Andrés Felipe Acevedo Guardo –Pipe, por cariño– es un niño autista de 12 años del barrio España que, desde hace seis meses, ocupa su cocina para ofrecer su talento gastronómico en su emprendimiento ‘diferente’ llamado “Pipe, un amor hecho antojo”.

Es un emprendimiento diferente porque resalta el valor agregado de la personalidad única que la población con autismo tiene para ofrecer.

En “Pipe, un amor hecho antojo” se destaca lo bonito de lo no convencional desde los símbolos que representan las cualidades del autismo, hasta otros elementos incorporados como las paletas cilíndrica con las que Andrés quiere dar su mensaje.

Estas paletas tienen dicha forma porque Pipe quería tener entre sus productos algo que fuera como él, diferente.
Al ver que todas las paletas tenían una misma forma semirectangular, decidió darles una forma cilíndrica a las suyas para que portaran un toque único y facilitarán el plus de incluir un vaso que ayuda a no ensuciar a los clientes mientras se deleitan.

Como bien subraya su mamá, “la marca de Pipe es ser diferente” y es lo que hace de este emprendimiento uno especial, genuino y digno de admirar.

 

Pipe siempre ha sido inquieto

Desde los dos años –cuando Pipe fue diagnosticado–, sus papás se han apoyado en diversas actividades y terapias para facilitarle una buena calidad de vida y desarrollar mejor sus habilidades motrices, mentales y emocionales.

Los padres ven en estos quehaceres, además de una vía para hacer productivo su ocio, un medio para llenar su carácter con el amor, aceptación y la mayor comprensión que las personas a su alrededor tienen para ofrecer.

Pipe asiste a natación los martes y jueves; va a terapia los lunes, miércoles y viernes; practica Surf en las playas de Bocagrande los domingos; y dedica los viernes y sábados a trabajar su emprendimiento culinario.

 

¿Cómo Pipe llegó a hacer de su amor un antojo?

Pipe comenzó a cocinar por mera curiosidad.
Le fue cogiendo el gusto hasta hacerlo un «hobby», su familia veía en el cocinar una actividad terapéutica más y por eso la estimularon.
Pero luego de un tiempo, sus papas –Ariel Acevedo y Karen Guardo– notaron lo mucho que esto le podía ofrecer y optaron por llevarlo a otro nivel.

Decidieron comenzar a ofrecer los productos de Pipe a sus conocidos hasta hacer de esta ‘actividad terapéutica’, en solo seis meses, un verdadero emprendimiento para el niño de 12 años, los papás y dos tías que también están involucradas.

Hoy, los productos de Pipe se ofrecen en “FoodPark”, un negocio cerca de su casa que le abrió las puertas para mostrar sus paletas cilíndricas, galletas, parfait y demás alimentos orgánicos.

Pipe es un niño con una vida normal.
Estudia en un colegio típico, con niños típicos y hace muchas actividades típicas.
Sin embargo, nunca deja de lado su ‘ser diferente’ para darle ese brillo único que lo destaca en todo lo que hace y que utiliza como motor para hacer de “Pipe, un amor hecho antojo” un éxito y un mensaje que estimule el progreso de una comunidad que necesita ser más tenida en cuenta, apreciada y apoyada.

 

 

 

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