“Levanta la voz y hazle justicia, defiende a los pobres y necesitados”, Proverbios 31:9.

Por Álvaro Morales de León

Cada cierto tiempo, buscando impresionar, emergen de la boca de los políticos unas rimbombantes expresiones buscando llamar con otros nombres los eternos y nunca solucionados problemas de todas esas zonas geográficas ubicadas en la marginalidad, en la profundidad, en la miseria y en el abandono que atrapa a nuestro país, o a nuestra ciudad, Cartagena de Indias, o de cualquier otro territorio.

Nuestra Cartagena profunda es en gran parte, quizás, la mayoría del territorio de esa Cartagena incluida en el perímetro urbano de la ciudad y en la que habita ese grueso puñado de ciudadanos que sobreviven a las extremas condiciones de pobreza.

Para saber y entender como es nuestra urbana y profunda Cartagena no es necesario ir a lejanos lugares, no, sólo basta con visitar a los que viven en las deslizantes estribaciones de La Popa o en los alrededores de la Ciénaga de la Vírgen, o en los inseguros e insalubres barrios de Nelson Mandela, el Pozón, Ricaurte, Ucopín, la Candelaria, Omaira Sánchez, Zarabanda, El Hoyo, etc, etc.

Pero de nuestra Cartagena profunda también son parte los históricamente abandonados territorios corregimentales, los de tierra firme y los insulares, quince en total, donde la ausencia Estatal está representada en la falta de servicios públicos, servicios de salud y en la ausencia de saneamiento básico, principalmente. y ahora, en la incontrolada inseguridad, microtráfico y drogadicción.

Nuestra Cartagena profunda nada tiene que envidiarle a cualquiera de los países más pobres del continente africano, o del Caribe, como Haití, constituyéndose, podríamos decir, en nuestra propia África, en la que poco se interesan nuestros políticos, a esos que llaman dirigentes, esos mismos a los que sólo les interesa la Cartagena profunda en época de elecciones, época en la que “cargados de billetes” envían a sus “propios” para comprarles el voto a todos los incluidos como pobres en esta excluida Cartagena.

Ahora, en Colombia, como también sucede en Cartagena, a esos que presumidos de sabiduría se la pasan, bien vestiditos, en elegantes salones de hoteles y centros de convenciones dando a conocer a selectos grupos las frías cifras de sus investigaciones, diagnósticos y análisis sobre la pobreza de Cartagena se les ha dado por rebautizarla con los nombres de pobreza extrema, pobreza monetaria y pobreza multidimensional, pero parodiando a “Fico” cuando dijo que “plata es plata”, también podríamos decir aquí que “pobreza es pobreza”.

De nada vale atestar este artículo con las muy conocidas y rebosantes cifras de la pobreza en Cartagena si ellas no son usadas para emprender acciones serias y contundentes para, que por lo menos, se comience a mitigarlas, de lo contrario, servirán solamente para condecorar y aplaudir a expositores, pero no dolientes de la pobreza de Cartagena.

Los desafíos contra la pobreza que habita en la Cartagena Profunda, son grandes, entre ellos, el déficit habitacional, el saneamiento básico, la calidad educativa, la seguridad, la infraestructura vial, etc.

Tan tristes como vergonzosos son los inamovibles datos de nuestra situación socioeconómica de pobreza de la cual se sabe y se repite que, de los cartageneros, el 48% estando en pobreza monetaria no tienen los ingresos suficientes para adquirir los alimentos de primera necesidad; o de los más de 150.000 que en pobreza extrema, escasamente tienen para su alimentación.

Triste y vergonzosos son también las cifras que nos enrostran diciéndonos que más de 130.000 hogares cartageneros tienen problemas con sus viviendas, o que el 14% no tienen alcantarillado o que el 7% no tiene agua potable, además del pésimo sitial que ocupan las instituciones públicas del Distrito en la Pruebas Saber.

Finalmente, ¿será que los Concejales de Cartagena, conociendo estas cifras, suponemos que sí, en vez de estar peleando con el alcalde o eligiendo contralores a su antojo y conveniencia, o buscando lo propio, o involucrándose en negocios de narcotráfico, se interesen mejor por la situación de la Cartagena Profunda para buscarle salidas; o que nuestros parlamentarios hagan lo propio?