Karen Guardo B

Eran aproximadamente las 8:30 pm de aquel miércoles, sentado sobre un sofá, con una agradable compañía, un vino y un plato servido para picar, para alguno seria el plan ideal, pero para quien tiene la loca de la casa desordenada, no era sino una noche, donde aprendería a sintonizar la mente, la razón, el corazón y la vida en la misma dirección; pues por aquellas cosas del destino, ese miércoles aprendería que vivir es más fácil de lo que consideramos, solo basta entender nuestro propósito, valorar lo que tenemos que no es posible comprar con dinero, es ver más allá de lo visible para nuestra vista, es ver con los ojos del corazón, entendiendo que el tiempo es solo una variante mental, para medir cronológicamente nuestros sucesos, pero no una limitante para reinventarnos, vivir nuestro propio proceso y dar paso a lo verdaderamente valioso.

Estar ese miércoles sentado en ese sofá y saber que las manecillas de su reloj, giraban en el sentido contrario a ver salir el sol, le motivo a entender que habían transcurridos aproximadamente 33 años y se acercaba ese momento de entregar su balance final, al niño que dejo perder en su afán de crecer y aun tenia cuentas pendientes por chulear, cuentas con su propio yo, que habían quedado en modo espera, pero que su reloj le decía: “se te agota el tiempo, estas a solo 35 amaneceres de volver a nacer, que vas hacer?”

 

pregunta, que sin duda alguna responderla te restaría risas y sacaría subtítulos a tu vista, pero que en fin es solo echar una vista atrás y levantarte prender la cafetera disfrutar un buen café, dejarte atender, respirar, llegar por ese libro que hizo falta leer y entender, besar a la mujer de la sonrisa más linda, reparar relaciones, mirar ese mapa y escoger esos lugares a visitar, disfrutar de ese mar, de nuevos paisajes, amar sin depender, retirarse y soltar de la mano personas y situaciones que no tienen espacio en esa mochila, entender que llegaste a servir, renunciar sin temor de iniciar de cero ese sueño puesto en el corazón, agradecer por ese libro, ese café, ese vino, ese consejo y ese tiempo, vivir el hoy sin apegos, con ilusión y esperar en el tiempo …. La puesta del sol donde se deba decir adiós… y encarar a ese niño con orgullo de haber cumplido con lo prometido, partiendo a un lugar donde ambos entenderán que valió la pena cada segundo, cada esfuerzo y que al final, no era tan complejo, era solo cuestión de actuar y de tiempo. ¿Tú que lees este fragmento que colocarías en tu lista de preparación al encuentro con tu niño interno? Déjame decirte se te agota el tiempo.