Cada vez más personas utilizan esta palabra para describir formas diferentes de pensar, aprender y relacionarse. Sin embargo, especialistas advierten que su popularidad en redes sociales también puede generar confusiones sobre el autismo, el TDAH y otras condiciones.
Una palabra está ganando protagonismo en redes sociales, colegios, universidades y conversaciones sobre salud mental: neurodivergente. El término se utiliza para describir a personas cuyo funcionamiento cognitivo se aparta de los patrones considerados habituales, pero su creciente popularidad ha abierto un debate entre investigadores, profesionales de la salud y familias.
Lo que comenzó como una propuesta para reducir el estigma asociado al autismo se ha convertido en una categoría amplia que, dependiendo de quién la utilice, puede incluir desde el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) hasta la dislexia, el síndrome de Tourette y otras condiciones.
Un análisis publicado por el diario español El País el 24 de octubre de 2026 examina cómo esta expresión ha pasado del activismo a las redes sociales y los espacios educativos, planteando una discusión sobre sus beneficios y limitaciones.
¿Qué es una persona neurodivergente?
El concepto hace referencia a quienes presentan características cognitivas o de procesamiento de información diferentes de las que predominan en la población.
Por ejemplo, algunas personas pueden experimentar diferencias en la atención, la comunicación, el aprendizaje, la sensibilidad sensorial o la manera de interactuar con su entorno.
Sin embargo, ser neurodivergente no constituye un diagnóstico médico por sí mismo. Es un término descriptivo cuya definición puede variar según el contexto.
También existe una diferencia importante entre neurodiversidad y neurodivergencia. La primera reconoce que todos los cerebros humanos son distintos, mientras que la segunda se utiliza para referirse a personas cuyos perfiles cognitivos se apartan de los patrones más habituales.
¿De dónde surgió el término?
La idea de neurodiversidad comenzó a difundirse a finales de la década de 1990, impulsada por la socióloga australiana Judy Singer.
Posteriormente, la activista Kassiane Asasumasu contribuyó a popularizar el término neurodivergente.
Ambas expresiones surgieron vinculadas al movimiento por los derechos de las personas autistas, que buscaba cuestionar la idea de que todas las diferencias neurológicas debían interpretarse exclusivamente como enfermedades.
El planteamiento promovía una mayor aceptación de las distintas formas de funcionamiento cognitivo, sin desconocer que algunas personas requieren apoyos especializados.
Con los años, el concepto se extendió a otras comunidades y comenzó a utilizarse en ámbitos educativos, laborales y sociales.
Autismo, TDAH y dislexia: ¿qué condiciones incluye?
No existe una lista universalmente aceptada de condiciones que deban clasificarse como neurodivergentes.
Entre las más frecuentemente mencionadas se encuentran el autismo, el TDAH, la dislexia y el síndrome de Tourette.
Algunas definiciones más amplias también incluyen otras condiciones del neurodesarrollo y determinados diagnósticos psiquiátricos, aunque esta extensión genera desacuerdos entre especialistas.
La diversidad de interpretaciones explica por qué dos profesionales pueden utilizar la misma palabra para referirse a situaciones muy distintas.
Por eso, conocer la condición específica de una persona y sus necesidades resulta más útil que asumir determinadas características únicamente porque se identifica como neurodivergente.
¿Por qué el término se ha vuelto tan popular?
Las redes sociales han contribuido a difundir experiencias de personas que describen dificultades de concentración, sensibilidad a determinados estímulos o formas particulares de relacionarse.
Para algunas, encontrar una comunidad que comparte experiencias similares puede reducir el aislamiento y facilitar la búsqueda de información.
No obstante, especialistas consultados por El País advierten que la popularidad del concepto también puede favorecer interpretaciones excesivamente amplias y la identificación con diagnósticos sin una evaluación profesional.
El investigador Francisco Ortega explica que la expansión de estas expresiones ha generado tensiones entre quienes defienden una perspectiva centrada en los derechos y quienes consideran necesario reconocer las necesidades clínicas y de apoyo de determinadas personas.
Los riesgos de convertir la neurodivergencia en una moda
Uno de los principales debates surge cuando las diferencias cognitivas se presentan únicamente como características especiales o ventajas personales.
Aunque algunas personas neurodivergentes pueden destacar en determinadas habilidades, otras enfrentan dificultades significativas que afectan su autonomía, comunicación o vida cotidiana.
La investigadora Nancy Doyle advierte que una definición demasiado amplia puede restar claridad al concepto y desviar la atención de su propósito principal: eliminar barreras que dificultan la participación de las personas en la sociedad.
También existe preocupación por las posibles consecuencias de minimizar condiciones que requieren atención sanitaria, acompañamiento educativo o protección legal.
Reconocer la diversidad neurológica no significa negar las discapacidades ni sustituir los tratamientos que algunas personas necesitan.
¿Cómo construir espacios más inclusivos?
Más allá de la discusión sobre las etiquetas, los especialistas coinciden en la importancia de adaptar los entornos para responder a distintas necesidades.
Entre las medidas propuestas se encuentran aulas con métodos de enseñanza flexibles, lugares de trabajo con ajustes razonables y espacios públicos que reduzcan estímulos sensoriales excesivos.
También se mencionan actividades culturales con condiciones adaptadas para personas que experimentan dificultades frente a ruidos intensos, luces o aglomeraciones.
El objetivo es que las diferencias en el funcionamiento cognitivo no se conviertan automáticamente en obstáculos para estudiar, trabajar o participar en actividades cotidianas.
La creciente popularidad del término neurodivergente ha permitido abrir conversaciones sobre inclusión y salud mental. Sin embargo, los especialistas recuerdan que comprender las necesidades individuales y garantizar los apoyos adecuados sigue siendo más importante que utilizar una etiqueta determinada.











