La restauración de los ecosistemas marino-costeros de Barú sigue ganando terreno gracias a una alianza entre organizaciones sociales, empresas y comunidades de la isla. A través del proyecto Ecosistema Azul, liderado por la Fundación Grupo Argos y la Fundación Santo Domingo, se desarrollan acciones orientadas a la recuperación de manglares y arrecifes de coral, dos ecosistemas fundamentales para la biodiversidad, la protección del territorio y el sustento de cientos de familias.
La iniciativa cuenta además con el apoyo de la Fundación Decameron, el respaldo de Impacto Colectivo Barú 2030 y la participación activa de organizaciones comunitarias locales, que trabajan conjuntamente para impulsar procesos de conservación ambiental y desarrollo sostenible en la isla.
Desde su puesta en marcha, Ecosistema Azul ha promovido jornadas de siembra de plántulas de mangle, actividades de restauración ecológica y programas de monitoreo ambiental enfocados en la protección de los ecosistemas marinos y costeros. Estas acciones buscan fortalecer la resiliencia ambiental de Barú frente a fenómenos asociados al cambio climático y contribuir a la conservación de especies que dependen de estos hábitats para sobrevivir.
Un diagnóstico que revela retos y oportunidades
Uno de los avances más importantes del proyecto fue la realización del primer levantamiento de línea base de biodiversidad marina y costera en el arrecife de coral de Barú mediante técnicas de paisaje sonoro, una herramienta innovadora que permite evaluar la salud de los ecosistemas a través de los sonidos producidos por las especies que los habitan.
Los resultados del estudio dejaron en evidencia importantes desafíos para la conservación ambiental de la isla. Según los hallazgos, más del 80 % de los arrecifes evaluados presenta altos niveles de deterioro, una situación que refleja las presiones ambientales que han afectado estos ecosistemas durante los últimos años.
Asimismo, el diagnóstico identificó que la riqueza de especies de peces es considerablemente menor en comparación con otros ecosistemas marinos protegidos de la región Caribe, lo que plantea la necesidad de fortalecer las estrategias de conservación y recuperación de la biodiversidad.
Sin embargo, el estudio también encontró señales positivas. Los investigadores evidenciaron procesos de regeneración natural en varias zonas de manglar y detectaron áreas con alto potencial para la recuperación ecológica, lo que abre una oportunidad para acelerar las acciones de restauración y protección ambiental en la isla.
Para María Stephanie González, gerente de Inversión Social de la Fundación Santo Domingo, el proyecto busca reconocer el valor integral de estos ecosistemas para las comunidades de Barú.
“Cuando hablamos de Ecosistema Azul, hablamos de entender que nuestros manglares, ciénagas, playas y cuerpos de agua no son solo recursos ambientales; también hacen parte de la identidad cultural y económica de Barú. Por eso este proyecto es tan importante, porque busca proteger estos ecosistemas mientras genera oportunidades sostenibles para las comunidades que viven alrededor de ellos”, señaló.
Conservación con participación comunitaria
Uno de los aspectos más destacados de Ecosistema Azul es la participación directa de organizaciones comunitarias y asociaciones locales en las actividades de conservación.
Habitantes de distintos sectores de Barú participan en jornadas de limpieza de cuerpos de agua, monitoreo ambiental, restauración ecológica y fortalecimiento de negocios verdes, consolidando una red de trabajo que integra a más de diez organizaciones y liderazgos comunitarios.
Juan Carlos Cuadro, representante de la Agencia Tuarisba y líder comunitario de Ararca, destacó la importancia de proteger los manglares por los beneficios ambientales y económicos que generan para las familias de la isla.
“Los manglares son vida. Nos protegen de fenómenos naturales, sostienen la actividad pesquera de muchas familias y funcionan como la sala cuna de numerosas especies. Conservarlos es sembrar vida y aportar a la protección de uno de los ecosistemas más importantes y amenazados de nuestro territorio”, afirmó.
Desde la Fundación Grupo Argos también resaltaron que la protección de los ecosistemas marino-costeros puede convertirse en una herramienta para promover el desarrollo sostenible de las comunidades.
Según Juan Esteban Hincapié, director de Biodiversidad y Cambio Climático de la organización, la restauración ambiental no solo contribuye a la conservación de la naturaleza, sino que también puede generar nuevas oportunidades económicas para los habitantes del territorio.
Metas para el futuro de Barú
Entre los objetivos planteados por Ecosistema Azul se encuentra la conservación y restauración de 193 hectáreas de manglar, la protección de 4 hectáreas de arrecifes de coral y el fortalecimiento de cinco negocios verdes impulsados por las comunidades locales.
La iniciativa también busca consolidar estrategias para la conservación de especies marino-costeras y promover modelos de desarrollo que permitan equilibrar la protección ambiental con el crecimiento económico de la isla.
Con estos avances, Barú continúa posicionándose como un territorio donde la conservación de los ecosistemas y la participación comunitaria se convierten en herramientas clave para construir un futuro más sostenible. El reto ahora será mantener y ampliar estas acciones para garantizar que los manglares, arrecifes y demás ecosistemas que rodean la isla sigan siendo fuente de vida, biodiversidad y oportunidades para las próximas generaciones.











