La pandemia marcó un punto de inflexión para los programas educativos de la Fundación Puerto de Cartagena (FPC). En medio de la crisis sanitaria y del cierre de las aulas en 2020, la Fundación asumió el reto de repensar su modelo de acompañamiento y diseñó una de sus iniciativas más estratégicas: Escuela Inteligente, un programa integral que hoy beneficia anualmente a 1.339 estudiantes, 62 docentes directivos y administrativos, y 975 familias en dos comunidades vecinas al puerto.
“En la Fundación Puerto de Cartagena creemos que la educación es el motor de la transformación social. Ese ha sido siempre el foco de nuestro trabajo”, afirma Heidi Mendivelso Bermúdez, líder de proyectos sociales de la FPC.
Antes de la pandemia, los programas educativos de la Fundación eran principalmente presenciales y comunitarios. Con la llegada del confinamiento, el primer paso fue garantizar la continuidad educativa de los beneficiarios: el Grupo Puerto de Cartagena entregó datos y tabletas a cerca de 700 niños y jóvenes. Sin embargo, este acompañamiento permitió identificar una realidad más profunda: baja conectividad, escaso contacto entre estudiantes y docentes, altos índices de deserción escolar y bajos resultados académicos en dos instituciones educativas del entorno portuario: la Institución Educativa de Ceballos y la Institución Educativa Almirante Padilla, en El Zapatero.
El diagnóstico reveló que solo el 10 % de docentes y estudiantes contaban con acceso a internet, que la deserción escolar oscilaba entre el 13 % y el 15 % —por encima de la media de la ciudad y del país— y que ambos colegios se mantenían en la categoría más baja del índice de calidad educativa. Frente a este panorama, la Fundación decidió intervenir de manera estructural.
Así nació Escuela Inteligente, un proyecto diseñado en 2020, implementado desde 2021 y consolidado en 2024, con el propósito de mejorar la calidad educativa desde un enfoque integral que involucra a toda la comunidad educativa: estudiantes, familias, docentes, directivos y personal administrativo.
El programa se estructura en cuatro componentes. El primero es la transformación cultural, que trasladó varios programas comunitarios de la Fundación al entorno escolar, convirtiéndolos en una jornada complementaria. Música, deporte, liderazgo y educación ambiental se integraron al colegio como un incentivo adicional para fortalecer la permanencia escolar y reconstruir el vínculo entre la institución y las familias.
El segundo componente es el empoderamiento psicopedagógico, enfocado en la formación de los docentes. A través de diplomados y capacitaciones en innovación pedagógica y tecnológica, los profesores adquirieron herramientas en robótica, inteligencia artificial, gamificación y uso de plataformas digitales, entendiendo que la innovación va más allá de la tecnología y transforma la forma de enseñar.
El tercer componente garantizó que ese aprendizaje pudiera aplicarse. Bajo un enfoque de etnotecnología, el Grupo Puerto de Cartagena donó al Distrito un aula de innovación pedagógica y tecnológica, equipada con 150 computadores portátiles, 60 kits de robótica, impresoras 2D y 3D, pantalla digital y estaciones para el aprendizaje basado en proyectos. Esta inversión, que en Ceballos superó los 1.500 millones de pesos, transformó por completo las condiciones de enseñanza.
El cuarto componente es el de evaluación y seguimiento, orientado a asegurar el uso permanente del aula, el desarrollo de propuestas innovadoras y la sostenibilidad del modelo en el tiempo.
Los resultados son tangibles: la deserción escolar se redujo del 13 % al 10 %, se fortaleció la motivación docente, surgieron al menos nueve propuestas pedagógicas innovadoras —como el Smart Garden, robótica y enseñanza de matemáticas apoyada en tecnología— y se ampliaron las oportunidades de formación técnica para estudiantes de grados 10° y 11°, gracias a convenios con el SENA en áreas como programación y telecomunicaciones.
De cara al futuro, el reto es que la innovación se convierta en una práctica cotidiana en el aula. La experiencia de Ceballos ya ha inspirado a la Secretaría de Educación Distrital, que incluyó la estrategia de Escuela Inteligente en su Plan de Desarrollo para replicarla en otros colegios de la ciudad. Además, el Colegio Almirante Padilla será la segunda institución en implementar este modelo con el acompañamiento de la Fundación.
Con Escuela Inteligente, la Fundación Puerto de Cartagena reafirma su compromiso con una educación de calidad, equitativa e innovadora, demostrando que, incluso en medio de la adversidad, es posible transformar la escuela y abrir nuevas oportunidades para niños y jóvenes del entorno portuario.











