El estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo, comenzó a reactivarse de manera progresiva este miércoles 8 de abril de 2026, tras el acuerdo de alto al fuego entre Estados Unidos e Irán.
Luego de semanas de interrupción casi total del tránsito —que llegó a reducirse hasta en un 97% desde el inicio del conflicto— los primeros buques han retomado su paso por esta vía estratégica, aunque bajo estrictas medidas de precaución.
De acuerdo con reportes de plataformas de monitoreo marítimo, los primeros movimientos se registraron con embarcaciones que lograron cruzar el estrecho tras la autorización temporal de “paso seguro” acordada entre ambas naciones durante la tregua de dos semanas.
Tráfico marítimo se reactiva lentamente
Entre los primeros barcos en atravesar la zona se encuentran buques comerciales y petroleros que habían quedado detenidos en el golfo Pérsico. En total, cientos de embarcaciones permanecen aún en la región, muchas de ellas esperando condiciones seguras para retomar sus rutas.
Las cifras indican que, en las últimas 24 horas, apenas una decena de barcos ha transitado por el estrecho, una cifra muy baja en comparación con los niveles normales previos al conflicto, cuando circulaban entre 120 y 140 buques diarios.
Expertos advierten que la recuperación será lenta, ya que las navieras y operadores marítimos siguen evaluando los riesgos de seguridad antes de reanudar operaciones de forma masiva.
Impacto global en la energía
El cierre del estrecho de Ormuz generó fuertes repercusiones en la economía mundial. Antes de la guerra, por esta vía transitaba entre el 20% y el 25% del comercio marítimo de petróleo, equivalente a más de 20 millones de barriles diarios.
Además, el paso es clave para el transporte de gas natural licuado, gas licuado de petróleo, productos químicos y fertilizantes, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de presión para los mercados internacionales.
La crisis elevó los precios del crudo y encendió alertas sobre una posible crisis energética global, especialmente en Asia y Europa, regiones altamente dependientes de los suministros que pasan por Ormuz.
Persisten los riesgos
A pesar del alto al fuego, la situación en la zona sigue siendo delicada. Desde el inicio del conflicto, se han registrado múltiples ataques y actividades sospechosas contra embarcaciones en el estrecho y áreas cercanas.
Analistas señalan que, aunque la tregua representa una oportunidad para normalizar el flujo comercial, el retraso acumulado es considerable, con miles de buques aún detenidos en la región.
Asimismo, las preocupaciones de seguridad continúan influyendo en las decisiones de las compañías navieras, que podrían tardar varios días en retomar plenamente sus operaciones mientras verifican la estabilidad del acuerdo.










