Por Sebastián Aristizábal 

La eliminación del artículo 210 del proyecto que regula el Sistema General de Regalías no acaba con las técnicas de extracción en yacimientos no convencionales (YNC) como lo afirmaron los medios de comunicación y lo celebraron algunos activistas, simplemente porque el texto no se refería a autorizar una u otra forma de realizar explotación de los recursos no renovables. Lo que sucederá con la caída del ‘mico’ es que las empresas que realicen actividades como el fracking no tendrán el descuento del 40% en las regalías que planteaban y deberán entregar entonces el 100% de estos recursos a municipios y departamentos productores; de cualquier modo, esta decisión legislativa le demostró a las petroleras que la fracturación hidráulica no es bienvenida en Colombia.

Lo que sí es cierto es que el fracking entró en el Plan Nacional de Desarrollo y, a través de los Proyectos Piloto de Investigación Integral (PPII), se podrá determinar si son viables o no las prácticas para extracción de no convencionales, sin embargo, estos proyectos tienen riesgos como lo han dicho ya investigadores como el geólogo Andrés Ángel que explica que, de acuerdo con el decreto 328 de 2020, hay asuntos como la aptitud y la capacidad institucional que se evaluaría durante y no previo al inicio de los pilotos, en otras palabras, improvisar sobre la marcha; también denuncia que cualquier decisión del Comité Evaluador queda en manos del gobierno que tiene 4 representantes mientras que la sociedad civil a penas 1 con voz pero sin voto.

No es un secreto que la fractura hidráulica es una práctica que puede afectar gravemente los recursos naturales del país como el agua, los ecosistemas y la vida de las  personas que viven alrededor de las explotaciones, como sería el caso del Magdalena Medio, donde se realizarían las primeras pruebas; por esa razón, existen organizaciones como la Alianza Colombia Libre de Fracking e iniciativas como la presentada por más de 30 congresistas al comienzo de esta legislatura, donde, por medio de un proyecto de ley, se busca prohibir su desarrollo, pero, como en otras oportunidades, podría ser solo un tiro al aire.

Ahora, ¿Cuál es el interés de hacer fracking en Colombia? Limitarse a pensar en que se hace por la ambición de unos pocos y hacer el daño por hacerlo, resulta irracional si se tiene en cuenta que es una alternativa, de las pocas que quedan, para que Colombia no se convierta en un país importador, pues esto significaría una crisis económica, no solo por el hecho de dejar de recibir más de 30 billones de pesos al año, sino porque condena al país a quedarse sin autoabastecimiento de petróleo en 5 años y de gas en poco más de 10 años.

Además, esta técnica es una apuesta que parece no ser tan rentable, tal como lo determinó la Agencia Internacional de Energía y mucho menos con las consecuencias que la pandemia de Covid le traerá a la economía mundial, pese a esto, es necesario cuestionarse hasta dónde debe llegar el país para mantener las cosas tan estables como sea posible, y si arriesgar dinero y recursos naturales para asegurar el futuro, a todas luces incierto, vale la pena.

La solución a la encrucijada sería, por una parte, proteger el ambiente y los recursos naturales y al mismo tiempo diversificar la economía, pero desafortunadamente, ningún sector productivo está cerca de remplazar al de los hidrocarburos. De otra parte, la autoeficiencia energética se podría asumir con la transición hacia las energías limpias, tarea en la que Colombia va a paso de tortuga y apenas supera el 1% de la matriz energética generada con dichas fuentes no convencionales de energía renovable como la eólica, solar o geotérmica, a pesar de tener un gran potencial para su desarrollo en departamentos como la Guajira y el Valle del Cauca.

El debate debe continuar, pero siendo realistas, no reducir todo a ‘petróleo o agua’; el país la tiene difícil porque por donde se le mire es oscuro el panorama. Nos cogió la noche para darnos cuenta de que no puede haber futuro si dependemos de recursos no renovables, por eso, la decisión más difícil será escoger entre un país con serios problemas ambientales o un país con regiones más pobres.