El cantante colombiano Ryan Castro protagonizó una de las noches más importantes de su carrera artística el sábado 31 de octubre de 2026, al presentar su espectáculo Awooween en el estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá. La celebración, que coincidió con Halloween, reunió a más de 30.000 asistentes y convirtió el escenario deportivo en una fiesta musical marcada por disfraces, efectos visuales, canciones urbanas y artistas invitados. El concierto tuvo una duración aproximada de cuatro horas, comenzó a las 8:30 de la noche y finalizó alrededor de las 12:30 de la madrugada. La jornada representó un nuevo paso en la trayectoria del artista antioqueño, quien logró presentar su espectáculo en uno de los escenarios más importantes de Colombia.
El montaje incluyó una tarima de formato 360 grados, diseñada para permitir que el público disfrutara la presentación desde diferentes puntos del estadio. La iluminación, los recursos audiovisuales y la temática de Halloween hicieron parte de una propuesta que combinó entretenimiento musical con una puesta en escena de gran formato. Los asistentes llegaron utilizando diferentes disfraces y participaron en una celebración que se extendió durante buena parte de la noche. Para Ryan Castro, conocido como el Cantante del Ghetto, la presentación tuvo un significado especial al tratarse de su primer concierto como artista principal en El Campín, un escenario que durante años ha recibido a importantes figuras de la música nacional e internacional.
Los invitados que se robaron las miradas
El espectáculo reunió artistas de diferentes géneros y generaciones. Entre quienes acompañaron a Ryan Castro estuvieron Farruko, Ñejo, Tito el Bambino, Reik, Hamilton, Maisak, Aria Vega, Jorge Celedón, Jhonny Rivera y Koddy G. La presencia de figuras tradicionales del reguetón permitió recordar canciones que marcaron diferentes etapas de la música urbana, mientras que otros invitados aportaron sonidos del pop, el vallenato y la música popular colombiana. Uno de los momentos más comentados fue la participación del grupo mexicano Reik, que interpretó canciones románticas ante una multitud que había llegado principalmente para disfrutar de ritmos urbanos.
El vallenato también tuvo un espacio especial con la participación de Jorge Celedón, quien interpretó canciones como «Cuatro rosas» y «Qué bonita es esta vida». Por su parte, Jhonny Rivera llevó la música popular colombiana al escenario, mientras que Farruko recordó éxitos como «Pepas» y otros temas reconocidos por sus seguidores. Tito el Bambino y Ñejo también contribuyeron a conectar diferentes generaciones del reguetón. Esta combinación permitió que el concierto ofreciera una experiencia musical variada y demostrara que los grandes espectáculos urbanos pueden incorporar géneros tradicionales que mantienen una fuerte conexión con el público colombiano.
Una noche que refleja el crecimiento de la música urbana colombiana
Otro de los momentos que llamó la atención fue la aparición de Aria Vega, quien aprovechó la temática de Halloween para presentarse con un disfraz inspirado en Feid. Durante los días previos al concierto habían circulado rumores sobre la posible participación de artistas como J Balvin, Feid y Maluma, pero la nómina final sorprendió por incluir intérpretes de diferentes estilos. Ryan Castro también presentó un repertorio amplio, integrado por canciones que han acompañado su crecimiento musical. La diversidad de invitados terminó convirtiéndose en uno de los principales atractivos de una presentación que generó conversación entre sus seguidores y aficionados al entretenimiento.
El concierto representa un momento importante para la carrera del artista, quien ha fortalecido su presencia en la industria musical mediante colaboraciones, giras y presentaciones en escenarios nacionales e internacionales. Su capacidad de convocar a miles de personas en El Campín evidencia el crecimiento de la música urbana colombiana y la relevancia que han adquirido sus exponentes dentro del mercado del entretenimiento. Además, espectáculos de esta magnitud movilizan equipos de producción, músicos, bailarines, técnicos y personal logístico, lo que refleja la dimensión económica de la industria. Awooween terminó consolidándose como una celebración de Halloween que reunió espectáculo, nostalgia musical y una muestra de la diversidad artística colombiana.











