Por Sebastián Aristizábal Pérez

Para quienes hemos podido hacer con disciplina la cuarentena estricta todos los días parecen iguales, estar lejos de las personas que queremos y recordar con nostalgia la vida social, así fuera para quedar mal con los amigos, empieza a ser una situación tan difícil como enfrentarnos a la ‘nueva normalidad’ término que se ha convertido ya una amenaza casi extorsiva.

Quienes se niegan a adaptarse y dejar de lado la posibilidad de ir a fiestas, paseos, reuniones y asados en medio de la pandemia, se han convertido en focos de contagio irresponsables y en ejemplos de la antipatía que impera en muchos sectores de la sociedad, sin importar el estrato o la educación, además porque el problema no es la falta de información, es la falta de conciencia y de razón.

Distintos casos han sido reseñados por los medios de comunicación, algunos que parecen tragicomedias como el caso del encuentro sexual de 7 personas en un tradicional hotel en la ciudad de Cali o la celebración de la jefe de la Oficina de Control Disciplinario de Villavicencio, quien junto a la directora del Instituto de Turismo y a una asistente del despacho del alcalde de esta ciudad, fueron encontradas de rumba en la casa del dueño de la conocida discoteca Los Capachos; estas dos veces las redes sociales les jugaron una mala pasada.

Los influenciadores también han tenido un papel vergonzante al saltarse las normas y participar en fiestas y actividades restringidas como los casos de Yina Calderón recordada por su papelón en ‘Protagonistas de Novela’, Luisa Fernanda W que a pesar de estar embarazada hizo un asado con varios invitados, y, recientemente, ‘El Descorche’, un grupo de más de 10 jóvenes bumangueses que hicieron un paseo de río. A estos también se le suman algunas figuras de las redes que, por más absurdo que suene, han fomentado y participado en los llamados Covid Challenges.

Para la mitad de junio, cuando pasaban las 70.000 personas infectadas en Colombia, se reportaron alrededor de 2.300 fiestas intervenidas, 40 bares clausurados y 260 personas capturadas.  En el puente de agosto, la ciudad de Cali registró fiestas con más de 500 personas y velaciones con más de 150. En Cartagena, en los últimos días se dio un parte de 917 comparendos por irrespetar la cuarentena. Así como estas, hay más cifras alarmantes, tristes y que llenan de impotencia a quienes deseamos que frene el contagio y podamos volver a abrazar a los nuestros, pero para hacerlo real necesitamos empatía, algo tan escaso en estos días.

Aunque la OMS reconoció en julio que Colombia ha sabido afrontar la pandemia, los retos son enormes, el desgaste de un aislamiento de 160 días (el más extenso a nivel mundial) y la gran cantidad de excepciones de la cuarentena, han hecho que las calles estén de nuevo a tope y que sea incontenible para las autoridades atajar la ilegalidad y proliferación de fiestas clandestinas.

Como ciudadanos debemos ser solidarios y pensar en los demás, esto es posible quedándonos en casa, saliendo solo si es necesario y denunciando cualquier irregularidad ante las autoridades mediante canales como la línea 123. Dicen que la pandemia es una oportunidad de reinventarse, pues bien, es momento de aportar “reinventando” el papel de los aguafiestas.