En el corazón de los Montes de María, una receta que comenzó en una pequeña panadería terminó convirtiéndose en uno de los símbolos gastronómicos más representativos del departamento de Bolívar. Se trata de las galletas Chepacorina, una preparación tradicional de queso, harina y otros ingredientes que, desde hace más de ocho décadas, forma parte de la identidad de El Carmen de Bolívar y de los recuerdos de miles de familias del Caribe colombiano.
Detrás de esta reconocida galleta se encuentra la historia de Josefa Corina Ríos Torres, una mujer conocida cariñosamente como Chepa, a quien se atribuye la creación de la receta. Su historia se remonta a las décadas de 1930 y 1940, aunque algunas publicaciones sitúan específicamente su aparición en 1947. Lo que comenzó como una modificación de las galletas de soda que se preparaban en una panadería familiar terminó dando origen a un producto que trascendió generaciones y se convirtió en una referencia de la gastronomía carmera.
¿Quién fue Chepa Corina y cómo nacieron las famosas galletas?
De acuerdo con los relatos históricos recogidos por Radio Nacional de Colombia, la historia comenzó con Quiteria Torres, madre de Josefa, quien administraba una pequeña panadería en El Carmen de Bolívar. Allí se elaboraban galletas de soda, panes de queso, panes de sal y otras preparaciones artesanales que se comercializaban entre los habitantes del municipio. Cuando Quiteria enfermó, pidió a su hija que regresara para encargarse del establecimiento familiar.
Josefa llegó procedente de Barranquilla, donde se encontraba junto a su esposo, Marcos Rodríguez. Una vez vinculada al negocio, comenzó a experimentar con las preparaciones que ya se ofrecían. Según la tradición oral conservada por la familia Díaz, en una ocasión decidió agregar queso y otros ingredientes a las galletas de soda, obteniendo una preparación con características diferentes a las que se vendían habitualmente. Aquella modificación sería el origen de la Chepacorina.
El nombre también tiene una historia particular. Josefa era llamada Chepa, un diminutivo popular de su nombre, mientras que Corina hacía parte de su identidad. Una de las versiones transmitidas por Francisco Díaz, reconocido portador de esta tradición, señala que un cliente llegó a la panadería y pidió una «Chepacorina», expresión que terminó popularizándose entre los habitantes del municipio hasta convertirse en el nombre definitivo de la galleta.
Con el paso de los años, su preparación adquirió reconocimiento por la combinación de sabores dulces y salados, además de una textura que puede resultar crujiente por fuera y suave en su interior. Entre los ingredientes documentados se encuentran harina, queso, leche, azúcar, bicarbonato y huevo, aunque las cantidades exactas y algunos detalles de elaboración han sido conservados como parte del conocimiento familiar de quienes heredaron la receta.
La historia de las Chepacorinas también está relacionada con Francisco Díaz y Zaida Núñez Piña, quienes desempeñaron un papel fundamental en la conservación de esta tradición. Ambos estuvieron vinculados a la preparación de las galletas y posteriormente continuaron su producción. De esta manera, el conocimiento transmitido por Josefa encontró continuidad en una familia que contribuyó a mantener vivo el producto y a fortalecer su reconocimiento dentro de El Carmen de Bolívar.
De una panadería familiar a convertirse en patrimonio gastronómico de los Montes de María
La elaboración de las Chepacorinas dejó de ser únicamente una actividad familiar para convertirse en una fuente de trabajo para distintos habitantes de El Carmen de Bolívar. Con el crecimiento de su reconocimiento, otras panaderías comenzaron a producir versiones de esta galleta, ampliando su comercialización y consolidándola como uno de los alimentos tradicionales más identificados con el municipio.
Una investigación publicada por El Universal en 2014 documentó cómo Miguel Díaz, hijo de Francisco Díaz, asumió la continuidad de la fábrica familiar en 2005. En aquel momento, el establecimiento conservaba procedimientos artesanales, entre ellos la utilización de hornos de ladrillo y barro. Según los testimonios recogidos entonces, la producción podía alcanzar unas 2.000 galletas diarias y aumentar hasta aproximadamente 4.000 durante temporadas de mayor demanda. Estas cifras corresponden a ese periodo y no representan necesariamente la producción actual.
Uno de los detalles más particulares de esta tradición es la marca con las letras CH que aparece en algunas galletas. Según los relatos de los herederos de la receta, esta identificación comenzó a utilizarse para distinguir la producción familiar de otras versiones que aparecieron con el tiempo. Así, una preparación nacida en una pequeña panadería terminó desarrollando características propias que permitieron a los consumidores reconocerla.
Más allá de su comercialización, la Chepacorina ocupa un lugar especial en la memoria colectiva de los carmeros. Su sabor está asociado con las visitas familiares, los viajes por los Montes de María y las costumbres gastronómicas que han acompañado a distintas generaciones. Para muchos habitantes, hablar de El Carmen de Bolívar significa recordar tanto sus tradiciones musicales, vinculadas al maestro Lucho Bermúdez, como el aroma de estas galletas recién horneadas.
Su importancia también se refleja en otras preparaciones de la cocina regional. Una de ellas es el dulce de Chepacorinas, elaborado a partir de las galletas mezcladas con leche, azúcar y otros ingredientes, que forma parte de las recetas tradicionales relacionadas con la temporada de Semana Santa en el Caribe colombiano. Esto demuestra cómo un mismo producto puede dar origen a nuevas expresiones culinarias sin perder su vínculo con el territorio.
Actualmente, las galletas Chepacorina continúan siendo reconocidas como una de las preparaciones tradicionales de El Carmen de Bolívar. Su historia representa el legado de Josefa Corina Ríos Torres y de las familias que conservaron su receta, pero también evidencia cómo la creatividad de una mujer logró transformar ingredientes cotidianos en un producto asociado con la identidad cultural de toda una región.
Más de ocho décadas después de sus primeros registros históricos, las Chepacorinas siguen siendo una muestra de la riqueza gastronómica de los Montes de María. Una historia que comenzó con una mujer, una panadería y una receta que encontró en el queso su ingrediente distintivo, y que hoy permanece como parte de la memoria de Bolívar.











