Por Cristian José Torres Torres 

Abogado especialista en Derecho Penal; litigante, asesor y consultor.

La historial universal que nos enseña que han existido innumerables juicios a personas importantes en el mundo e inclusos héroes de una población, pero sin duda alguna para nosotros los creyentes e igual para los apáticos a la religión cristiana, después del juzgamiento que les realizaron a Adán y Eva y que culminó con el despido de la tierra de El Edén de estos, el más importante y significativo fue el que le realizaron a Jesucristo por parte de los gobernadores romanos de judea y cuya pena y castigo fue la crucifixión del primogénito del todo poderoso.

Es pertinente recordar cómo fue la denuncia, investigación, proceso y sentencia en contra de Jesús, y por eso es obligatorio traer a colación el libro sagrado, por ser “la fuente más confiable”, y especialmente el evangelio San Juan, de todas es este quien relató más al detalle el proceso de juzgamiento, y pues se asevera que fue él hasta lo último estuvo junto a quien en ese momento se consideraba procesado. Por ello a simple lecturas de dichas escrituras y haciendo la analogía con el ámbito judicial, se tiene que el juicio a Jesús fue totalmente ilegal y violentó todas y cada de las garantías que debe tener una persona procesada, propias de cualquier sistema penal legal y libre que se respete y conozca, por lo que se considera que fue una decisión (sentencia) populista y sin argumentos, sólo por buscar los aplausos de la gente.

Solo por mencionar algunos de los acontecimientos que nos llevan a conceptuar que el juicio a Jesús fue ilegal por falta de garantías, se tiene que desde su misma aprehensión fue sin mediar orden de autoridad y en el sigilo de una noche oscura, no se tuvieron hasta ese instante un mínimo de carga probatoria dieran argumentos para emitir alguna en su contra y sin embargo terminó capturado por los soldados; ejecutada o mal ejecutada la orden captura antes comentada el salvador fue expuesto a tratos inhumanos, ya que fue amarrado, como el peor de los delincuentes escupido en el rostro, golpeado, flagelado y sometido a toda clase de vejámenes y torturas físicas y síquicas, con esto es suficiente para demostrar que la ejecución fue ilegal y violentaba el derecho a un trato humano. Fue sometido a un interrogatorio ilegal y sin defensa de algún abogado, y que culminó bajo un fuerte constreñimiento claro está, a que se, quien lo constriñó para que se auto incriminara; en los instantes que pudo hablar el procesado, todas sus intervenciones terminaron en burlas por partes de sus juzgadores, lo que demuestra que nunca hubo imparcialidad por parte de estos.

Jesús nunca pudo ejercer el derecho defensa, básico en todo proceso penal, no le fue permitido presentar pruebas de descargo que pudieran rectificar que las acusaciones en su contra no tenía piso alguno, y que por el contrario nunca fue responsable de blasfemia; de igual forma el juicio que debía ser oral y público, nunca cumplió con estos requisitos pues se desarrolló a puerta cerrada en el ocaso del día y si en plena noche; fue tan veloz el tiempo entre acusación y sentencia que todo se practicó en tres días y con muchos testigos falsos.

Decidieron que su pena sería la crucifixión, castigo reservado para esclavos y criminales, más no para los delitos que le fueron imputados a él. Sin embargo, y quizás el mayor de los flagelos procesal fue que tal decisión no fue escogida por sus juzgadores, sino por un pueblo al cual pusieron a elegir entre homicida como Barrabas y un “Blasfemo”, y optaron por la opción que generaría fervor en las calles, pero que nunca fue legal.

Podemos ver que, señalando solo unos apartes del juicio de Jesús, se obtiene que múltiples fueron las garantías que le fueron conculcadas, pero lo más inverosímil es que conociendo todos dichos actos y que de simple lectura resultan aberrantes, en Colombia en ese entonces y hoy en día  todos esos actos no hubiesen sido diferentes, si Jesús hubiese sido investigado, procesado y juzgado y sometido a la decisión del pueblo, acá también por populismo resultaría condenado, incluso por delitos peores y crearían una historia con los discípulos para imputarles el Concierto Para Delinquir; como hoy en día se lo hacen a cualquier ciudadano, pues aquí basta con que un medio de comunicación o en unas redes sociales hablen de que alguien es presunto autor de un delito para condenarlo sin juicio previo, para reseñarlo de por vida como delincuente, para capturarlo y aplicar la famosa “paloterapia” y peor someterlo a un hacinamiento y a un proceso sin garantías, que cualquiera por salir de ese problema lo más rápido posible y aún siendo inocente, también se auto incrimina.

Por eso sostengo, que en Colombia Jesús también hubiese sido condenado.