Por Ambrosio Fernández

Son tiempos difíciles en los cuáles no es sencillo mantener la calma y tener respuestas para todo, sin embargo preocupa esa espiral de polarización en la que se viene sumiendo la ciudad desde hace meses y que por estos días ha tenido hechos que nos deben llevar a hacer un alto en el camino. A raíz de la publicación del llamado “Libro Blanco” del alcalde William Dau, varios funcionarios de su administración –según denuncias de él mismo- recibieron amenazas contra su integridad. Hecho totalmente rechazable y que requiere, además, la debida investigación de las autoridades competentes.

En Cartagena se nos ha olvidado que el lenguaje incendiario y hostil en asuntos políticos desencadena muchas veces en violencia física, en muertes y sangre. Somos un país que arrastra un conflicto de más de 50 años donde muchas de las diferencias políticas terminan siendo saldadas a bala. Es por esto que el llamado a cogerla suave también es para el alcalde, pues desde antes de llegar al cargo le ha subido el tono a sus declaraciones, las cuáles encuentran eco en lo que he denominado unas “barras bravas” de la política cartagenera. No es si no asomarse a los foros que se arman en las publicaciones en redes sociales para observar la agresividad con que se tratan unos y otros.

Dau debería empezar por dejar de llamar, a todo quién no esté de acuerdo con su administración o gestión, “malandrines”. Término de entrada despectivo y que lo aleja de su visión de civismo que lo llevó a ganar la alcaldía y que lo va arropando de una imagen de caudillo extremista, al que no se le puede decir ni mu. Al mejor estilo de esas figuras políticas caribeñas que entre lo real y lo mágico retrató García Márquez en sus textos.

Es hora de cogerla suave y subirle el debate a lo público, bajarle a los insultos, a los señalamientos y echar mano, cuantas veces sea necesario, a los buenos oficios de ciertos sectores que han tratado de mediar en el enfrentamiento entre Dau y el concejo municipal, solo por citar un ejemplo. No debe ser fácil para el alcalde lidiar con tantas formas de pensar y con los constantes ataques que se reciben normalmente en la gestión de lo público, así como imagino que tampoco debe ser fácil, para aquellos que estuvieron al mando tantos años, ser precisamente unos viudos del poder. Pero la época del todo vale se debe erradicar completamente en Colombia. Hoy hay una ciudadanía que toma nota ante las actuaciones y que le huye a inscribirse en alguna orilla del tablero político, para ese grueso de ciudadanos, son más importantes las ideas, los argumentos, las propuestas, que los insultos, los apodos y los fanatismos. ¡Cojámosla suave!