Más de 700 familias esperan la construcción de un nuevo corregimiento que les permita vivir lejos del peligro. La comunidad ha perdido viviendas, calles y espacios históricos por el avance del río Magdalena, mientras las autoridades adelantan el proceso de planificación para su traslado.
En el departamento de Bolívar existe un pueblo cuya historia ha estado marcada por el avance de las aguas del río Magdalena. Se trata de Tacamocho, corregimiento del municipio de Córdoba, conocido también como Córdoba Tetón, donde durante más de una década la erosión fluvial ha provocado la desaparición de viviendas, calles y espacios que formaban parte de la vida cotidiana de sus habitantes.
La situación ha sido tan grave que las autoridades determinaron que la alternativa de fondo es trasladar a la población a un terreno más seguro. El proyecto contempla la construcción de un nuevo asentamiento que permita conservar la identidad cultural de Tacamocho, garantizar condiciones dignas de vivienda y reducir la exposición de sus habitantes a las crecientes e inundaciones del río.
Según información divulgada en abril de 2026, la Gobernación de Bolívar avanzó en la planificación territorial del nuevo corregimiento, con una propuesta que contempla beneficiar a aproximadamente 750 familias. Sin embargo, la existencia de un plan de reubicación no significa que el traslado ya se haya completado.
Un pueblo que comenzó a desaparecer ante sus habitantes
La historia de Tacamocho está estrechamente relacionada con el río Magdalena, fuente de sustento para numerosas familias dedicadas a actividades como la pesca y el comercio. Sin embargo, ese mismo afluente se convirtió en una amenaza para la permanencia de la población.
Los reportes periodísticos señalan que desde 2012 se intensificó el proceso de erosión en la orilla del corregimiento. El agua comenzó a socavar el terreno y a destruir construcciones, obligando a varias familias a abandonar sus viviendas o desmontarlas antes de que terminaran cayendo al río.
En 2018, un reportaje de El Universal documentó el caso de Rafaela Jiménez, una habitante que perdió su vivienda en enero de 2014. La mujer relató cómo tuvo que escapar al observar que la tierra comenzaba a desprenderse. Para entonces, el medio estimaba que alrededor de 4.000 personas habitaban la comunidad.
Una investigación publicada por Mutante en noviembre de 2023 también registró la desaparición de calles, la iglesia y el parque principal, lugares que durante años habían servido como puntos de encuentro para los habitantes del corregimiento.
La justicia ordenó trasladar a toda la población
El problema de Tacamocho llegó hasta los tribunales. El 18 de abril de 2018, el Tribunal Administrativo de Bolívar ordenó su reubicación, decisión que fue ratificada por el Consejo de Estado en enero de 2020.
La sentencia estableció que el municipio de Córdoba, el departamento de Bolívar y el Fondo Adaptación, dentro de sus competencias, debían garantizar el traslado de los habitantes a un lugar seguro, donde no estuvieran expuestos a los riesgos de erosión y pudieran continuar desarrollando sus actividades económicas y comunitarias.
La orden judicial también dispuso que las familias fueran reubicadas en viviendas dignas, con acceso a servicios públicos, y que se elaborara un censo para identificar a los beneficiarios.
Esta decisión convirtió la reubicación de Tacamocho en un proceso de especial importancia para la gestión del riesgo en Bolívar, debido a que no se trata únicamente de trasladar viviendas individuales, sino de reorganizar prácticamente todo un centro poblado.
Así será el nuevo Tacamocho: 29 hectáreas para más de 750 familias

Uno de los primeros avances administrativos se registró en julio de 2023, cuando la Gobernación de Bolívar, bajo la administración de Vicente Blel, entregó las escrituras del predio denominado «La Aduana y la Fe». En ese momento se informó que el terreno comprendía 32 hectáreas y estaba proyectado para albergar a 627 familias.
Posteriormente, el proyecto fue actualizado. En septiembre de 2025 se presentó una propuesta sobre un terreno de 29 hectáreas, mientras que en abril de 2026 la Gobernación informó que el nuevo esquema permitiría beneficiar a más de 750 familias.
La planificación contempla viviendas, vías, zonas verdes, plaza central, institución educativa, cementerio y espacios destinados a actividades productivas. Según las autoridades, los habitantes participaron en mesas de trabajo para definir cómo debería organizarse el nuevo pueblo.
¿En qué va la reubicación durante 2026?
En febrero de 2026, el gobernador Yamil Arana Padauí y la secretaria de Planeación, Susana Puerta, presentaron ante Cardique la Unidad de Planificación Rural (UPR) Tacamocho–Tacamochito: De la Tierra y el Agua, documento que establece las condiciones de ordenamiento territorial para el nuevo asentamiento.
En abril, las autoridades confirmaron que la propuesta había superado la etapa de concertación ambiental. La siguiente fase contemplaba la construcción de la institución educativa y la instalación de infraestructura eléctrica. Después deberían desarrollarse los procesos de titulación de lotes, servicios públicos y espacios comunitarios.
No obstante, en la información oficial consultada hasta octubre de 2026 no se encontró confirmación de que todas las familias hayan sido trasladadas ni una fecha definitiva de culminación del proyecto.
El desafío de trasladar un pueblo sin perder su historia
Para los habitantes de Tacamocho, la reubicación representa mucho más que abandonar un terreno amenazado por el río Magdalena. También implica dejar atrás el lugar donde crecieron varias generaciones y donde se construyeron sus recuerdos familiares.
El reto de las autoridades consiste en garantizar que las familias puedan continuar con sus actividades económicas, mantener sus relaciones comunitarias y acceder a mejores condiciones de seguridad y vivienda.
De concretarse, Tacamocho podría convertirse en uno de los primeros corregimientos del Caribe colombiano reubicados integralmente mediante un modelo de planificación territorial. Su historia quedaría como testimonio de una comunidad que ha tenido que enfrentarse durante años al avance del río y que ahora espera reconstruir su futuro sin perder su identidad.










