Hace 13 años, el embarazo de Estefany García dio un giro inesperado. La empresaria cartagenera, dedicada al sector de la carpintería metálica y madre de Isabela y Salomón, comenzó a experimentar un intenso dolor en las caderas cuando cursaba el sexto mes de gestación.
Una ecografía reveló que su bebé estaba intentando nacer antes de tiempo. El diagnóstico obligó a guardar reposo durante varias semanas para evitar un parto prematuro y permitir que el embarazo continuara de forma segura.
Sin embargo, días después apareció una nueva señal de alerta. Estefany empezó a notar un leve goteo constante. Aunque muchas personas consideraban que era una preocupación sin fundamento, ella recordó un programa sobre embarazos en el que había aprendido que la pérdida de líquido amniótico no siempre ocurre de forma abundante. Guiada por esa intuición, decidió consultar con su ginecólogo de confianza, el doctor Álvaro Martínez, en la Clínica de la Mujer.
Durante la valoración médica, el especialista confirmó que el líquido amniótico estaba disminuyendo y que el embarazo había llegado a un punto crítico. La recomendación fue inmediata: ingresar a la clínica para practicar una cesárea de urgencia y evitar que la bebé sufriera complicaciones por la pérdida de líquido.
La intervención permitió que Isabela naciera sana. Para Estefany, aquella experiencia dejó una lección que aún conserva: escuchar las señales del cuerpo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Años más tarde, esa misma convicción volvió a poner a prueba su salud. Durante un control ginecológico de rutina, al que asistió sin presentar dolor, sangrado ni ningún otro síntoma, el doctor Álvaro Martínez detectó una masa de gran tamaño.
El especialista le explicó que debía ser intervenida quirúrgicamente lo antes posible. Sin embargo, debido a que inició el proceso a través de su EPS, la autorización para la cirugía tardó ocho meses. Durante ese tiempo, el tumor continuó creciendo hasta comprometer el ovario izquierdo, que finalmente tuvo que ser extraído durante el procedimiento.
La experiencia reforzó en Estefany la importancia de la prevención. Hoy asegura que muchas enfermedades pueden avanzar silenciosamente y que la ausencia de síntomas no significa necesariamente que todo esté bien. Por eso insiste en que los controles médicos periódicos son fundamentales, incluso para quienes llevan un estilo de vida saludable.
Al recordar ambos episodios, destaca el acompañamiento recibido por parte del doctor Álvaro Martínez y del equipo de la Clínica de la Mujer. Resalta la atención especializada, la experiencia de sus profesionales, la tecnología disponible y las condiciones de sus instalaciones, aspectos que, según afirma, le brindaron confianza durante cada etapa de su atención.
Para Estefany, dos momentos decisivos de su vida tuvieron un mismo punto en común: actuar a tiempo. Una decisión permitió salvar la vida de su hija; la otra hizo posible detectar una enfermedad antes de que tuviera consecuencias aún más graves. Por eso, hoy su mensaje para otras mujeres es claro: escuchar el cuerpo, atender las señales y realizarse chequeos médicos periódicos puede hacer la diferencia.








