Por Cristian Buelvas Rocha

Durante mi paso por la universidad, he conocido de muchos nuevos términos, conceptos y teorías. A propósito de la situación mundial actual y el aislamiento social a causa del brote de enfermedad por Coronavirus, que fue notificado por primera vez en Wuhan, China; recuerdo un concepto que quedó impreso en mi mente mientras daba una clase de periodismo hace un par de años en la universidad, llamado: Hikikomori. Sí, así como se lee, y mi fascinación nació tal vez por la rareza de la palabra y lo complejo de su pronunciación, o tal vez, por su significado.

Según fuentes, el Hikikomori es un trastorno moderno, que se caracteriza por un comportamiento asocial y evitativo, que conduce a abandonar la sociedad. Los estudios poblacionales indican que se trata de una epidemia que tuvo origen en Japón, y está relacionada con la naturaleza hermética de la sociedad japonesa y el valor que otorga a la soledad.

Pero, ¿qué tiene que ver este trastorno con la pandemia por coronavirus? Pues bien, su relación está ligada no a la enfermedad en sí misma, sino al aislamiento social como principal medida de prevención del contagio de esta. Y es una conexión que encuentro bastante interesante, pues ambos aislamientos se dan por causa de una enfermedad.

Fotografía de Maika Elan: tomada de National Geographic

No obstante, también guardan una irónica contrariedad, debido a que, en el primer caso, se da un aislamiento voluntario, por gusto, por comodidad, en el que, a pesar de que la causante sea una enfermedad, el individuo se aísla en búsqueda de un estado o sensación de bienestar. Mientras que el aislamiento por la pandemia del coronavirus, se presenta de manera contraria, se podría decir que es inducido u obligado.

La pandemia por Covid-19 ha representado un gran reto para todos alrededor del mundo.  En Colombia, por ejemplo, el aislamiento obligatorio inició el martes 24 de marzo a la media noche y, cinco meses después, aún se desconoce cuándo acabará el “encierro”. Las medidas para combatir los contagios y contener el virus, trajeron consigo cambios radicales en nuestros hábitos y costumbres, nos ha exigido readaptar el que es uno de nuestros principales recursos o maneras de vivir: el apoyo social y las relaciones con los otros, recursos sin los cuales sería muy probable que nuestra estabilidad mental se vea seriamente afectada.

Además de eso, se une la incertidumbre sobre la evolución y la duración de la pandemia, ¿cuánto tiempo durará, cuánta gente morirá, cómo va a afectar económicamente a los trabajadores y a las empresas?, ¿qué pasará con las clases en los colegios y universidades?, ¿afectará a nuestros seres queridos y a nosotros?

El coronavirus ha incidido en distintos aspectos de nuestra vida. A cada persona le ha afectado en función de muchos factores individuales. Durante esta etapa de aislamiento social son frecuentes las reacciones de estrés, ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, confusión, miedo y culpa. En algunos casos, puede causar insomnio, dificultades de concentración, pérdida de eficacia en el trabajo, e incluso, depresión a largo plazo.

Ya sea en el ámbito laboral, sentimental, familiar, o como en mi caso, el académico; todos hemos padecido cambios negativos durante esta fase, lo que a su vez, ha ocasionado la perdida de la estabilidad en cada uno de los ámbitos anteriormente mencionados. Es como si un obrero que trabajó durante casi toda su vida en la construcción de un edificio, lo viese derrumbarse frente a sus ojos sin poder hacer mucho al respecto, pues una pandemia como esta, es algo para lo que nunca estuvimos realmente preparados.

Sin embargo, y pese a que la cuarentena ha interferido en nuestras conexiones sociales, percibo en el estilo de vida de los Hikikomori, un ejemplo de que podemos adaptarnos a esta nueva realidad, claro está, de manera temporal, porque no podemos ignorar nuestro contexto socioeconómico. Japón es un país más desarrollado que el nuestro, donde las oportunidades se prestan para vivir como un Hikikomori y no morir en el intento. Así que, lo que pretendo con esta tesis, no es que repliquemos esta manera de vivir de los japoneses, sería insensato de mi parte plantear algo que cruza los límites hacia lo utópico, más bien intento mostrar una situación que nos puede servir de referente para empezar a replantearnos qué tan vital es la vida en sociedad, empezar a descubrirnos como seres individuales capaces de adaptarse a situaciones adversas y, a disfrutar de nuestra propia presencia y todo lo que podemos cultivar a partir de esta.