Por Sebas Gómez 

“Yo sé cómo crio a mi hijo y no necesito ayuda de nadie más” o “Estos niños de ahora quieren hacer lo que se les da la gana en internet” o peor aún “Ya no respetan a nadie, y por andar usando las redes sociales esas, son unos malcriados

Comunicador multimedia para el desarrollo

Estas son frases con las que muchos padres, madres y personas cuidadores nos identificamos a diario, evidenciando el desconocimiento que tenemos frente al uso o mejor dicho, ‘buen uso’ de las plataformas digitales de los más pequeños en el hogar.

Ciertamente la generación infantil más reciente, posee una habilidad innata para el manejo de las herramientas virtuales y una gran inclinación por las tecnologías de vanguardia; lo que por denominación colectiva llamamos “el chip”. ¿Cierto?

Esto, devela en parte la desventaja con la que contamos, sabiendo que hemos tenido que pasar por un largo proceso de adaptación, para apropiarnos de los conocimientos sobre las nuevas tecnologías de las comunicaciones.

Y sincerando las palabras, algunas veces no nos asesoramos frente a la instrucción de nuestros hijos e hijas a la virtualidad de la sociedad. Asumimos que con lo que los hemos criado podrán hacerle frente a este mundo; lastimosamente, no es así.

Por este motivo aquí tienes 5 consejos para fortalecer tu modelo de crianza online sin quedar como spam o correo no deseado en el proceso.

De acuerdo con organizaciones como Healthy Children, Aldeas Infantiles, Agencia Pandi, la plataforma Common Sense Media, debemos priorizar nuestros hábitos de crianza en estos 5 aspectos:

1. Ser el ejemplo. Y si, tenemos que poner los pies en la tierra y dejar de navegar frenéticamente haciendo scrolling en cuanta aplicación podamos. No está bien entrar a cada una de ellas sin tener un propósito definido.

Esto lo podemos lograr tomando control de factores como el tiempo de uso de los aparatos tecnológicos, número de aplicaciones abiertas, cuentas con las que interactuamos y formas en las que interactuamos con estas u otras personas.

Solo siendo conscientes de que en los primeros años de vida se aprende del ejemplo, podremos hacer la mejor demostración de ciudadanía en la virtualidad, y con ello estamos moldeando sus hábitos digitales.

Recordemos que nuestra presencia en estos espacios debe ser tan pulcra como esperamos que sea la de nuestros niños y niñas. No podemos reclamar que demuestren buen comportamiento, si no demostramos el correcto primero.

2. Enseñar a aprender en línea. ¿Por qué deberíamos estimular los buenos hábitos de la vida online? La razón: el mundo se esta digitalizando desde hace muchos años, y es necesario aprender a ‘saber estar’.

El mayor error que cometemos es reducir el uso de las plataformas al entretenimiento, desaprovechando así las grandes oportunidades de complementar la formación de habilidades útiles para la cotidianidad.

Se convierte en deber instruir a quienes segundan nuestros pasos en como pueden usar la información disponible para el fortalecimiento de sus conocimientos, o mejor aun generar soluciones de problemas o conflictos.

Obviamente seremos acompañantes en este proceso, pero más allá de ello, incentivaremos el análisis activo y crítico del contenido a aprender, a la vez que hacemos viva recordación que somos aliados de su aprendizaje en línea.

3. Negociar las rutinas. La mayoría de las veces hacemos una planeación meticulosa de las actividades diarias, en la semana, o en el mes. No subestimemos la capacidad increíble de los niños y niñas para realizar la misma tarea.

La buena gestión del tiempo es fundamental al momento de establecer prioridades en el día a día, de la misma forma, es el objetivo más conveniente si queremos que las rutinas de nuestro hijos e hijas sean más productivas.

Generar el consenso sobre lo que puede y no puede hacer al momento de estar en on-line, es la mejor forma de permitirle autonomía en las decisiones importantes al momento de utilizar cualquier plataforma digital.

Podemos dialogar sobre usar calendarios físicos o cronogramas con interfases dinámicas, así, ellos podrán hacer monitoreo del avance de sus ocupaciones diarias. Con estas herramientas aportamos a su noción de la eficiencia personal.

4. Compartir y cuidar el consumo informativo. Con tantas posibilidades de acceso, debemos ser muro de contención frente a aquellas informaciones que pueden ser dañinas y que afecten negativamente el desarrollo de los más pequeños.

Es importante construir el hábito de consumo informativo basado en el análisis de los datos. SI, es necesario; así como les enseñamos a comer alimentos saludables, debemos enseñarles a discernir entre la información benéfica y la que no lo es.

Debemos recordar que esto es una tarea compartida, en consecuencia, seremos compañía en la navegación por sitios web o plataformas nuevas, instruyéndoles en su uso provechoso. Existen gran variedad de herramientas de control parental.

Y en cuanto se nos posibilite, compartamos con ellos la información que consumimos; demostrándoles como fue explicado previamente, con ejemplos, las características de la información a las que pueden estar expuestos.

5. Reconocer los límites y el equilibrio. Existe un momento para todo, así garantizamos nuestro bienestar mental asegurando el límite de los espacios. La misma practica la podemos realizar con ellos.

La ‘digitalización’ no puede ser la excusa para no establecer cuáles son los usos de las plataformas digitales y en que momento del día pueden usarse, los limites son lo más conveniente si no se quiere interferir con la interacción física en el hogar.

En conjunto se puede hacer la evaluación de los espacios de socialización en casa, y con este ejercicio entender que las interacciones digitales no pueden sobrepasar el valor de la experiencia y el contacto físico con personas de confianza.

Con la orientación de cada uno de los puntos anteriores, podremos instaurar democráticamente acuerdos en lo que sean claras las restricciones, haciendo ver de ellas lo positivo y no las supuestas desventajas.

Apropiándonos de estos hábitos podremos construir un ambiente en el que la virtualidad y nuestra forma de crianza se lleven de la mano, a sabiendas, de que usarlas a nuestro favor es la mejor manera de estar al día con las tecnologías.

Es un gran reto, que puede ser la muestra de nuestra capacidad de adaptación a las dinámicas actuales. La meta es innovar con la crianza de nuestros hijos e hijas demostrando que tenemos la capacidad de ser más que padres, madres o cuidadores, mentores del siglo XXI.