Por Duvan Felipe Muñoz

Estudiante de Derecho

Son trágicas las noticias e imágenes de los últimos días, tal vez algunos plantearon que la violencia no se combate con violencia, pero se puede establecer que es el único medio para hacer temblar la injusticia y que se le garanticen los derechos inalienables e inherentes a todos los ciudadanos.

Un pueblo ahogado en la violencia, un país que lidera cifras récord por día en masacres perpetradas contra sus gentes, y un gobierno enmarcado en la diplomacia y respaldando a toda costa sus interés, es el resultado del levantamiento del pueblo utilizando cualquier medio que le parezca prudente.

Violencia

Como lo señala Ives Michaud (1989, p. 48), el hecho de que en la actualidad hayan desaparecido viejas estructuras y modos de violencia, pero que a su vez hayan surgido otras nuevas que las hacen visibles, ocultan, evalúan, rechazan y/o legitiman, tiene que ver entonces con el carácter cambiante del fenómeno y con las formas del intercambio, asociadas al contrato social moderno.

Cuando hablamos de estos temas (la violencia), siempre producimos un discurso organicista y formalizante, que frecuentemente solo admite estar en contra o a favor, refutando cualquier actitud que cuestione la naturaleza del fenómeno en sus líneas más generales, como lo enseña la postura comparativa de los estudios sociales […] O sea, el primer paso para estudiar fenómenos como la violencia, la sexualidad, el tabú o el pecado es vencer las resistencias de una moralidad cuyo objetivo es impedir que se hable de esos asuntos sin tomar partido (Damata, 1993, Cfr. Bonilla & Tamayo, 2007, p. 19).

El desahogo

Las revoluciones son acontecimientos extraordinarios que miran al futuro. Son experiencias emocionales, tanto cuando se convierten en realidades triunfantes como cuando se quedan en fracasos. Pero incluso cuando tienen éxito, las revoluciones alternan euforia y depresión, son entusiasmo arrebatador, antes y durante, y habitualmente melancolía y decepción deprimente, después. Tras las revoluciones, los soñadores aterrizan de nuevo en la tierra.

Un fragmento digno de admirar, iluminado por von Randow, he aquí todas esas pasiones encontradas, que son traducidas en violencia.

¡El pueblo unido, jamás será vencido!, exclaman los manifestantes el 09 de septiembre de 2020 en las calles de Bogotá, a las 10:56 pm. Ha de asegurarse que se eriza la piel por el fervor de sus palabras, pero con lágrimas a punto de salir y ver que sólo el pueblo salva al pueblo.

Esperemos colombianos, que estas constantes luchas garantistas, no se conviertan sólo parte de un discurso, y sea un hilo conductor para que podamos vivir en una sociedad donde la bandera sea un faro de luz, y la justicia, el respeto por la dignidad humana y la vida sean de una vez por todas respetados y se conviertan en pilar de progreso.

Cuando el gobierno (y las instituciones a su cargo) viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado indispensable de los deberes”(M. Robespierre).