerpos.
Este fenómeno ha despertado el interés de científicos durante décadas y es conocido como la «paradoja de Peto», un concepto que plantea una pregunta fundamental: si los organismos más grandes tienen más células y estas se dividen constantemente, ¿por qué no desarrollan muchos más tumores?
La respuesta podría encontrarse en los mecanismos de protección que algunas especies han adquirido a lo largo de millones de años de evolución.
La paradoja de Peto: el misterio de los animales gigantes
El cáncer puede aparecer cuando determinadas alteraciones genéticas permiten que algunas células crezcan y se multipliquen sin control.
En teoría, un animal con más células tendría más oportunidades de acumular errores durante la división celular. Si además vive muchos años, el riesgo podría aumentar.
Sin embargo, los elefantes y algunas ballenas presentan una incidencia de cáncer menor de la que se esperaría teniendo en cuenta su tamaño y longevidad.
Esta observación dio origen a la paradoja de Peto, formulada por el epidemiólogo británico Richard Peto en la década de 1970.
Los elefantes tienen una protección genética extraordinaria
Uno de los descubrimientos más importantes está relacionado con el gen TP53, que ayuda a detectar daños en el ADN y participa en mecanismos destinados a impedir que las células alteradas se conviertan en tumores.
Mientras los seres humanos tienen dos copias de este gen, una heredada de cada progenitor, los elefantes cuentan con aproximadamente 20 copias en su genoma.
Esta diferencia les proporciona una capacidad adicional para activar respuestas frente a células dañadas.
Además, los investigadores identificaron en los elefantes un gen denominado LIF6, que puede contribuir a eliminar células con daños importantes en su material genético.
Estos hallazgos ayudan a explicar por qué animales de semejante tamaño no desarrollan cáncer con la frecuencia que cabría esperar.
Las ballenas también guardan secretos en su ADN
Las ballenas representan otro caso de interés científico.
Algunas especies pueden vivir durante más de un siglo y poseen cuerpos formados por cantidades extraordinarias de células.
Investigaciones sobre la ballena boreal han identificado mecanismos relacionados con la reparación del ADN, un proceso fundamental para evitar la acumulación de mutaciones.
Entre los genes estudiados se encuentra CIRBP, vinculado con respuestas celulares que ayudan a proteger el material genético.
Los científicos consideran que estas adaptaciones podrían explicar parte de la resistencia observada en determinadas especies de grandes mamíferos marinos.
Un estudio encontró que los animales grandes sí pueden desarrollar más cáncer
Aunque durante años se interpretó la paradoja de Peto como una ausencia de relación entre el tamaño corporal y el cáncer, investigaciones recientes han introducido nuevos matices.
Un estudio publicado en febrero de 2025 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) analizó información de 263 especies de vertebrados terrestres, incluidos mamíferos, aves, anfibios y reptiles.
Los resultados mostraron que, en términos generales, las especies de mayor tamaño sí presentan una mayor prevalencia de tumores malignos.
Sin embargo, el aumento no siempre es tan pronunciado como cabría esperar por el número de células que poseen.
Los investigadores también encontraron indicios de que ciertas especies que evolucionaron rápidamente hacia tamaños corporales mayores desarrollaron defensas anticancerígenas más eficaces.
Por tanto, la paradoja no significa que todos los animales grandes tengan menos cáncer, sino que algunas especies cuentan con mecanismos biológicos capaces de reducir considerablemente el riesgo esperado.
¿Podrían los elefantes ayudar a encontrar nuevos tratamientos contra el cáncer?
Comprender cómo funcionan estas defensas naturales podría abrir nuevas líneas de investigación médica.
Los científicos estudian si los mecanismos de detección de daños celulares, reparación del ADN y eliminación de células alteradas pueden inspirar estrategias para prevenir o tratar determinados tipos de cáncer.
No obstante, los hallazgos en animales todavía no representan una cura ni garantizan que esos mecanismos puedan reproducirse de forma segura en los seres humanos.
La investigación continúa en una etapa de exploración de los procesos evolutivos y genéticos que permiten a diferentes especies controlar el crecimiento celular.
La paradoja de Peto demuestra que el tamaño de un organismo no es el único factor que determina su vulnerabilidad al cáncer. La historia evolutiva y las defensas celulares también desempeñan un papel fundamental.










