El café lidera el aumento de precios en la canasta familiar y el tradicional tintico sigue encareciéndose por factores internacionales y sequías en Brasil.
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El café se ha convertido en el producto que más ha impactado el bolsillo de los colombianos en el último año. Aunque el país es uno de los mayores productores del mundo, el valor interno del grano depende de las cotizaciones globales. Esa dinámica ha llevado a que tomar un tintico económico sea cada vez más difícil.
Según el informe más reciente del Dane, el café registró un incremento anual superior al 50 por ciento, muy por encima del nivel general de inflación. El precio de una libra en supermercados ronda entre 25.000 y 30.000 pesos para marcas comerciales, mientras que los cafés especiales superan los 40.000 pesos. Este comportamiento ha impulsado la venta de presentaciones más pequeñas para los consumidores.
El fenómeno es global y se proyecta que los precios sigan elevados. Las tensiones comerciales de Estados Unidos con Brasil y Colombia han generado incertidumbre sobre la oferta, lo que ha sostenido las cotizaciones internacionales. A esto se suma el impacto del clima: regiones cafeteras brasileñas enfrentan sequías severas y una reducción drástica en lluvias, afectando la producción del mayor exportador mundial.
El cambio climático añade presión adicional. Expertos indican que cerca de la mitad de las tierras actuales aptas para el cultivo de café podrían dejar de ser productivas en las próximas décadas. Esto obliga a desarrollar variedades resistentes, lo que también implica mayores costos para productores y consumidores.
A pesar del encarecimiento, el aumento del precio beneficia a miles de familias caficultoras colombianas, que han visto ingresos récord en 2025. Sin embargo, el panorama para los consumidores sigue siendo desafiante, con tiendas y cafeterías ajustando precios y sin señales claras de una disminución en el corto plazo.










