Por Sandra Lascarro 

Como ciudadanos no estamos haciendo la tarea. Así de simple. Nosotros somos el resultado de un gobierno perpetuo que nos ha educado de cierta manera. Nos educaron padres que fueron educados por los gobiernos de su momento; nos educaron colegios que se rigen bajo los lineamientos de una Secretaría y un Ministerio de Educación, que hacen parte del gobierno. ¿Cómo vamos a escaparnos de nuestra responsabilidad? No solo no podemos, sino que, hasta ahora, mayoritariamente hemos dejado que otros gobiernen.  A esos, a los que les gusta la política. Unos deciden pagar impuestos, presumiendo que se los roban; otros los evaden por egoísmo o por evitar que se los roben y al final, otros asumen la responsabilidad de gobernar.

¿Qué hacemos? Solo queda un camino: aprender a ser ciudadanos responsables para tener buenos gobiernos,  aprender a gobernar para ser gobernados. Bien decía Aristóteles que “el hombre es social por naturaleza y la sociedad empieza en la familia”. En estos tiempos de integración de familia,  hemos aprendido a valorar las reglas de convivencia del hogar, sabemos que si las incumplimos, generamos incomodidades y discusiones. Igualmente, ahora, que empezamos a salir con co-responsabilidad, sabemos que tenemos acuerdos explícitos e implícitos adicionales que cumplir por nuestra salud y convivencia. El tema es, que en la antigua Grecia, el ciudadano no solo votaba y elegía a sus representantes, el ciudadano gobernaba, no permanentemente, pero si en el momento en que lo decidía, porque le daban importancia a la libertad social sobre su propia libertad. Como cuando decidimos ser parte del consejo de nuestro edificio o de nuestra comunidad. Estamos siendo responsables de una sociedad siendo ejemplo de co-responsabilidad.

Hoy en día preferimos tener tiempo disponible para nosotros, para nuestra individualidad y por eso votamos por otros para que nos gobiernen. Estos otros, llegan a defender su interés individual sobre el interés social. De nuevo con Aristóteles: “El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”. Me pregunto ¿realmente somos iguales ante la ley? ¿Somos igual de responsables ante nuestras responsabilidades como ciudadanos? Es importante recordar que así como tenemos derechos, hay deberes que ejemplificar.

Mi invitación viene con tres sencillas, y al tiempo, poderosas tareas para diseñar y construir #LaCartagenaDelFuturo y #ElCaribeDelFuturo

  1. Informarnos respecto a los problemas de nuestras comunidades y sobre todo “verificar” la información en la que nos basamos antes de opinar. Reenviar todo lo que recibimos en un celular o en un correo electrónico sin verificar, en lugar de ayudar, podría ser perjudicial. Nuestra opinión debe basarse en datos reales y ser constructivos de manera responsable como ejemplo de validación ante la continua avalancha de desinformación en internet.
  2. Respetemos a nuestras familias y a nuestros vecinos. Se trata de ponernos en el lugar del otro, respetar y entender las opiniones y conceptos diferentes a los nuestros desde la perspectiva del otro; en términos simples, “evitar hacer lo que no te gustaría que te hicieran a ti”; de esta manera le damos ese mismo ejemplo a nuestros hijos. Se llama “sana convivencia”, lo cual, inevitablemente lleva a la edificación de “sanas comunidades”.
  3. Cuidemos el entorno. “Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa”, decían algunos. Parqueamos donde corresponde, no en la mitad de la calle; reciclamos y participamos de la economía circular; cuidamos la naturaleza porque ella es parte de nosotros; nos hacemos responsables del entorno para darle ejemplo a las nuevas generaciones, inclusive, a veces ellos nos enseñan a nosotros; piénsalo de la siguiente manera: si el entorno donde estamos inmersos evoluciona, evolucionamos todos como ciudadanos.

Tal vez de eso se trate levantar a Cartagena como una Smartcity. En que comprendamos que hay muchas cosas que hacer para mejorar, pero sobretodo, que aprendamos a “ser ejemplares” porque quizás siempre hay alguien aprendiendo de nuestro ejemplo.