Por Daniel Herrera 

Dicen que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista, y el coronavirus no será la excepción a ese dicho, ni al título del libro de Milena Busquets “Esto también pasará”, sin embargo mientras tratamos de apresurar las manecillas del reloj para llegar a ese final (que se acabe la incertidumbre y que todo esto no sea más que un mal recuerdo, algo así como una página oscura en los libros de historia),  nos ahogamos en preguntas, reflexiones y dilemas, que quizá extrañábamos dentro de la comodidad de nuestras vidas monótonas y repletas de una clase de “acción aburrida”, hoy, en medio de este hecho planetario, estando aislados y sobrios de los estímulos del diario vivir, sabemos que esto no durará para siempre, pero que nosotros no seremos los mismos de siempre.

El coronavirus o covid-19 no solo llegó como una simple pandemia, sino como un simbólico recuerdo de nuestra pequeñez, vino para recordarnos sutilmente que los conflictos y las guerras que siempre se han atribuido a la villanía y al egoísmo, terminan siendo en su mayoría nada más que actos de completa estupidez, que la xenofobia y el racismo quedan sublevados a la amenaza de un virus que nos llama a la cooperación, no solo a la comunidad científica internacional, sino a nuestro diario trasegar, ¿Será que este miedo globalizado, transmitido las 24 horas por todos los medios nos hará reflexionar y trabajar como especie?, o tendremos que esperar miles de años a ver si existe la posibilidad de que otra vida inteligente extraterrestre nos haga ver que todos somos iguales?

Pocas veces sentí tanta nostalgia, como cuando pasé por la cancha popular de mi barrio, de la que siempre me quejaba porque no había una hora en la que no estuviese repleta de gente, y me di cuenta que por fin estaba sola. Es curioso ver que encerrados en nuestras casas con nuestros más grandes semejantes nos aburrimos de lo mismo y extrañamos a esos que en el diario vivir no eran más que los otros, los desconocidos, los diferentes, tal vez podríamos decirle al profesor Leiser Madanes (Filosofo Argentino), que por primera vez la peste no a tendido de una manera tan drástica a romper el tejido social, ya que a pesar que  el pánico nos desarticula, hemos hecho todo lo posible para no alejarnos, parafraseando un poco lo que decía William Ospina “Nunca habíamos estado tan juntos, como ahora que nos toca estar separados”, es en este momento cuando todos tenemos esas ansias de participar en la conversación mundial, de conectarnos al mundo, y hablar de nuestros gustos, escuchar distintas ideas, enseñar, aprender,  muy probablemente nunca habíamos tenido tantas ganas de abrazarnos, de aceptarnos como la masa social que somos, de buscar refugio en la poesía, la filosofía, la música y sobre todo en conectarnos a  través de una pantalla.

Por otra parte, el coronavirus nos ha tenido en un falso dilema que consiste en tener que elegir entre la salud y la economía, cuando a la hora de la verdad esto se resuelve mediante la dialéctica ya que no puede existir solución sanitaria si se descuida la economía, debido a que si no se llega a mantener la economía esencial y de primera necesidad, no se puede cuidar la salud, no se puede mantener a los hospitales con insumos, ni se pueden dar las condiciones mínimas para la vida optima en medio de esta cuarentena y las posibles próximas cuarentenas. Pero como bien lo decía el título “todo pasará” y post covid-19 nos vendrá otro problema más grande y es la próxima recesión económica. Considero que así como el gobierno Duque se asesora con los mejores especialistas de las ciencias de la salud para enfrentar el coronavirus, también debería asesorarse con un dream team de economistas para poder mantener la economía en medio de esta crisis y evitar que se nos vaya a pique post covid-19, recordemos que además de la paralización de los mercados existe un grave problema para Colombia y es que históricamente cuando el precio del dólar baja, nosotros volvemos a nuestras raíces agro, en esta época no será la excepción.

En definitiva, no seremos los mismos, es importante que recordemos que las grandes crisis de la historia de la humanidad han generado grandes cambios, ¿será posible que cambiemos algo más que los hábitos de la salud e higiene personal?, ¿qué enfoquemos nuestros esfuerzos económicos y humanos en la ciencia, en la cual tenemos nuestras esperanzas de superar esta situación? o más importante aún lo que nos ha hecho ver esta amenaza es que en la unidad y la cooperación está el camino para sobrevivir a este feo momento, estudiantes (altamente señalados de vagos) de las universidades públicas haciendo gel antibacterial y alcohol glicerinado, grandes empresarios como Arturo Calle pagando las nóminas de todos sus trabajadores hasta abril para que no tengan que salir a trabajar y exponerse al contagio del coronavirus,  los investigadores de la universidad de Antioquia trabajando para conseguir los ventiladores mecánicos necesarios para el tratamiento de los pacientes con covid 19, Duque y Petro dialogando, los excombatientes que antes empuñaban las armas en contra del pueblo hoy son motivo de orgullo de este al fabricar protectores naso bucales, en definitiva el dilema más importante de todos los que nos plantean estos tiempos de crisis es si ¿será posible que después de esta oscura época la solidaridad sea el nuevo valor supremo de la humanidad?

Como diría el gran Mario Benedetti: “cuando la tormenta pase entenderemos lo frágil que es estar vivos, sudaremos empatía por quien está y quien se ha ido”