Inician plan piloto para ampliar rutas de Transcaribe al aeropuerto y zonas turísticas

La Alcaldía de Cartagena, a través del Sistema Integrado de Transporte Masivo (Transcaribe), ha lanzado un plan piloto para evaluar la viabilidad de expandir sus rutas hacia el Aeropuerto Internacional Rafael Núñez y diversas zonas turísticas de la ciudad. Esta medida responde a las solicitudes de los residentes de El Laguito y Castillogrande, quienes han mostrado interés en mejorar el acceso a estas áreas.

Recientemente, se ha visto a los buses de Transcaribe operando cerca del aeropuerto, generando expectativa entre los usuarios. El plan piloto busca analizar la demanda, el kilometraje y la eficiencia de las nuevas rutas propuestas, que conectarían directamente el aeropuerto con barrios como Bocagrande, Castillogrande y El Laguito, además de la Zona Norte de Cartagena.

Ercilia Flórez Barrios, gerente de Transcaribe, destacó que la expansión se llevará a cabo en colaboración con las comunidades locales, el sector privado, los taxistas y el operador del aeropuerto. “Estamos comprometidos en desarrollar un servicio que satisfaga las necesidades de todos los actores involucrados, garantizando un transporte masivo que sea accesible, eficiente y equitativo”, afirmó Flórez Barrios.

El Distrito subrayó que el proceso se desarrollará de manera concertada para asegurar el consenso y la armonía entre todos los participantes.

Fuente: El Universal 

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“No viva de los subsidios como un mendigo. Eso es un robo”: María Fernanda Cabal

Las declaraciones de María Fernanda Cabal han generado reacciones encontradas en redes sociales. Mientras sus seguidores respaldan su postura crítica frente al gobierno y su propuesta de promover la autosuficiencia económica, sus detractores consideran que sus comentarios minimizan la importancia de los subsidios como herramienta para aliviar la pobreza extrema. La senadora concluyó su intervención reiterando que Colombia necesita un cambio profundo en su modelo político y económico para superar lo que ella considera una «pesadilla» bajo el gobierno actual. En medio de una entrevista con el Noticiero Popular de La Cariñosa,la senadora María Fernanda Cabal  habló del modelo de subsidios promovido por el gobierno del presidente Gustavo Petro. Según la senadora, los subsidios fomentan una dependencia que limita el desarrollo individual y perpetúa la pobreza en lugar de combatirla. «No viva de los subsidios como un mendigo. Eso es un robo a la iniciativa individual», afirmó Cabal, quien abogó por un enfoque más orientado hacia la educación y el empoderamiento económico. Cabal argumentó que los subsidios se han convertido en una herramienta política que, lejos de solucionar los problemas estructurales del país, alimenta una cultura de dependencia.  «El subsidio es la herramienta del político para robar. Usted puede ayudar a la gente, pero después hay que empujarla hacia arriba», expresó. Para la senadora, el verdadero progreso radica en brindar herramientas como educación de calidad y acceso al crédito, permitiendo que los ciudadanos construyan su propio camino hacia la prosperidad. La senadora destacó que solo con educación se puede romper la cadena de pobreza en Colombia. En su visión, los padres deberían tener la libertad de escoger la mejor educación para sus hijos, incluyendo opciones privadas financiadas por el Estado en sectores vulnerables. Además, propuso reformar el sistema financiero para facilitar el acceso al crédito a las familias más pobres y evitar que recurran a prácticas peligrosas como el «gota a gota». «Colombia no disfruta del capitalismo porque a nadie se le presta sino al rico», señaló. Cabal también aprovechó para cuestionar las políticas del actual gobierno, acusando a Petro de exacerbar las problemáticas sociales y económicas del país. Según ella, el presidente ha utilizado los subsidios como una estrategia populista que no resuelve los problemas estructurales. «La izquierda vende el paraíso, pero lo que entrega es exilio y pobreza», afirmó. Las declaraciones de María Fernanda Cabal han generado reacciones encontradas en redes sociales. Mientras sus seguidores respaldan su postura crítica frente al gobierno y su propuesta de promover la autosuficiencia económica, sus detractores consideran que sus comentarios minimizan la importancia de los subsidios como herramienta para aliviar la pobreza extrema. La senadora concluyó su intervención reiterando que Colombia necesita un cambio profundo en su modelo político y económico para superar lo que ella considera una «pesadilla» bajo el gobierno actual.

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De la tarima a las pantallas

Por: Hatem Dasuky – Periodista, exdiplomático. Hasta hace muy poco el éxito de una campaña política dependía de las plazas llenas a punta de grito herido y tamales. Si las personas de los barrios y veredas que llegaban (y siguen llegando) en buses, lograban rellenar el espacio, se decía que el candidato tenía posibilidades y así se medía el termómetro del respaldo popular. Pero los tiempos han cambiado y política ya no se grita desde una tarima sino que se desliza por una pantalla, las emociones que antes estallaban en la plaza pública ahora se miden en “me gusta”, comentarios y compartidos. Ganar una elección implica entender cómo funciona la atención digital, cómo se construyen audiencias y cómo se gana confianza en un entorno tan inmediato como volátil.  Facebook, X, Instagram, TikTok y YouTube no solo han transformado la comunicación, sino que han revolucionado la manera de hacer política. El electorado —cada vez más digitalizado— consume información y toma decisiones desde su celular. El viejo esquema de recorrer pueblos en caravanas ahora se complementa y (seguramente después del atentado a Miguel Uribe se va a reemplazar por razones de seguridad) con la presencia estratégica en las redes. Las campañas ya no se miden por la cantidad de refrigerios repartidos sino por el número de interacciones, visualizaciones, compartidos, lo que se conoce como “engagement”. Lamentablemente ya no son tan importantes las propuestas, sino las narrativas virales, videos cortos, memes efectivos y transmisiones en vivo. Un candidato que sabe mirar a cámara, que entiende las reglas del algoritmo y que conecta con las emociones del usuario puede superar incluso a rivales con estructuras políticas más robustas.  El poder del algoritmo y la segmentación. La publicidad tradicional lanzaba globos al aire, sin saber a dónde caerían, hoy gracias a la segmentación, cada mensaje puede ser dirigido a públicos específicos: jóvenes de tal a tal edad, madres solteras, emprendedores, pensionados, etc.  Esto permite personalizar el discurso, aumentar la empatía y mejorar el rendimiento del gasto publicitario. Los algoritmos “premian” la interacción y la polarización, por eso los discursos extremos, controversiales o disruptivos tienen más visibilidad. Los candidatos lo saben y alinean su estilo a estas dinámicas, priorizando la viralidad sobre la profundidad. Pero no vamos tan rápido, lo digital ofrece ventajas, pero también riesgos. La manipulación emocional, los fake news, la posverdad y la fragmentación del debate público son desafíos que vienen de la mano con esta tendencia. En este nuevo escenario aparecen tras el telón, los “influencers” que se han convertido en actores políticos, ya sea promoviendo candidaturas o generando tendencia, al tiempo que en simultánea proliferan las campañas de desinformación con las famosas bodegas, ejércitos digitales pagados para dispararle al enemigo, lo que exige al elector sentido común y pensamiento mucho más crítico. Sin embargo, las redes ofrecen alcance y eficacia, pero no reemplazan por completo el contacto directo, a la gente le gusta ver a su candidato de cerca, tocarlo y hasta tomarse la selfie, por eso una campaña híbrida que combine lo digital con lo territorial, suele ser más efectiva, pero es innegable que un político que no sepa comunicar digitalmente está condenado a la irrelevancia. El político moderno necesita en su campaña estrategas digitales, creadores de contenido, community managers y analistas de datos, porque el verdadero escenario electoral está en la palma de la mano. Esta es una columna de opinión. No representa opiniones, posturas ni conceptos del periódico.

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“Vamos a ser más visitados que las Islas del Rosario”: el sueño del Hotel Villa Martha que inició con una olla de sancocho

Hace casi 40 años, Martha Lucía Cardona subía a diario en un bus desde El Pie de la Popa hasta Arjona. En cada trayecto, mientras cruzaba la zona de Turbaco, le pedía al cielo con determinación: “Señor, regálame un buen pedazo de tierra aquí”. Aunque no tenía dinero, ni tierras, ni medios, tenía una fe inquebrantable y una visión clara. Un día se enteró de que estaban vendiendo un terreno por 10 millones de pesos. Ella solo tenía ocho. Sin dudarlo, ofreció su moto como parte del pago, y el dueño aceptó. Su esposo cumplió su promesa y puso la finca a su nombre. Así nació Villa Martha, con solo cambiar dos letras a su antiguo nombre. El sueño empezó a materializarse. En ese entonces, no había comodidades. Dormía en una casita pequeña que hoy es la casa del mayordomo, cocinaba al aire libre y oraba desde un kiosquito rústico, declarando con convicción: “Aquí voy a hacer una casa grande, aquí unas piscinas, aquí unas cabañas”. Visualizaba, dibujaba y hablaba con Dios desde la terraza de su hogar, mientras criaba a sus tres hijas en medio del campo. “Mi esposo me decía: ¿y te vas a ir sin carro?, y yo le respondía: ¿acaso nací con carro? A mí siempre me encantó el campo”, recuerda entre risas. Cuando logró construir la casa, su esposo le puso un Renault en el garaje que para ella fue “como un Ferrari”. Y desde allí, como Alicia en el país de las maravillas, siguió soñando. No tenía dinero para construir las piscinas ni las nuevas cabañas, pero tampoco tenía miedo. Hipotecó la finca, pidió préstamos, enfrentó críticas y desconfianza. “Marta, allá no va nadie”, le decían. Pero ella sabía que estaba respaldada por el ejército más grande: el del cielo. Hoy, el Hotel Campestre Villa Martha es un refugio familiar en el corazón de Bolívar. Con cabañas, piscinas, jardines y espacios para el descanso, se ha convertido en uno de los destinos más concurridos de la región. Los fines de semana está lleno. Papás, mamás, hijos, nietos y abuelos se reúnen allí para celebrar la vida. “Jesús vino al mundo a formar una familia, y eso es lo que yo soñé: un lugar donde las familias puedan encontrarse, reír, descansar. Eso es Villa Martha”, dice con orgullo. En 2010, el hotel fue galardonado con el Award al mejor sitio campestre turístico de Colombia, premio que recibió en Punta Cana, en representación de todo su equipo. “Mis colaboradores son mis socios del sueño”, afirma. Hoy cuenta con convenios con Comfenalco, Comfamiliar, la Policía, los Bomberos, la Sociedad Portuaria y empresas como Argos y Ecopetrol. Han realizado eventos de hasta 1.200 personas. Y Marta no se detiene: ya proyecta construir 30 nuevas cabañas, con carritos de golf incluidos. “Ten la seguridad de que esto va a ser más visitado que las murallas del Castillo de San Felipe o las Islas del Rosario. Como vi todo esto antes de tenerlo, ya estoy viendo lo que viene”, afirma con la misma fe con la que comenzó. Su mensaje final es claro: “Cuando el miedo te ataque, no le creas. El miedo no viene de Dios. Llénate de valentía, clama, y verás cosas grandes. La fe es la certeza de lo que no se ve, y Villa Martha es la prueba de que soñar vale la pena.”

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Irene Martínez, la reina de la música tropical que dejó un legado en las fiestas de noviembre

Irene Martínez, una de las figuras más representativas de la música de la Costa Caribe colombiana, nació el 31 de diciembre de 1923 en el corregimiento de Gamero, jurisdicción del municipio de Mahates, en Bolívar. Su legado musical sigue vivo gracias a la magia de su voz, que logró inmortalizar éxitos que hoy son clásicos de la música popular, como «La bomba», «Mambaco», «Se va, se va» y muchos otros. A pesar de haber nacido en una época donde las mujeres raramente se destacaban en el ámbito musical, Irene supo abrirse paso con determinación y talento. Aunque su carrera despegó cuando ya se encontraba cerca de los 60 años, su impacto fue inmediato. Integró el grupo Los Soneros de Gamero, donde su voz poderosa y cálida se convirtió en la esencia del conjunto, dándole un lugar preeminente en la historia de la música de la región. El camino al éxito no fue sencillo. En sus primeros años, Irene y su grupo lucharon por conseguir apoyo en una industria musical que no siempre estaba dispuesta a reconocer su talento. Después de meses de tocar puertas, lograron grabar su primer disco, El Lobo en una pequeña empresa discográfica casi desconocida. Esta canción, que rápidamente se convirtió en un éxito, fue uno de los primeros temas que sonó en Radio Reloj de Caracol y, poco después, en todas las emisoras del país. La Costa Caribe, especialmente, la adoptó como una de sus grandes voces, y sus discos se vendían como pan caliente. A partir de ese momento, el repertorio de Irene Martínez se llenó de éxitos populares que resonaron en cada fiesta y celebración, no solo en la región Caribe, sino en toda Colombia. Temas como A pilar arroz, Rosa, Mambaco, Se va, se va, El negro negrito, El ron está sabroso, La penca y Adelina fueron solo algunas de las más de 200 canciones que dejó grabadas en 17 discos de larga duración. Estas composiciones no solo marcaron la pauta de la música tropical, sino que se convirtieron en himnos de la alegría y la fiesta en la región. El reconocimiento a su labor fue contundente. Irene Martínez fue galardonada en cuatro ocasiones con el prestigioso Congo de Oro en los Carnavales de Barranquilla, y durante muchos años fue declarada «fuera de concurso», un reconocimiento que subraya la trascendencia de su música y su influencia en la cultura del Caribe colombiano. Irene Martínez, con su pasión por el canto y su dedicación incansable, dejó un legado que sigue vivo en cada rincón de la Costa Caribe. Su voz sigue siendo un símbolo de la tradición musical colombiana, un legado que continúa emocionando a nuevas generaciones y que demuestra que el arte y la gloria no tienen edad. Fuente. Radio nacional de Colombia

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Cartagena se compromete a cuidar y proteger los animales con la aprobación de su nueva política pública

La ciudad de Cartagena ha dado un paso importante hacia la mejora del trato y protección de los animales con la aprobación de su Política Pública de Protección y Bienestar Animal. Este avance fue formalizado en la última sesión del Consejo de Política Económica y Social (Conpes), presidido por el alcalde Dumek Turbay. La nueva política tiene como objetivo principal regular y optimizar la gestión de la fauna silvestre y doméstica en el territorio cartagenero, promoviendo un ambiente de respeto, cuidado y bienestar para los animales. Esta iniciativa busca mejorar la convivencia entre los seres humanos y los animales, con énfasis en la protección tanto de especies silvestres como de animales domésticos. El director de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata), Adolfo Pérez, expresó su satisfacción por la aprobación de esta política, destacando que «se lo merecían los animales» y agradeciendo la activa participación de los cartageneros en las mesas de trabajo que contribuyeron a su formulación. Pérez también subrayó el compromiso de la administración municipal con el bienestar animal. La nueva política abarca diversas líneas de acción y planes estratégicos destinados a garantizar la protección de los animales, con el compromiso de todas las partes involucradas. A través de este enfoque integral, se busca no solo mejorar la calidad de vida de los animales, sino también fortalecer la educación y conciencia ciudadana sobre la importancia del respeto y cuidado hacia la fauna.

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Este era el puente construido a base de tablas que conectaba Chambacú con el Centro

En Cartagena, a principios del siglo XX, el Puente de Chambacú fue una estructura clave para la conexión entre el antiguo barrio de Chambacú y el centro amurallado, específicamente los extramuros de Getsemaní, este puente, construido de forma rudimentaria con ramazones y tablas, surgió como una solución improvisada para los habitantes de la isla Elba, quienes carecían de un acceso peatonal adecuado debido a que el puente del ferrocarril Cartagena-Calamar estaba destinado exclusivamente al tránsito de maquinaria. Día y noche, el puente se llenaba de movimiento, hombres y mujeres lo cruzaban cargados con los desechos de la plaza de mercado, los muelles, astilleros y fábricas, que reciclaban para sobrevivir y  también era común ver carretas tiradas por animales o carretillas de tres ruedas, utilizadas para transportar mercancías y materiales. Además de su función práctica, el puente también tenía un papel en las actividades recreativas y de subsistencia de la comunidad. Las aguas del Caño de Juan Angola, que entonces se comunicaban libremente con el mar Caribe, eran ricas en peces, y muchas personas se apostaban a pescar desde sus barandas, sin embargo, con el tiempo, la estructura fue deteriorándose, las barandas se destruyeron y algunas tablas cayeron, haciendo el cruce más peligroso y evidenciando el abandono del barrio por parte de las autoridades.

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