Por Duvan Felipe Muñoz

Estudiante de Derecho

Nuestro país subsume en su historia una nueva ola de masacres, asesinatos selectivos, desplazamiento y lucha por los territorios. Colombia vive el ascenso de una nueva violencia, en gran medida, en las regiones más alejadas.

Una realidad nacional que desprende de nuestro hilo conductor prospectivo, una sociedad en paz y con justicia social. Un precio que ha de resarcirse por una lucha debilitada contra el narcotráfico y control territorial, en trabajo conjunto con agenda política interesada en el caos como ruta al poder.

La clave del ímpetu

En menos de una semana, Colombia vio masacrados a más de 20 niños y jóvenes, 2 niños fueron asesinados por paramilitares de camino al colegio, 5 niños fueron asesinados en un barrio marginado de Cali, 9 jóvenes fueron masacrados en Nariño. El mayor de ellos tenía apenas 25 años. La pequeña hija de un firmante del acuerdo de paz fue degollada por paramilitares.

Ya son más de 33 las masacres ocurridas en 2020, no obstante, restan 7 por documentar.  Según la ONU, en 2019 y 2019 fueron 29 y 36 respectivamente, ¡una cifra record!

En las últimas horas, antes de la publicación de esta columna, se conoció, que este domingo fueron asesinados tres jóvenes en el municipio de Venecia, en departamento de Antioquia según información de las autoridades locales. Este es la cuarta masacre ocurrida en las últimas 48 horas en el país y el séptimo en las últimas dos semanas.

El error

Se atribuye a Confucio, citado por G. Rivera, “cometer un error y no arreglarlo es otro error”. Frente a las masacres que se han incrementado, el primer error es atribuir sus causas a la firma del acuerdo de paz, el segundo error es no implementar integralmente el acuerdo de paz.

Este pacto social no solo fue alcanzado para darle al CIA (Conflicto Interno Armado), también lo fue para incorporar los beneficios del desarrollo a territorios abandonados históricamente por el Estado.  Esto último, no ha sido implementado y es fundamental para garantizar la VIDA.

¿Cómo el ciudadano debe recordar su papel?

La polarización, los shows mediáticos, y la soberbia, en tales casos desplazan los ríos de sangre que agobian nuestro país, no podemos centralizarnos en un animal político, siendo así, las cifras expuestas serán mínimas en relación a las que se esperan.

Solo el pueblo, salva al pueblo, advertía con fervor Morena Chiapas, tenemos la obligación de no redimirnos a la indignación. Nuestras acciones en todas las esferas, tienen efecto en la amplia nación que ocupamos, dependencia directa de nuestro ser a alimentar las acciones degradantes últimamente en mención.

Exigir la paz y manifestar paz, eliminar los mensajes de odio, manifestar nuestra solidaridad con las víctimas, no alimentar el hambre del caos y restablecimiento del poder, y promover el Estado Social de Derecho, nuestro papel.

“Creo que si uno vive en este país, tiene una tarea fundamental que es transformarlo”, Jaime Garzón.