“Si tienes animales, trátalos bien, y si te sirven, consérvalos”. Eclesiástico 7:22

Por Alvaro Morales de León

En Cartagena, el recurrente problema con los caballos cocheros, es un problema que por haber sido mal entendido por la administración distrital no ha podido ser solucionado.

Recientemente le volvieron a enrostrar a Cartagena las desgarradoras imágenes de caballos cocheros desplomados en plenas faenas de trabajo; hechos que se repiten como muchos problemas de esta ciudad.

No es un problema nuevo, es un problema que nació con la prestación del servicio turístico que se hace con carruajes que son arrastrados por caballos y conducidos por un operador al que se le conoce como “cochero”.

El problema no son los caballos en sí, el problema son los que operan el servicio turístico que se presta con ellos, servicio actividad privada con particulares características.

Como todos los animales, el caballo fue creado para un fin, el transporte y la carga, nunca para ser maltratado por el hombre, dejando entonces claro que si el caballo no es el que auto maltrata, sino que es el maltratado, no debe pensarse en eliminar al animal en este singular paseo turístico, especialmente el nocturno, remplazándolo por un carrito de motor que pasaría a matar el sublime encanto de divisar la historia de la ciudad en estos típicos y tradicionales coches tirados por corceles.

Los que sí deben ser sancionados drástica y ejemplarmente son todos aquellos que principalmente intervienen en la cadena de este servicio turístico, como son el propietario del animal y el cochero conductor.

Los vejámenes que continúan viéndose en las vías públicas con caballos cocheros desplomados como expresión evidente de maltrato animal son acontecimientos que hoy, en virtud de las redes sociales, son difundidos viralmente haciéndolos muy notorios y exacerbando los presuntos sentimientos de amor hacia los animales.

Este problema mal entendido es posible que tenga su génesis en pretensiones o mejor en “conchudeces” que han asumido los dueños de los caballos de exigirle a la alcaldía distrital el servicio asistencial gratuito de cuidados veterinarios, y además, el suministro también gratuito de medicamentos para su actividad que además de ser privada es una actividad que les genera importantes ingresos.

¿De dónde salió esto? ¿Quién se lo inventó? ¿Quién acostumbró a los dueños de los caballos cocheros a pensar que tienen estos derechos?
Dentro de esta problemática de los caballos cocheros que repercute en la imagen de la ciudad participa de manera inexplicable el propio Distrito de Cartagena cuando a través de la UMATA, dispensa, incurriendo en error, la atención veterinaria gratuita y hasta el suministro de drogas veterinarias a los caballos cocheros que prestan un servicio dentro de una actividad netamente privada.

Por muchos años la UMATA de Cartagena ha venido suplantado a la Junta Defensora de Animales del Distrito de Cartagena y usurpando sus funciones ya que es a esta última, la Junta, a la entidad que le correspondería ejercer la vigilancia y control de los caballos empleados en esta actividad turística, exigiéndoles los parámetros mínimos para el desarrollo de esta actividad comercial, y haciendo valer la vigilancia y control sobre la misma.

La Umata es para asuntos agropecuarios, asuntos del campo, la Umata no es para
prestar servicios a los caballos cocheros, y menos gratuitos, sobretodo porque su misión se lo impide.

Si el problema con los caballos cocheros quiere empezarse a solucionar hay que comenzar por darle vida e implementar la Junta Defensora de Animales del Distrito de Cartagena, Junta que desde el año de su legal creación por medio de Decreto Distrital,
en el año 1999, ninguno de los gobiernos ni el Concejo posteriores a su creación se han preocupado por hacerlo.

Por ser este, el paso en coches, una actividad privada, lo que en verdad le corresponde al distrito es ejercer un verdadero control sobre la misma, control que debe incluir el estado de salud del caballo que abarca, además, el estado de carnes, peso y altura de
animal, así como la exigencia con el cumplimiento del esquema de vacunación, principalmente en lo que hace referencia a enfermedades zoonóticas, como la Encefalitis Equina, y la Rabia, entre otras, enfermedades mortales para el caballo y para las personas.

Ciudades españolas como Sevilla y Granada no han renunciado a estos paseos en coches para conocer sus sitios históricos y turísticos ni han pensado en remplazar el caballo por pequeños carritos que matan el encanto de estos paseos, como lo están
haciendo bogotanos que dicen estar preocupados por este problema.