Envejecer no debería significar perder oportunidades, autonomía ni reconocimiento social. Sin embargo, en Colombia las personas mayores de 60 años continúan enfrentando prejuicios relacionados con su edad, una forma de discriminación conocida como edadismo, que puede manifestarse en el trabajo, la atención médica, los servicios financieros e incluso dentro de las familias.
El problema ha vuelto a cobrar relevancia a propósito de la Encuesta Nacional de Edadismo, una investigación que busca visibilizar cómo se percibe y se experimenta la discriminación por edad en el país.
La discusión resulta especialmente importante en una sociedad que está envejeciendo y que necesita garantizar condiciones de participación, protección y bienestar para una población cada vez más numerosa.
¿Qué es el edadismo y cómo afecta a los adultos mayores?
El edadismo consiste en utilizar la edad de una persona como motivo para establecer prejuicios, limitar sus oportunidades o tratarla de manera desigual.
Aunque puede afectar a personas de distintas generaciones, adquiere especial relevancia cuando se dirige contra los adultos mayores.
Entre sus manifestaciones se encuentran asumir que una persona no puede aprender a utilizar nuevas tecnologías, considerar que ha perdido su capacidad de trabajar o excluirla de decisiones que afectan directamente su vida.
También puede aparecer en expresiones aparentemente inofensivas, como hablarles a las personas mayores de manera infantil o suponer que necesitan ayuda sin preguntarles primero.
Estas conductas pueden afectar su autoestima, autonomía y participación social.
Las mujeres mayores enfrentan barreras adicionales
La discriminación por edad puede combinarse con otras desigualdades que se acumulan a lo largo de la vida.
En el caso de las mujeres, las dificultades de acceso al empleo formal, las interrupciones laborales relacionadas con responsabilidades de cuidado y las diferencias salariales pueden afectar su seguridad económica durante la vejez.
Esto significa que llegar a los 60 años no representa las mismas condiciones para todas las personas.
Una mujer que dedicó gran parte de su vida al cuidado de familiares puede enfrentar dificultades diferentes a las de alguien que logró mantener una trayectoria laboral continua y acumular suficientes semanas de cotización.
Por ello, los especialistas en envejecimiento insisten en que las políticas de protección deben reconocer las diferencias económicas, sociales y de género.
Conseguir empleo después de los 60 años sigue siendo un desafío
Uno de los espacios donde el edadismo puede resultar más evidente es el mercado laboral.
En algunos procesos de contratación persisten estereotipos que relacionan la edad avanzada con menor productividad, resistencia al cambio o dificultades para adaptarse a herramientas tecnológicas.
Estos prejuicios pueden llevar a descartar candidatos por su edad, incluso cuando cuentan con experiencia y conocimientos adecuados para desempeñar un cargo.
La situación también afecta a personas que desean continuar trabajando después de cumplir la edad de pensión o que necesitan generar ingresos porque no cuentan con una mesada pensional.
De acuerdo con un análisis publicado anteriormente por Portafolio, menos del 20 % de las vacantes registradas en el Servicio Público de Empleo estaban enfocadas en personas mayores de 45 años.
Este dato ilustra las dificultades de acceso al mercado laboral que pueden comenzar incluso antes de los 60 años.
La falta de ingresos aumenta la vulnerabilidad
La discriminación por edad no puede analizarse separada de las condiciones económicas.
En Colombia, muchas personas llegan a la vejez sin una pensión o sin ingresos estables, lo que aumenta su dependencia de familiares y programas de asistencia.
Según información presentada en el II Foro Longevidad y Centenarios y recogida por Portafolio, apenas una proporción minoritaria de los adultos mayores logra acceder a una pensión.
La informalidad laboral es uno de los factores que explican esta situación, pues dificulta realizar cotizaciones continuas durante la vida productiva.
Cuando la falta de ingresos se combina con barreras para conseguir empleo, las posibilidades de mantener autonomía económica pueden reducirse considerablemente.
El edadismo también aparece en la salud y la vida cotidiana
Los prejuicios relacionados con la edad no se limitan a las oportunidades de trabajo.
En los servicios de salud, por ejemplo, pueden presentarse cuando determinados síntomas se atribuyen automáticamente al envejecimiento sin una valoración individual suficiente.
También existen situaciones en las que las decisiones médicas se comunican principalmente a familiares, sin reconocer plenamente la capacidad de la persona mayor para participar en ellas.
En la vida cotidiana, el edadismo puede expresarse mediante la exclusión de actividades sociales, la falta de accesibilidad o la idea de que las personas mayores deben mantenerse al margen de determinadas experiencias.
Estas prácticas desconocen que la vejez es una etapa diversa y que las capacidades, necesidades y preferencias cambian de una persona a otra.
Colombia envejece y necesita adaptarse
El aumento de la población mayor de 60 años representa una transformación demográfica que tendrá efectos sobre la economía, los sistemas de salud, las pensiones y la organización de las ciudades.
De acuerdo con análisis publicados por Portafolio, Colombia cuenta con millones de personas mayores y enfrenta el desafío de adaptar sus instituciones a una población que vive más años.
Este cambio también plantea oportunidades.
Las personas mayores participan en actividades productivas, emprendimientos, labores de cuidado, consumo y transmisión de conocimientos.
Por eso, diferentes expertos promueven el desarrollo de la llamada economía plateada, que reconoce el potencial económico y social de las personas de mayor edad.
Sin embargo, aprovechar estas oportunidades requiere superar los estereotipos que limitan su participación.
¿Qué se puede hacer para combatir la discriminación por edad?
Reducir el edadismo implica cambios en distintos ámbitos de la sociedad.
En las empresas, supone evaluar a los trabajadores por sus capacidades y competencias, sin descartar automáticamente a quienes superan determinada edad.
En el sistema de salud, requiere una atención individualizada que respete la autonomía y las decisiones de cada paciente.
En las familias y comunidades, significa reconocer que las personas mayores tienen derecho a participar activamente en asuntos económicos, sociales y personales.
También resulta fundamental promover espacios de formación continua, inclusión digital y participación intergeneracional.
En Colombia, la protección de los derechos de las personas mayores cuenta con un marco jurídico que reconoce la importancia de garantizar su dignidad, autonomía e inclusión.
Envejecer no debería significar perder derechos
La discusión sobre el edadismo plantea una pregunta de fondo: ¿está Colombia preparada para reconocer a las personas mayores como ciudadanos activos, con capacidades, proyectos y derechos?
El envejecimiento de la población exige respuestas que vayan más allá de la asistencia económica.
También implica revisar los prejuicios que condicionan la contratación laboral, la atención en salud y la participación social.
Tener más de 60 años no debería convertirse en una barrera para trabajar, aprender, emprender o tomar decisiones. Combatir la discriminación por edad será cada vez más importante para construir una sociedad que garantice oportunidades durante todas las etapas de la vida.










