Desde el barrio Albornoz, la historia de Kelly Johana Carrillo Caicedo se ha convertido en un ejemplo de cómo el acompañamiento social y la formación integral pueden transformar vidas y multiplicar liderazgos en las comunidades. Forjada desde sus primeros pasos en el programa Saberes de la Fundación Puerto de Cartagena, Kelly hoy es una de las líderes más visibles de la Red Protectora de Familia, un espacio que promueve entornos protectores y fortalece el tejido social en el área de influencia del puerto.
Su proceso inició a los 26 años, sin haber culminado el bachillerato, cuando decidió vincularse a los espacios formativos de la Fundación. A través del acompañamiento psicosocial y el desarrollo de habilidades socioemocionales, fortaleció su confianza, descubrió su capacidad de liderazgo y encontró nuevas rutas para su proyecto de vida. Hoy, además de ser madre de tres hijos, cursa formación en Inspección y Control de Calidad en el SENA, demostrando que siempre es posible seguir creciendo.
La historia de Kelly también es la historia de su familia. Sus hijos hacen parte de los programas Ecoguardianes, Saberes y la Escuela de Fútbol Transformador, donde han aprendido valores como el cuidado del medio ambiente, la disciplina y el trabajo en equipo. Ese aprendizaje, asegura, ha sido compartido dentro de su hogar y replicado en su comunidad, reafirmando el impacto intergeneracional de los procesos de la Fundación.
La Red Protectora de Familia surge como uno de los pilares del programa de Familia de la Fundación Puerto de Cartagena. A través de espacios como la Escuela de Familias y la identificación de liderazgos naturales en los barrios, la estrategia busca empoderar a madres, padres y cuidadores como garantes de derechos, brindándoles herramientas para la crianza positiva, la prevención de riesgos y la construcción de entornos protectores para niños, niñas y jóvenes.
Actualmente, la Red está conformada por cerca de 18 líderes comunitarios de sectores como Ceballos, Albornoz, Zapatero, Santa Clara, Nuevo Oriente y San Isidro Bajo. En ellos, historias como la de Kelly reflejan el propósito que ha guiado durante 20 años la labor social de la Fundación: acompañar a las familias, fortalecer la confianza comunitaria y transformar vidas desde el hogar hacia la comunidad.











