Cuando te presentan a Iván Cepeda, notas inmediatamente que estas frente a una persona buena, sencilla, aplomada y meticulosa.
Un filósofo, que cual monje tibetano se ha preocupado por mantener una conducta intachable, basada en la disciplina y la perseverancia, para lograr la sabiduría que hemos percibido en cada una de sus intervenciones en el Congreso de la República, en sus discursos y planteamientos en la carrera por la Presidencia y, de manera especial, en sus actuaciones como defensor de derechos humanos, y buscador incansable de la paz de Colombia.
Iván es un hombre dueño de sí mismo, comprometido con el pueblo colombiano, libre de malos hábitos y en armonía con la naturaleza, que ha declarado infinitas veces creer en la verdad y en la justicia.
Nada que ver con el sibarita desafinado y desajustado, que intenta rugir como tigre y exhala un triste maullido de minino desconsolado.
Los colombianos vemos en Iván al super héroe, cuyo talismán es la honradez, la honestidad y la pulcritud en el manejo del Estado, que viene a proteger nuestra doncella, la patria colombiana, de villanos inescrupulosos que han hecho de la corrupción su credo, y que durante muchísimos años nos han llenado de terror, violencia, injusticia, desesperanza y muerte.
Al igual que Carolina Corcho, una mujer a la que el destino le tiene reservada la silla presidencial, Iván Cepeda es prenda de garantía no solo de la continuidad del Cambio, por el que millones de colombianos apoyamos al presidente Petro, sino de la profundización del mismo.
Lo primero que se lee en la propuesta política que Iván nos presenta, es una invitación a que juntos cambiemos la forma de hacer política.
Son tres grandes revoluciones las que nos propone Iván, para avanzar en el propósito superior de lograr que Colombia se convierta en una potencia mundial de la vida, pasando de la palabra a la acción y haciendo uso del poder de la verdad:
1. La revolución ética, una revolución de conciencia, que comience en lo más profundo de cada ciudadano y lo lleve a rebelarse contra la gran corrupción, al tiempo que los libere de la indiferencia ante el dolor ajeno, que rompa con el desprecio por la vida digna y nos devuelva la capacidad de imaginar y construir un país justo, solidario y en paz.
2. La revolución económica y social, que nos lleve a una política de igualdad sustantiva y de superación de la pobreza en todo el territorio nacional, al tiempo que materialice la revolución agraria que el país añora, la política exterior de paz junto con el progreso, desarrollo y bienestar de la gente en los territorios, a partir de los Pactos territoriales.
3. La revolución política y democrática, referida a materializar el poder constituyente y la movilidad social, para transformar las instituciones a partir de un gran Acuerdo nacional.
Este es en resumen de la propuesta de gobierno de un hombre que ha invertido su tiempo en mesas de paz, como facilitador, mediador e inclusive como negociador.
Iván es un hombre jugado por la paz del país a partir de acuerdos, sin importarle la distancia entre las partes, convencido que la paz es el camino y el dialogo la herramienta.
Colombianos, creo fervientemente que con Iván muchos de los males del país se van.











