Los padres comieron las uvas agrias y los hijos sufren la dentera”, Profeta Jeremías.

Por Alvaro Morales de León

Habilidosamente los políticos de nuestro tiempo enfatizan en que de acuerdo al orden jurídico colombiano no existen los delitos de sangre, esos sobre los que nunca procederá el heredarlos, y eso es verdad y correcto; pero lo que no es cierto ni correcto es que piensen que nos engañan tratando de hacernos creer que los votos y la maquinaria con los que aspira y se elige el heredero o familiar no condenado, no sean los mismos votos delictuosos que tienen “amarrados” sus parientes condenados, sancionados o vetados para participar en política a nombre propio.

En Colombia los delitos están enmarcados en la clasificación de dolosos, culposos o preterintencionales; siendo los dolosos aquellos en los que el autor es consciente de la violación del Código Penal con el cual afecta directamente a su víctima o a terceros; los culposos son aquellos que se cometen de forma accidental; y los preterintencionales, los que afectan a otras personas no previstas por el autor.

Entre los delitos más cotidianos y relacionados con los elegidos popularmente para cargos unipersonales, como alcaldes, gobernadores y presidente, o para Corporaciones Públicas, como congresistas, diputados, concejales y ediles, podemos mencionar el peculado, la concusión, el cohecho, el prevaricato, el concierto para delinquir; sin dejar de mencionar el narcotráfico, el porte ilegal de armas, el homicidio, el constreñimiento ilegal y la conformación o apoyo a grupos delincuenciales y a grupos alzados en armas, como el paramilitarismo.

Pero aparte del escenario penal, el relativo a los crímenes y delitos, también los servidores públicos de elección popular tienen que someterse al imperio de la jurisdicción fiscal en cabeza de las Contralorías, y a la disciplinaria, por parte de la Procuraduría, en lo nacional, o las Personerías, en lo local.

Así las cosas, si un servidor público de elección popular es condenado por causa penal, será borrado de la escena política de por vida, impidiéndosele tanta la participación en tal actividad, así como el ejercicio en cargos como en la contratación pública; y si ha incurrido en algún aspecto relacionado con lo fiscal, es decir, con dineros públicos; o ha rebasado el debido comportamiento disciplinario, será, no condenado, pero sí sancionado y hasta inhabilitado por determinado tiempo.

Entonces, si por causa de condena, sanción fiscal o disciplinaria un político sale de la escena política de manera definitiva o temporal, para él eso no constituye ningún problema ni obstáculo para seguir participando en tal actividad con proselitismo político, ya que mantendrá su vigencia, y hasta con más fuerza, arrogancia y hasta provocación haciéndolo a través de candidatos de su propio círculo familiar con los que desafía la ética, la moral y hasta al Estado buscando una curul que será ocupada por unos que en el verbo político son llamados “payasos” o “muñecos”.

Así se diga y sea cierto que en Colombia no hay delitos de sangre, es decir que los delitos no se heredan, y que ni los padres, ni los hijos, ni las esposas, hermanos, sobrinos, primos, etc, pueden responder por los delitos cometidos por un pariente o familiar condenado o sancionado, no deja de ser ciertísima la sentencia que el profeta Jeremías, de parte del Creador, le anunció al rebelde pueblo de Israel advirtiéndoles que “Los padres comieron las uvas agrias y los hijos sufren la dentera”.

Aunque los “muñecos” sean elegidos, como casi siempre ocurre, es de amplio conocimiento que el tal “payaso” logra la elección con votos amarrados y manchados que sí son heredados de parte del pariente condenado o sancionado, el cual es el verdadero dueño de la curul y credencial necesaria para la negociación de burocracia y contratación con el gobierno.

Finalmente, es verdad que en Colombia no se heredan los delitos ni las sanciones, pero en la política, los votos sí se heredan, como sigue ocurriendo con los condenados por parapolítica, por prevaricato, narcotráfico, cohecho, concusión y otros delitos más, y que siguen eligiendo a su parientes y familiares; y esto también fraude.