Por Daniel Herrera

Estudiante de Derecho, Universidad de Cartagena

Cada que llueve no deja de angustiar la certeza de las centenas de familias que deben estar inundadas, los caños, que nunca son intervenidos con visión, sino que solo se les echa una limpiadita y ya, deben estar ya completamente desbordados llevándose lo que encuentren a su paso.

Nada más el 14 noviembre del 2020 (madrugada y amanecidas de lluvias parecida a la de esta noche, igual de intensas pero más longevas), el alcalde reportó que el 70% de la ciudad se vio seriamente afectada, tan solo dimensiónense como el Centro Histórico se inunda y pasa a ser Venecia, siendo este la carta de presentación de Cartagena para el mundo, ¿lo dimensionan?, ahora dimensionen el cómo se inundan los barrios que quedan cerca a cuerpos de agua, que no cuentan con caños limpios, barrios en los que las viviendas están construidas con materiales poco resistentes pero que dan la idea de tener un techo (aunque no digno), donde dormir.

Barrios como El Pozón, los circundantes al Cerro de Albornóz, Puerto rey, La Boquilla, y toda la zona pegada a la Ciénaga de la virgen, sufren cada que hay lluvias torrenciales o comienza una nueva temporada de estas, un perfecto ejemplo de esto son canales como el Emiliano Alcalá del barrio El Socorro, el cual se desborda cada uno cuantos meses, inundando todas las casas de su alrededor o hablemos de El Campestre, donde el popular canal que da la entrada al barrio en épocas de lluvia siempre se lleva un carro, tal como pasó hace unos minutos mientras escribía esto que leen.

Y el tema de ciudad es más complejo aún, cuando revisamos que hoy no contamos con un plan maestro de drenajes pluviales vigente, contamos con el mismo sistema desde hace 30 años este viene gestándose desde el año 1982, pero solo hasta 30 años después en la alcaldía de Judith Pinedo (2011), se realizaron los estudios pertinentes, estudios que hoy, con el crecimiento de la ciudad, y sus cambios ambientales, van quedando rezagados.

Hasta acá, no se han hecho más que millonarios pañitos de agua tibia, los cuales no dan una solución integral a la Cartagena que cada que llueve tiene que subir los muebles sobre la mesa para que no se dañen, ni tampoco a la que se queda sin movilidad por los arroyitos, o a la que tiene que correr por problemas estructurales en las viviendas a revisar que no se le caiga la casa encima, que no se les dañen los electrodomésticos o que salgan volando las tejas.

El agua desbordada, que ha sido costumbre, pasa y se lleva muebles, hogares, esperanzas y deja desesperación, todo ante los ojos de autoridades que no piensan con absoluto rigor el desarrollo urbano sin control, que brindan soluciones eficaces e integrales y que con visión cortoplacista nos privan del sueño de la Cartagena Futuro. Y esta es nuestra realidad, la de una Cartagena que no se piensa, así tengan el agua al cuello.

Mucha fuerza a todas las familias Cartageneras que en la noche de hoy lo perdieron todo.