Por José Patrón 

Los datos macroeconómicos y en especial los indicadores de empleo muestran ya indicios de lo que parece ser recesión más profunda que ha conocido el país en las últimas generaciones, pudiendo incluso superar la crisis de 1998. La tasa de desempleo alcanzó un nivel de 19,9% para el total nacional, 7,7 puntos porcentuales mayor con respecto a marzo de 2020. Por su parte, la tasa de ocupación cayó 11,5 relativo al mes anterior, alcanzando un nivel de 41,3%, siendo la cifra más baja de la que se tiene registro en las series históricas desde 2001, siendo de especial gravedad en las economías de las familias de ingresos bajos o cuya fuente de ingreso reposa en un solo miembro.

Las medidas tomadas en virtud de la pandemia a escala global, han derivado en una fuerte contracción por el lado de la demanda interna y externa poniendo en riesgo la viabilidad de empresas y puestos de trabajo, esto ha generado un choque sistémico por el lado de la capacidad de consumo de las familias y en la dinámica de producción de gran parte de la cadena empresarial de país, casi todos los sectores económicos se encuentran en riesgo, salvo contadas excepciones tales como: el sector farmacéutico, de venta de alimentos y bienes de primera necesidad.

Un indicador claro en el freno por el lado de la demanda, es la cifra de la inflación en el país, se puede evidenciar que se registraba un buen desempeño de la demanda, ya que durante el primer trimestre de 2020 la inflación anual presentó una tendencia creciente, llegando a ubicarse en 3,86% en marzo de 2020, registrando un alza de 0,24 y 0,14 puntos con respecto a enero y febrero de 2020, respectivamente; posteriormente y ya entradas las medidas de prevención en virtud de la pandemia, esta tendencia empezó a revertirse y la inflación se ubicó en 2,19% en junio de 2020.

Debemos de destacar que adicional al incipiente aumento del crecimiento económico, uno de los principales factores que incidieron en la inflación durante el primer trimestre de 2020 se dio principalmente al comportamiento de la inflación de alimentos y al aumento de algunas categorías propias de la estacionalidad de cada mes, como el caso de la educación en febrero.

Para el mes junio de 2020 los indicadores de precios continuaron con su tendencia a la baja, alcanzando una cifra anual de 2,19% y una inflación mensual de -0,38% (Gráfico 6). En este mes, solo dos sectores de gasto presentaron variaciones positivas (salud y bebidas alcohólicas y tabaco), mientras que nueve de los dice sectores evaluados registraron índices en negativo, el rubro que más contribuyó a la inflación mensual a la baja de junio fue alojamiento y servicios públicos, presentando una contribución mensual negativa de 17 puntos básicos.  Para la muestra un botón: cuando usted querido amigo, sale a la calle fácilmente puede apreciar a los comerciantes, restauranteros y demás oferentes de servicios, anunciando descuentos, saldos y todo tipo de rebaja a fin de poder dar salida sus inventarios e intentar cubrir los gastos fijos en un intento desesperado por sobrevivir.

Como anota Luis Fernando Mejía de Fedesarrollo, se resumir que la dinámica de los precios tiene dos etapas: pre COVID-19 y COVID-19. El primer trimestre la fase pre COVID-19, en donde el aumento de la inflación durante los primeros meses del respondió a un incipiente dinamismo en el crecimiento económico y en la dinámica propia de cada mes, con la excepción del fuerte repunte del mes de marzo donde la inflación alcanzó un 3,86%, donde el país empezó a sentir las primeras envestidas de la pandemia y sus consecuenciales efectos económicos. Posteriormente, en el segundo trimestre del año, ya con un impacto total en la economía del COVID-19, la inflación experimenta una desaceleración hasta llegar a una inflación anual de 2,19% en junio. Derivado de la baja demanda local, producto de la desaceleración económica y las medidas de confinamiento, sino también a una serie de medidas adoptadas por el Gobierno Nacional con el fin de hacer más accesibles los bienes y servicios esenciales para la población en el marco de la crisis.

Si por el lado de la demanda las cifras son calamitosas, por el lado de la actividad productiva y la oferta el panorama no es tampoco alentador, el índice de producción industrial (IPI) el mes de abril registró una caída anual de -29,6%, resultado que implica una reducción de 29,7 puntos porcentuales frente al mismo mes del año anterior, el volumen actual de pedidos de la industria para el mes mayo de registró un balance de -49,8%, lo que representa una disminución de 37,6 pps frente al mismo mes 2019, y a capacidad instalada el indicador de suficiencia en mayo presento un incremento de 11,1 pps frente al mismo mes de 2019, indicando una menor utilización de dicha capacidad. En pocas palabras, el aparato productivo no está trabajando en todo su potencial; lo cual conducirá a factores deflacionarios. Los ciudadanos de a pie, nos podemos dar cuenta lo indican los números, con un simple vistazo a los comercios cerrados, fabricas a media máquina, cierre de restaurantes, mercancía que no rota, instituciones educativas desoladas, aeropuertos sin operar, transportes a medio llenar, así como oficinas y locales comerciales   vacíos ofrecidos en arriendo.

Frente a esta difícil coyuntura que afecta a gran parte de la población colombiana, se requiere que en el país se discutan reformas económicas de calado tales como: una política por parte de Banco de la República de bajas tasas de interés que estimule el consumo, contratación formal por hora, eliminación de regímenes especiales de pensión, supresión de tramites inanes, rebaja de impuestos y medidas encaminadas a una mayor apertura de la economía nacional.

Para finalizar, la tan anhelada recuperación en V de la economía colombiana parecer ser cada día más distante, existe un consenso entre los analistas de calificadoras de riesgos y organismos multilaterales que esta reactivación podría tardar años, en virtud de las limitaciones fiscales que presenta Colombia; aunado a una economía cerrada y con alta rigidez regulatoria, por lo cual se necesita mucha audacia en materia de reformas económicas a fin de lograr pronto una mejora del aparato económico y el empleo.