Mucho antes de convertirse en uno de los destinos turísticos más reconocidos de Colombia, Cartagena de Indias ya tenía una historia que hoy permanece parcialmente oculta bajo sus calles, plazas y antiguas edificaciones. Los vestigios arqueológicos encontrados en distintos puntos de la ciudad han permitido reconstruir aspectos de la vida de sus primeros habitantes, las transformaciones de la época colonial y las costumbres de generaciones que ocuparon este territorio.
Aunque Cartagena fue fundada oficialmente por Pedro de Heredia el 1 de junio de 1533, su historia no comenzó con la llegada de los españoles. En el territorio existía un asentamiento indígena conocido como Calamarí o Kalamary, cuya presencia constituye una parte fundamental de los orígenes de la ciudad.
Con el paso de los siglos, el antiguo poblado se transformó en un puerto comercial, una plaza militar fortificada y, finalmente, en una ciudad reconocida internacionalmente por su patrimonio arquitectónico y cultural.
Antes de Cartagena existía Calamarí, un asentamiento indígena
La historia de Cartagena se remonta a una época anterior a la colonización española.
El territorio donde hoy se encuentra el Centro Histórico estaba habitado por comunidades indígenas que aprovechaban las condiciones naturales de la bahía, los cuerpos de agua y los ecosistemas cercanos.
El asentamiento de Calamarí formaba parte de ese paisaje costero, caracterizado por la presencia de canales, lagunas y áreas que facilitaban la pesca y otras actividades de subsistencia.
Cuando Pedro de Heredia llegó en 1533, encontró un territorio que ya contaba con una historia humana y cultural.
La fundación española dio inicio a profundas transformaciones políticas, sociales y urbanas, pero no eliminó por completo las huellas de las poblaciones anteriores.
Los hallazgos arqueológicos permiten comprender que la Cartagena actual se levantó sobre diferentes etapas de ocupación humana.
Los descubrimientos arqueológicos que revelan otra Cartagena
Una de las investigaciones que permite conocer ese pasado se desarrolló en 2020, durante excavaciones realizadas en la casa del Museo del Oro Zenú, ubicada en el Centro Histórico.
Los trabajos permitieron identificar materiales correspondientes a distintas épocas, desde momentos anteriores a la fundación española hasta períodos más recientes.
Entre los elementos recuperados se encontraron fragmentos de cerámica indígena, colonial y europea.
También aparecieron semillas, restos óseos y objetos relacionados con prácticas domésticas.
Estos materiales ofrecen información sobre los alimentos que consumían los habitantes, los utensilios que utilizaban y las transformaciones de la vida cotidiana.
Los investigadores también identificaron elementos vinculados con el cuidado de la salud, como frascos de botica y un termómetro.
Cada hallazgo contribuye a reconstruir una historia que no siempre aparece en los grandes monumentos ni en los relatos tradicionales sobre la ciudad.
¿Qué había bajo las casas coloniales?
Las edificaciones del Centro Histórico pueden conservar evidencias de diferentes momentos de ocupación.
Una misma propiedad pudo experimentar modificaciones arquitectónicas, cambios de uso y transformaciones en sus espacios interiores a lo largo de varios siglos.
En determinadas excavaciones arqueológicas, los especialistas pueden encontrar materiales que quedaron depositados durante esas etapas.
Los fragmentos de vajillas, utensilios, restos alimenticios y elementos constructivos permiten estudiar cómo vivían las personas que habitaron esos inmuebles.
Estos descubrimientos no significan que exista una ciudad subterránea completa bajo Cartagena.
Lo que revelan es una sucesión de huellas arqueológicas que permiten conocer distintas fases de su desarrollo urbano.
Por eso, el subsuelo del Centro Histórico representa un recurso importante para la investigación y la conservación patrimonial.
De pequeño asentamiento a uno de los puertos más importantes del Caribe
La fundación española de Cartagena transformó profundamente el territorio.
Su bahía natural y su ubicación geográfica favorecieron el establecimiento de un puerto estratégico para las rutas comerciales de la Corona española.
Con el tiempo, la ciudad se convirtió en un punto de circulación de mercancías, personas y recursos entre América, Europa y África.
También fue un escenario central de la trata transatlántica de personas africanas esclavizadas, una de las dimensiones más dolorosas de su historia.
La actividad portuaria influyó en el crecimiento de la ciudad, la construcción de edificios administrativos y religiosos, y la organización de sus espacios públicos.
Las plazas adquirieron funciones comerciales, políticas y sociales.
De esta manera, Cartagena comenzó a consolidarse como una ciudad con una estructura urbana cada vez más compleja.
Las plazas que cuentan la historia de la ciudad
El Centro Histórico conserva espacios públicos que desempeñaron funciones esenciales durante la época colonial.
La actual Plaza de la Aduana estuvo relacionada con las actividades administrativas y comerciales del puerto.
La Plaza de Bolívar, conocida anteriormente con otras denominaciones, fue escenario de importantes acontecimientos políticos, religiosos y sociales.
Alrededor de estos lugares se levantaron edificaciones que reflejaban el poder de las instituciones coloniales.
Sin embargo, las plazas también eran espacios de circulación y encuentro para comerciantes, trabajadores, habitantes libres y personas esclavizadas.
Su historia demuestra que Cartagena no fue construida únicamente a partir de grandes acontecimientos militares.
También se formó mediante las actividades cotidianas de quienes habitaron sus calles.
La ciudad que tuvo que protegerse de ataques extranjeros
El crecimiento comercial de Cartagena también la convirtió en objetivo de ataques.
Uno de los episodios más recordados ocurrió en 1586, cuando Francis Drake atacó la ciudad.
La vulnerabilidad del puerto impulsó el desarrollo de un sistema de fortificaciones que fue ampliándose durante los siglos siguientes.
Ingenieros militares participaron en el diseño de murallas, baluartes y fuertes destinados a proteger los accesos terrestres y marítimos.
Estas construcciones transformaron la apariencia de Cartagena y contribuyeron a definir la estructura del Centro Histórico que conocemos actualmente.
Las murallas no surgieron como un atractivo turístico, sino como parte de una estrategia militar vinculada con los intereses de la Corona española.
Con el paso del tiempo, aquellas obras defensivas se convirtieron en uno de los principales símbolos patrimoniales de la ciudad.
Getsemaní también guarda una historia diferente
El barrio Getsemaní constituye otro capítulo fundamental en la evolución urbana y social de Cartagena.
Su desarrollo estuvo relacionado con actividades artesanales, comerciales y portuarias.
En este sector vivieron trabajadores, artesanos, personas libres y esclavizadas que participaron en la economía de la ciudad.
La vida cotidiana del barrio estuvo marcada por dinámicas diferentes a las de algunos espacios asociados con las élites coloniales.
Con el paso del tiempo, Getsemaní desarrolló una identidad cultural que todavía se expresa en sus calles, plazas y tradiciones.
Su importancia histórica también está vinculada con los procesos de independencia y la participación popular en las transformaciones políticas de Cartagena.
Conocer su pasado permite comprender que la historia de la ciudad no se limita a sus fortificaciones y grandes edificaciones.
Cartagena tiene más de 150 sitios arqueológicos registrados
La importancia de los vestigios históricos no es únicamente una cuestión del pasado.
En agosto de 2024, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) informó que el número de sitios arqueológicos registrados en Cartagena había pasado de 146 en 2023 a 152 en 2024.
Este registro demuestra la relevancia del patrimonio arqueológico y la necesidad de contar con mecanismos adecuados para su protección.
Los sitios arqueológicos pueden contener evidencias de diferentes períodos históricos y requieren procedimientos especializados para su estudio.
Su conservación resulta especialmente importante en una ciudad donde las intervenciones urbanas y las transformaciones de inmuebles forman parte de la dinámica cotidiana.
Los hallazgos también representan oportunidades para ampliar el conocimiento sobre comunidades y prácticas que no siempre quedaron documentadas en fuentes escritas.
Un nuevo plan busca proteger la historia del Centro Histórico
En 2026, Cartagena dio un paso importante en la planificación de su patrimonio.
El 26 de junio, el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural aprobó el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) del Centro Histórico y su zona de influencia.
El instrumento busca orientar las decisiones relacionadas con conservación, recuperación, desarrollo urbano y protección del patrimonio cultural.
También contempla el manejo del espacio público, el paisaje histórico y natural, y las manifestaciones culturales asociadas con la vida de la ciudad.
La aprobación constituye un avance en la construcción de una hoja de ruta para preservar el valor histórico de Cartagena.
No obstante, su implementación depende de los procedimientos administrativos correspondientes y de la ejecución de las medidas previstas.
La protección patrimonial también exige considerar las necesidades de quienes habitan los barrios históricos.
¿Por qué es importante conservar lo que está bajo las calles?
La arqueología permite descubrir aspectos de la historia que no siempre aparecen en documentos oficiales.
Mientras las crónicas pueden describir acontecimientos políticos o militares, los objetos encontrados en excavaciones revelan detalles de la alimentación, la salud, el comercio y la vida doméstica.
Estos elementos ayudan a comprender cómo vivían distintos grupos sociales.
También permiten estudiar los cambios en las costumbres y las relaciones entre las comunidades indígenas, africanas y europeas que formaron parte de la historia cartagenera.
La conservación de los vestigios requiere investigaciones técnicas y medidas de protección adecuadas.
Una intervención no controlada puede destruir información que tardó siglos en preservarse.
Por eso, proteger el patrimonio arqueológico es también una manera de proteger la memoria de quienes construyeron la ciudad.
Una Cartagena que todavía tiene historias por descubrir
El Centro Histórico es conocido por sus balcones, plazas, iglesias y murallas, pero su riqueza cultural va mucho más allá de las construcciones visibles.
Los estudios arqueológicos demuestran que Cartagena conserva evidencias de diferentes momentos de su historia, incluidos períodos anteriores a la fundación española.
Cada objeto recuperado puede aportar información sobre la vida cotidiana y las transformaciones de la ciudad.
La existencia del antiguo asentamiento de Calamarí, los materiales encontrados en inmuebles históricos y los numerosos sitios arqueológicos registrados confirman que el patrimonio cartagenero también se encuentra bajo la superficie.
Cartagena no solo guarda su historia en las murallas: también la conserva en los vestigios de quienes habitaron este territorio mucho antes de que sus calles se convirtieran en uno de los principales atractivos turísticos de Colombia.
Conocer ese pasado permite valorar la ciudad desde una perspectiva más amplia y reconocer que su identidad es el resultado de siglos de encuentros, conflictos y transformaciones culturales.











