Por Andrés David Marín Pacheco

La práctica de la prostitución ha existido desde tiempos inmemorables, en diferentes sistemas culturales, políticos y sociales, a través de la historia. Referentes del tema se tienen desde la antigua Roma y Grecia, donde la libertad sexual permitía que este tema no fuera tomado como tabú, sino con total naturalidad, entre los individuos asociados.

Sin embargo, dicho fenómeno ha traído consigo una serie de implicaciones sociales, jurídicas, políticas y psicológicas en los territorios donde la actividad se practica, situación de la cual no es ajena la ciudad de Cartagena de Indias, La Heroica, especialmente en su círculo amurallado.

No es un secreto que en zonas como la Torre del Reloj; calles del Colegio, del Porvenir, Primera y Segunda de Badillo; el Camellón de los Mártires; el Muelle de los Pegasos y el Parque del Centenario, usualmente en horas de la noche y a la vista pública, se evidencie una alta oferta de servicios sexuales de manera descontrolada, en palabras de la Veeduría de Seguridad Integral: “una ventana de prostitución”, acompañada de microtráfico e inseguridadsituación que se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los residentes del Centro Histórico y sectores aledaños.

Pero ¿cuáles han sido los principales factores influyentes en el aumento del fenómeno de la prostitución en el casco amurallado?

Afirma Isabela Restrepo, directora ejecutiva de la Fundación Centro Histórico de Cartagena de Indias, que una de las principales causas del deterioro que se evidencia en el Centro Histórico de noche radica en el “desplazamiento del uso residencial al que por años ha estado siendo sometido el corralito”.

Por otro lado, la no existencia de zonas de tolerancia en áreas no residenciales ha permitido que dicha actividad se concentre y crezca bajo cifras alarmantes en el Centro Histórico, motivado por la premisa de ser el Corralito de Piedra la portada turística y del disfrute de la capital bolivarense.

En este sentido, la existencia de una alta demanda de turismo sexual por parte de personal extranjero y la poca reacción de las instituciones gubernamentales para afrontar el flagelo de forma contundente ha venido hundiendo la hermosa imagen de la Cartagena descrita por el escritor Luis Carlos López en su poema ‘A mi ciudad nativa’.

Con esto en claro, no se puede esperar que todo gire en torno a soluciones desde el ámbito judicial y de lo policial. Hay que ser constantes en educar y prevenir con estrategias fundadas en nuevas políticas públicas que aborden la problemática, desde el campo interdisciplinario, a los diferentes sectores sociales.