Por Duvan Muñoz 

Somos una sociedad que a lo largo de su fortuita historia ha desarrollado sus puntos más débiles, así mismo, como los más fuertes. Siempre nos hemos destacado por apoyar ideologías, tópicos, y posturas políticas que apuestan a un cambio significativo para nuestras vidas. Estos axiomas, como todo punto de la cosmovisión de mundo, generan efectos impactantes, y que los ignorantes y pocos estudios tratan de destruir con falacias, como la Ad Hominen, Ad Baculum o Ad Populum, solo por mencionar las que con frecuencia son utilizadas.

Ha sido valioso para nuestro trascender tener líderes virtuosos, con pensamientos liberales, sin yugos de raza, sexo o conocimiento dogmatico. Voces con fuerza para no dejarse doblegar ante oligarquías, despotismos ilustrados, o como lo expusieron los Griegos, personas sin Politike, sin el arte de gobernar, un arte con gracia, carisma, imaginación y con estudios validos, justos y eficaces. ¿Tenemos en Colombia personas con la descripción correcta, antes mencionada, o solo se han hecho pasar por viles y rastreros?

Colombia ha sido golpeada en múltiples ocasiones por el Narcotráfico, el Conflicto Armando Interno, la Ineficacia de su ordenamiento jurídico. Generando injusticias por agentes que trasgreden la constitución y las leyes, en atribución de la Rama Ejecutiva del Poder Público, por el abandono y no reparación de víctimas y la ya inescrupulosa e indignante corrupción. He ahí que hemos necesitado de esos Líderes, con todas las atribuciones correctamente mencionadas, y sí, si los tenemos. Entonces, ¿Ellos qué reciben de parte del Estado Colombiano, como los menciona Bordeau, en su Tratado de Ciencias Políticas, los que ejercen un poder político individualizado?

Gustavo Petro, ser que ha entregado su vida y obra al servicio y progreso de la comunidad y el País. Colombiano, que ha luchado incansablemente desde los 16 años de edad, por la equidad, la fraternidad y libertad, utilizado todo el campo académico para discutir – y que el tiempo y las situaciones más adversas le dan la razón- y respaldar opciones necesarias y obligatorias para optimizar la calidad de vida de los nacionales. Tal como lo señaló nuestro libertador Simón Bolívar, “Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”, siendo objeto de calumnias, mal versaciones administrativas publicas y adquisición del respaldo de los sectores más vulnerables y oprimidos de nuestra sociedad.

Gustavo Petro, se ha unido tristemente a  Rene Preval, Luiz Inácio, Lula da Silva, La ex presidenta argentina Cristina Fernández, Dilma Rousseff, Fernando Lugo o el fallecido Hugo Chávez o en medio de la incertidumbre de motivos por apartarse del poder, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, el amplio grupo de líderes latinoamericanos receptores de cáncer.

Un mal que no mide distancias, clases sociales, ni estirpe de personas y que sus efectos emocionales más comunes son la ansiedad y la angustia, a juicio, y por regla general, serán sensaciones adquiridas por Gustavo Petro. Pero la verdadera necesidad de motivarle a que no se preocupe al sentir esos efectos de ansiedad o angustia más bien que sean un empuje y los sienta porque sus proyectos para nuestro país no pueden, ni serán obstaculizados, están presentes y en línea lógica de adaptabilidad por personas que lo han tomado como ejemplo por excelencia. Que adquiera la ansiedad con fuerza, para que supere la fuerza del cáncer, una fuerza de seguir luchando.

Luchar en contra de los opresores, optimizando y motivando las capacidades de los colombianos. Luchar por el país que todos anhelamos con justicia, equidad y paz social. En definitiva, luchar por el ser, conocer y hacer.

También que sienta  angustia porque aunque desconozca el peligro latente, conoce plenamente muy bien los peligros y agresiones a los que los colombianos nos enfrentamos diariamente y esta lo propicia a no desfallecer y ser nuestra potente y única voz.