Las pasadas elecciones del congreso Colombiano se convirtieron en un punto de referencia para lograr entender la situación política del país ad portas de las elecciones presidenciales.

La gran consulta por Colombia, donde se escogería mediante voto popular los candidatos presidenciales de centro-izquierda y centro-derecha, no solo permitieron conocer los representantes de las comunidades políticas más agitadas en los últimos meses, sino que también permitió observar grietas profundas y muy preocupantes en el desarrollo democrático de nuestra amada nación.

Y es que a pesar de que son muchos los que no entendemos porque qué el desarrollado plano político se amanguala bajo conceptos económicos, cuando de economía es lo último de lo que se habla en estas instancias políticas. Los candidatos electos por ambas partes, sea Duque o Petro, han dejado claro sus posturas al respecto, con una sola coincidencia en ambos discursos; los dos pretenden como máximo fin la modificación de la constitución Política de Colombia.

En este punto solo me interesa realizar una reflexión. Y es que no me gusta atacar a nadie por su creencia ideológica, sea política, económica, religiosa, social o cualquier otra, busco el respeto ante todo; sin embargo, tengo el derecho a oponerme a lo que no me agrada, y aunque últimamente he criticado el movimiento izquierdista liderado por Petro, espero que no crean que es porque estoy con Uribe, al fin y al cabo cuando me hablan de los dos para mi es referirme a la misma cosa.

Y no estimado lector, no me he vuelto loco; sé que ambos personajes tienen muchísimas diferencias ideológicas respecto al rumbo del país, eso es claro. Pero si resalto que en la forma de hacer política ambos recaen en las mismas falacias, y la misma burda, violenta y repudiable forma de hacer política.

Lo único que han dejado estas elecciones es polarización, divisiones tan grandes que tal vez hoy ya no se hable de fronteras regionales sino políticas. Por un lado, un sector de intelectuales que lo único que han hecho es resaltar no solo a nivel interno, sino externo también, la ignorancia de nuestro país, cuando no se trata de la evidente falta de educación de sectores del país, sino de que a nadie sobre la faz de la tierra le gusta que le digan estúpido. O en el caso de la Derecha un discurso político de más violencia y repudio a cualquier pensamiento social, e incluso a veces al punto de insinuar la erradicación de ideologías liberales. Luego entonces ¿dónde parte la política de Colombia en este tiempo? Sencillo, en la completa erradicación del otro frente. Permítame decirlo, algo completamente Absurdo.

Nuestra constitución defiende la Democracia como un fundamento político de nuestro Estado soberano, mediante la cual cada posición política, económica y social, nutre el desarrollo que tenemos como nación. Su parte dogmática se posiciona como una de las más garantistas en el mundo, ya que presenta uno de los idearios jurídicos en materia de Derechos fundamentales más completo y del cual deberíamos sentirnos orgullosos. Tenemos una constitución especial y hermosa la cual lastimosamente ha sido omitida y desechada en muchos casos, donde la repudian incumpliéndola de forma descarada e indolora.

Ante esto ¿Se debe reformar la Constitución? Pues no. Porque nunca se le ha dado la oportunidad de posicionarse como debe ser, de fundamentarse en lo más alto de nuestro ordenamiento jurídico como la carta guía a nuestro desarrollo. Ahora bien, si la Derecha está en el extremo de  querer erradicar la Izquierda y viceversa, yo pregunto ¿Dónde está el centro? Si me permite, yo propondré un punto de inicio, y es que en el centro estamos los que no queremos un movimiento político que reforme el país, sino los que exigimos que se cumpla la constitución.

 

 

 

 

 

Ricardo Cano
Estudiante de X Semestre de Derecho