Un equipo internacional de astrónomos confirmó la existencia de Elias 2-24 b, un exoplaneta con menos de un millón de años de antigüedad que se convirtió en el planeta más joven conocido hasta ahora. El hallazgo fue divulgado por la NASA el 29 de septiembre de 2026 y representa una oportunidad para estudiar cómo se forman los mundos fuera del sistema solar. A diferencia de los planetas más antiguos que suelen detectarse, este objeto todavía se encuentra en una etapa temprana de crecimiento y permanece dentro del disco de gas y polvo que rodea a su estrella anfitriona. Su identificación ofrece nuevas pistas sobre los procesos que dan origen a los sistemas planetarios.
El planeta orbita la estrella Elias 2-24, ubicada a unos 450 años luz de la Tierra, y tiene una masa similar a la de Júpiter. Los investigadores consideran que todavía está acumulando material de su entorno, un proceso fundamental para comprender cómo crecen los planetas gigantes. El objeto fue localizado en una región vacía o brecha dentro del disco que rodea a la estrella, una estructura que puede formarse cuando un planeta en desarrollo interactúa con el material que lo rodea. La observación resulta relevante porque permite estudiar un mundo que aún conserva señales de las primeras etapas de su formación.
La confirmación fue posible gracias al análisis de datos de archivo del Observatorio W. M. Keck, ubicado en Hawái, y al trabajo de un equipo dirigido por Andrea Bernardi, estudiante de doctorado de la Universidad Diego Portales, en Chile. Los científicos revisaron observaciones realizadas en 2018 y 2020 y compararon la posición del objeto a lo largo del tiempo para establecer que se trataba de un planeta y no de una estrella de fondo o una falla en las imágenes. El estudio fue publicado el 16 de septiembre en la revista The Astrophysical Journal Letters y contó con la participación de investigadores que colaboran con la NASA.
La importancia del descubrimiento también está relacionada con los desafíos que plantea para los modelos científicos actuales. Algunas teorías estimaban que la formación de un planeta con una masa semejante a la de Júpiter podía tomar alrededor de cinco millones de años en determinadas condiciones. Sin embargo, Elias 2-24 b muestra que estos procesos podrían desarrollarse de formas más complejas de lo que se pensaba. La NASA explicó que estudiar otros planetas en formación permitirá perfeccionar las simulaciones sobre el origen de los sistemas planetarios y comprender mejor cómo pudo haber sido el nuestro durante sus primeras etapas, hace miles de millones de años.










