Un descubrimiento científico ha puesto nuevamente la atención sobre el volcán Masaya, ubicado en Nicaragua, después de que investigadores identificaran movimientos inesperados bajo su superficie que podrían revelar un funcionamiento interno mucho más complejo de lo que se creía.
El hallazgo fue realizado por un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos, que utilizó imágenes satelitales para estudiar los cambios registrados en el terreno volcánico entre 2018 y 2024.
Lo que llamó la atención de los expertos fue que dos sectores del mismo volcán presentaron comportamientos diferentes: mientras una zona comenzó a elevarse, otra continuó hundiéndose.
Aunque estos movimientos pueden estar relacionados con la actividad del magma en el subsuelo, los investigadores aclararon que no han identificado un peligro inmediato ni existen pruebas de que una erupción sea inminente.
¿Qué encontraron los científicos debajo del volcán Masaya?
El estudio permitió identificar cambios en la superficie de la caldera del Masaya, una gran depresión geológica formada por la actividad volcánica.
Durante el periodo analizado, los investigadores observaron que una parte del terreno inicialmente descendió, pero después comenzó a elevarse.
Este fenómeno, conocido como deformación del terreno, puede producirse cuando cambian las presiones o los volúmenes de materiales que se encuentran bajo la superficie.
Sin embargo, lo verdaderamente inesperado ocurrió en las inmediaciones del cráter Santiago, una de las zonas activas del complejo volcánico.
Allí, el terreno continuó hundiéndose incluso cuando la caldera principal había comenzado a elevarse.
La diferencia entre ambos movimientos llevó a los científicos a considerar que podrían existir depósitos de magma con comportamientos distintos.
Dos zonas del volcán se mueven en direcciones diferentes
La investigadora Lizzie Johnson, autora principal del estudio, explicó que los cambios observados podrían estar relacionados con la existencia de diferentes reservorios de magma.
Estos reservorios son zonas subterráneas en las que puede acumularse roca fundida.
Una de las hipótesis plantea que el depósito principal del volcán estaría recibiendo material, mientras que otro sistema más superficial podría estar perdiendo parte de su contenido o presión.
Esto ayudaría a explicar por qué una parte del terreno se eleva mientras otra continúa descendiendo.
No obstante, se trata de una interpretación científica de las mediciones y no de una observación directa del magma.
El comportamiento encontrado demuestra que un mismo volcán puede presentar procesos simultáneos diferentes, incluso cuando desde la superficie no se perciben cambios evidentes.
Los satélites fueron fundamentales para descubrir los movimientos
Para desarrollar la investigación, los científicos utilizaron información obtenida por el satélite Sentinel-1, diseñado para observar la superficie terrestre mediante tecnología de radar.
A diferencia de las imágenes fotográficas convencionales, las mediciones de radar permiten detectar pequeñas variaciones en la posición del terreno.
Al comparar los registros obtenidos en diferentes fechas, los investigadores pudieron reconstruir cómo se había deformado la superficie del Masaya durante varios años.
Este procedimiento permitió identificar cambios que difícilmente podrían apreciarse a simple vista.
La tecnología satelital es especialmente útil para estudiar volcanes porque permite realizar observaciones periódicas de grandes extensiones de terreno.
Además, complementa otros instrumentos empleados en la vigilancia volcánica, como los sismógrafos, los sensores de gases y los sistemas de posicionamiento.
La combinación de estas herramientas puede ayudar a comprender mejor los procesos que ocurren en el interior de la Tierra.
¿El volcán Masaya podría entrar en erupción?
Esta es una de las principales preguntas que surgen después de conocerse los resultados.
Sin embargo, los científicos fueron claros en señalar que los movimientos identificados no significan necesariamente que el volcán esté a punto de hacer erupción.
La elevación o el hundimiento del terreno puede estar relacionado con diferentes procesos subterráneos y debe interpretarse junto con otros indicadores.
Entre ellos se encuentran los cambios en la actividad sísmica, las emisiones de gases y las variaciones de temperatura.
Por esta razón, no es posible establecer una fecha de erupción únicamente a partir de las deformaciones detectadas por satélite.
Los investigadores tampoco identificaron un riesgo inmediato asociado con los movimientos registrados entre 2018 y 2024.
El objetivo principal del estudio es mejorar el conocimiento del sistema volcánico y facilitar la identificación temprana de cambios que puedan representar un peligro.
Cerca de dos millones de personas viven en los alrededores del volcán
El interés por estudiar el Masaya no es únicamente científico.
De acuerdo con los datos presentados en la investigación, aproximadamente dos millones de personas viven a menos de 21 kilómetros del volcán, lo que convierte su vigilancia en un asunto relevante para la seguridad de la población.
El Masaya se encuentra en una región habitada y relativamente cercana a Managua, la capital de Nicaragua.
Su actividad puede generar riesgos incluso sin una gran erupción.
Uno de ellos está relacionado con las emisiones de dióxido de azufre, un gas que puede afectar la calidad del aire y representar un peligro para la salud en determinadas concentraciones.
Por ello, los especialistas consideran fundamental mantener el seguimiento de su comportamiento.
Conocer sus patrones habituales permitiría identificar con mayor precisión cuándo ocurre una alteración que merece atención especial.
“Si es necesario, alertaremos a la población”
Young Cheol Kim, uno de los investigadores que participaron en el estudio, destacó la importancia de mantener una vigilancia continua sobre los volcanes activos.
El científico explicó que comprender los movimientos normales del terreno puede ayudar a reconocer cambios que se aparten de esos patrones.
Ese conocimiento permitiría actuar con mayor anticipación ante una posible situación de riesgo.
“Si es necesario alertar a la población, podemos hacerlo de manera oportuna”, afirmó Kim.
La declaración no constituye una alerta de evacuación ni significa que exista una emergencia actualmente.
Se refiere a la importancia de contar con información científica suficiente para apoyar las decisiones de prevención y protección de las comunidades.
¿Por qué es importante estudiar los movimientos de un volcán?
Los volcanes son sistemas geológicos complejos en los que interactúan magma, gases, fracturas y diferentes capas de roca.
Sus cambios internos no siempre se manifiestan mediante explosiones, temblores o emisiones visibles.
En algunos casos, la superficie puede deformarse lentamente durante meses o años.
El seguimiento de estas variaciones permite a los científicos construir modelos sobre el comportamiento de los sistemas volcánicos.
También ayuda a identificar qué señales podrían estar relacionadas con una modificación importante de su actividad.
Sin embargo, ninguna herramienta por sí sola permite predecir con certeza cuándo ocurrirá una erupción.
Por esa razón, la vigilancia moderna combina diferentes métodos de observación y análisis.
¿Qué enseñanzas deja este descubrimiento para otros países?
Aunque el estudio se desarrolló en Nicaragua, sus resultados pueden contribuir al conocimiento de otros volcanes activos del mundo.
Países como Colombia, Ecuador, México, Chile e Indonesia cuentan con sistemas volcánicos que requieren seguimiento permanente.
En Colombia, por ejemplo, el Servicio Geológico Colombiano realiza vigilancia sobre volcanes como el Nevado del Ruiz, el Puracé y el Galeras.
Los hallazgos en el Masaya muestran la importancia de analizar diferentes sectores de un volcán y no asumir que toda su estructura se comporta de la misma manera.
También refuerzan el valor de las imágenes satelitales como complemento de las redes de monitoreo instaladas sobre el terreno.
Esto no significa que los volcanes colombianos estén experimentando los mismos procesos identificados en Nicaragua, sino que el conocimiento científico puede aportar herramientas para mejorar su estudio.
¿Qué sigue después del descubrimiento?
Los investigadores buscan comprender con mayor precisión la relación entre los movimientos de la caldera principal y el hundimiento observado alrededor del cráter Santiago.
Para ello, será importante continuar analizando nuevas mediciones y compararlas con otros indicadores de actividad volcánica.
El seguimiento permitirá establecer si las deformaciones continúan, se estabilizan o cambian de comportamiento.
También contribuirá a perfeccionar los modelos científicos que explican la dinámica del magma bajo el Masaya.
Por ahora, el hallazgo no representa una alerta de erupción inminente. Su importancia radica en que revela procesos subterráneos inesperados y ofrece nuevas herramientas para vigilar un volcán rodeado de comunidades que podrían verse afectadas por su actividad.










