¿En tu niñez alguna vez comiste en la heladería Carrusel de La Castellana? Así es como ayudan a esta fundación

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Si alguna vez has visitado el Centro Comercial Paseo de La Castellana y disfrutado de un delicioso helado en la Heladería Carrusel, ¡felicitaciones! No solo has saboreado un rico postre, sino que también has contribuido a una noble causa que busca transformar la vida de los niños y familias de las faldas de La Popa, en Cartagena.

Desde hace 28 años, la Fundación Remanso de Amor trabaja incansablemente para mejorar la calidad de vida de los niños de la primera infancia, brindándoles educación formal, alimentación, asistencia de salud y apoyo psicológico. Además, la Fundación extiende programas complementarios a madres gestantes, madres lactantes, preadolescentes y padres de familia, quienes reciben apoyo con una escuela para padres y almuerzos sabatinos.

Un aspecto fundamental de la Fundación es su proyecto de la Heladería Carrusel, que tiene como objetivo financiar su labor social. El 100% de las ganancias obtenidas por la heladería se destinan a las actividades de la Fundación, ubicada en Canapote, y que, de lunes a sábado, ofrece un ambiente acogedor para las familias de la comunidad cartagenera. Así, al disfrutar de un helado, cada visitante contribuye a mejorar la vida de muchas personas.

Si deseas conocer más sobre el trabajo de la Fundación Remanso de Amor y el impacto que tiene en la población, puedes seguir su perfil en redes sociales @fundacionremanso. Además, si estás interesado en hacer una donación o un voluntariado, puedes comunicarte a los números 3205678848 o 3156292055. Recuerda que, como dijo Eduardo Galeano: “Gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”. Tu apoyo puede marcar la diferencia.

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Impacto del traslado del mercado público de Getsemaní y la transformación de la vida social en la década de los 70

En la Cartagena de la década de los 70, el barrio Getsemaní se destacaba por su vida recreativa y cultural, con prácticas sociales profundamente arraigadas en la comunidad. El mercado público, que servía como epicentro de la vida económica y social, jugó un papel fundamental en la cohesión del barrio, permitiendo a los residentes no solo abastecerse de alimentos, sino también fortalecer los lazos comunitarios a través de actividades recreativas y lúdicas. Uno de los juegos emblemáticos de esa época era ‘El Calao’, en el que los adultos, principalmente hombres, se perseguían lanzándose bolas hasta llegar a la casa del perseguido. Los niños, por su parte, disfrutaban de juegos como ‘Con China’, donde dos grupos se lanzaban piedras pequeñas llamadas ‘chinas’ mientras se escondían entre las murallas. Otro popular pasatiempo infantil era ‘La Ruleta’, un juego que consistía en apostar por el equipo ganador de un partido de bate tapita o fútbol. Estos espacios de sociabilidad no solo fomentaban la recreación, sino que también tenían un valor formativo, integrando a la cultura y el arte como elementos esenciales en la vida diaria del barrio. La estabilidad económica proporcionada por el mercado permitía que los habitantes participaran activamente en estos eventos, creando un sentido de comunidad fuerte y participativo. Sin embargo, la historia de Getsemaní cambió radicalmente con el traslado del mercado público al barrio Bazurto en 1978. Este hecho marcó el inicio de una etapa de deterioro social en Getsemaní, donde la inseguridad, la drogadicción y la prostitución comenzaron a ocupar el lugar que antes pertenecía a la recreación y la cultura. Lugares como El Pedregal y el Parque Centenario, que alguna vez fueron centros de encuentro y juego, se convirtieron en zonas peligrosas, afectando profundamente la vida cotidiana del barrio. El impacto del traslado no solo se sintió en el ámbito económico, sino también en las relaciones sociales y culturales de la comunidad. Las festividades tradicionales, como los cabildos y carnavales que celebraban la Independencia del 11 de noviembre, comenzaron a perder su esplendor, y las dinámicas de convivencia cambiaron drásticamente. Según Rosario Román, una residente conocida como ‘la matriarca de la Media Luna’, el traslado del mercado dejó un vacío en la comunidad. ‘Era el corazón del abastecimiento de Cartagena, y cuando se fue, no quedó prácticamente nada’, recordó. De igual manera, María Isabel, otra habitante del barrio, relató cómo la Calle de la Media Luna se transformó en una zona de tolerancia tras el traslado, lo que provocó la emigración de muchas familias adineradas y respetables que antes vivían en la zona. Por su parte, Ofelia Cochez Julio rememoró con nostalgia los días en que el mercado era un lugar seguro y controlado, donde las actividades ilícitas eran mínimas y la vida transcurría con tranquilidad. Con la llegada del Centro de Convenciones Julio César Turbay en 1982, comenzó un proceso de gentrificación que impulsó la transformación del barrio hacia una economía basada en el turismo. A pesar de los cambios, los recuerdos de una Getsemaní llena de vida, cultura y tradición siguen vivos en la memoria de sus antiguos residentes, quienes añoran una época en la que las puertas se dejaban abiertas y la seguridad era una constante.  El deterioro social y la posterior revitalización de Getsemaní son un testimonio del impacto que las decisiones urbanísticas pueden tener en la vida cotidiana de una comunidad, moldeando no solo su economía, sino también sus prácticas sociales y culturales. Fuente: Artículo. CAMBIOS EN LOS ESPACIOS DE SOCIABILIDAD EN EL BARRIO GETSEMANÍ TRAS EL TRASLADO DEL MERCADO PÚBLICO, 1973-1982.

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El Departamento Administrativo Distrital de Salud (DADIS) ha cerrado dos droguerías en Cartagena, luego de detectar graves irregularidades que ponían en riesgo la salud de los ciudadanos. Estos cierres se produjeron en los barrios Alcibia y El Carmelo tras recibir múltiples denuncias por parte de la comunidad. En Alcibia, la droguería operaba en un espacio insuficiente para este tipo de establecimientos y sin un sistema de climatización adecuado, lo que afectaba la conservación de los medicamentos. Además, el personal no estaba capacitado para la dispensación de productos farmacéuticos, lo que podría haber generado riesgos para los usuarios. La situación en El Carmelo fue aún más preocupante, ya que se hallaron medicamentos fraudulentos en su inventario. Estos productos ilegales fueron decomisados por el DADIS, sumando un total de 480 unidades que no cumplían con las normativas vigentes. Con estas acciones, el DADIS reafirmó su compromiso de proteger a la comunidad, garantizando que las droguerías cumplan con las condiciones de seguridad exigidas. Las autoridades también hicieron un llamado a seguir reportando cualquier irregularidad en el suministro de medicamentos.

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