Así va el Covid-19 en Cartagena

Este lunes 14 de febrero, el Ministerio de Salud  confirmó cinco nuevos contagios de COVID-19 en Cartagena, para obtener un total de 156.981 desde el inicio de la pandemia.

La autoridad reportó el fallecimiento de una mujer de 86 años con hipertensión. Así, el total de muertes por COVID-19 es de 2.312. Hasta ayer, 154.136 personas se han recuperado del virus.

En el departamento de Bolívar los nuevos contagios son dos para un total de 39.112 casos. La cifra de personas fallecidas se mantiene en 916, dado el caso de que no se reportaron nuevos decesos.

Actualmente, en Cartagena estamos superando un cuarto pico de la pandemia, panorama casi similar a las cifras de contagios a nivel nacional.

 

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Doña Lola: el sabor de Cartagena en un plato de mondongo

Un lugar donde el amor se cocina a fuego lento y se sirve con una generosidad infinita, uniendo a la comunidad cartagenera alrededor de su mesa. Por: Emilio Gutiérrez Yance En Cartagena de Indias, donde el sol cálido acaricia las murallas y el bullicio de la gente llena las calles de vida, en el barrio La Esperanza, uno de los más populares, existe un rincón donde la vida huele a mondongo, a yuca hirviendo, a arroz con coco recién hecho. Es el restaurante “Doña Lola”, atendido por su dueña y alma, Dolores del Carmen De Ávila, una mujer que ha hecho de la cocina un acto de amor y resistencia. Nacida y criada en el legendario barrio Chambacú, tierra de tambores, sudores y sueños, Lola aprendió el arte de cocinar como se hereda la sangre: de manera natural. Su abuela Antonia Ramos fue la primera maestra, y a su lado, entre ollas ennegrecidas y cucharas de palo, Lola descubrió que en cada sancocho se podía contar una historia. Hoy, con 69 años a cuestas, su restaurante es punto obligado para propios y visitantes. Ella suele decir, con picardía costeña: —“Si usted viene a Cartagena y no prueba mi mondongo, es como si no hubiera venido”. Y no exagera. Su especialidad, el sancocho de mondongo de los domingos, se vende como pan caliente. La clienta María Frías recuerda con asombro la primera vez que lo probó: —“No había probado una sopa tan exquisita en mi vida”. Los taxistas y mototaxistas son sus mejores clientes. Ellos saben que en Doña Lola no solo se come, también se conversa y se ríe. Cada plato parece tener el sazón de las calles, de las historias y de la música de Cartagena. De muchacha, cuando apenas tenía 15 años, Lola empezó vendiendo fritos en La Esperanza. Luego trabajó en una casa de familia en el barrio El Cabrero, con gente que emigró a los Estados Unidos y que quiso llevársela. Pero el destino la amarró a Cartagena. Un latonero llamado Donaldo “El Mono” Sanjuan le robó el corazón y cambió sus planes. Con él crió seis hijos: dos son policías, uno estudió mecánica dental y, entre ellos, está Dalimiro Sanjuan, quien llegaría a ser comisario. Su rutina empieza cuando la ciudad aún duerme. A las 4 de la mañana camina hacia el mercado de Bazurto, donde los vendedores ya la saludan como a una vieja amiga. Vuelve cargada de pescado fresco, viandas y verduras que más tarde convertirán su restaurante en un hervidero de aromas. Doña Lola es alegre y dicharachera. La música la acompaña siempre, en especial la salsa que recuerda el barrio donde nació. Su canción favorita es “El Getsemanicense”, que canta a la Cartagena de callejones y faroles. Al final de cada jornada, bajo el calor pegajoso de la ciudad, se toma cuatro cervezas heladas para refrescarse, “para despejar la memoria y renovar las fuerzas”, como ella misma dice. El barrio entero la reconoce. En un solo día puede recibir más de cien saludos de transeúntes que, al pasar, sienten cómo el olor de su cocina se extiende por las calles de La Esperanza como una brisa invisible que convoca al apetito. Y como si el homenaje no bastara con la tierra, hasta los aviones que cruzan constantemente el cielo cartagenero inclinan su vuelo en respeto a Doña Dolores, la reina indiscutible del sancocho de mondongo. Así, entre el humo de las ollas, las carcajadas y los saludos, Doña Lola ha tejido una vida que ya forma parte de la memoria colectiva de Cartagena. Sus manos, curtidas por el tiempo y el fuego, evocan historias de lucha y superación, transmitidas de generación en generación. Su cocina emana un aroma que es un abrazo cálido, transportándonos a la Cartagena de antaño. Cada cucharada de su sancocho de mondongo es un viaje a través de su historia, una historia que se refleja en sus ojos brillantes, que ha logrado convertir su restaurante en un faro de esperanza, un lugar donde el amor se cocina a fuego lento y se sirve con una generosidad infinita, uniendo a la comunidad cartagenera alrededor de su mesa.

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EL VALOR DE LAS DOS CARAS: LA SOLUCIÓN SIEMPRE HA SIDO LA VISIBILIZACIÓN

Por: Pluma Kribe. Pensar en Cartagena evoca en el imaginario social: playas, fiestas, murallas, historia. No obstante, desde antaño, la realidad de lo que la prensa ha denominado “la otra Cartagena” es una realidad palpable que exterioriza diversas crisis y problemas sociales que parecen perpetuarse cada vigencia hasta el punto de establecerse como barreras insuperables. Estas barreras fragmentan y polarizan una idea de ciudad que el día de hoy parece continuar siendo lo que siempre ha sido: una utopía. Sin embargo, más allá de las primeras imágenes mentales que se pueden crear al escuchar leer o asociar la palabra “Cartagena” existe una problemática que convive día a día con esta en las sombras, y configura el punto de partida de esta opinión. Por año, los gobiernos locales han intentado “Invisibilizar” esta situación procurando mantener un modelo que impulsa el crecimiento turístico de la ciudad concentrando el turismo solo en la denominada “Ciudad Histórica” y la creciente “Zona Norte” obviando las potencialidades que pueden crearse en la periferia de este terruño, hegemonizando así la crisis de las “Dos caras de Cartagena, en la que se le da valor solo a un lado de la moneda y se deseña el símbolo del otro. Estas crisis, en una ciudad que intenta ser exponente turístico abren diversas lecturas a la problemática, a saber: ¿por qué si las cifras de visitantes aumentan y el flujo económico igual, las brechas entre la Cartagena de las portadas y la Cartagena de la miseria se mantienen? Y la respuesta parecer ser tan sencilla pero tan compleja que poco o nada se discute en los programas de gobierno la forma de dinamizar la oferta de servicios turísticos a las zonas alejadas. Un claro ejemplo del impacto del turismo en zonas que tradicionalmente han sido golpeadas por la delincuencia y la violencia es el turismo urbano de Medellín volcado hacia la comuna 13. ¿Tiene lugares Cartagena para emular lo realizado en Medellín? La respuesta para los nativos cartageneros es sencilla: sobran los lugares alejados del centro que pueden ser testigo de una transformación social orientado a un turismo responsable que permita visibilizar desde la cultura tours inmersivos que hagan que el dinero no solo circule en el centro histórico, sino que efectiva y realmente impacten los barrios más necesitados de la ciudad. Por mencionar algunos barrios o sectores de la ciudad, se puede indicar que hay potencialidades turísticas no exploradas debido a que se desconoce que lo feo también es una categoría estética del arte, entre ellos se puede pensar rápidamente en: Bazurto: “Ruta gastronómica alrededor de la comida caribe. Transformando el escenario de la ciénega de las quintas en miradores, pequeños muelles” Las faldas de la popa: “Escenario que emula las favelas brasileñas, y permite actividades de senderismo, vistas panorámicas de la ciudad y turismo histórico- religioso-paranormal. • la plaza de toros: lugar emblemático, reflejo de la consolidación y la colonia española en la ciudad de Cartagena. Cartagena de Indias, la heroica, el corralito de piedras, la capital de Bolívar no puede. Si aspira a consolidarse como destino turístico, seguir siendo narrada únicamente desde la postal o la promoción turística de murallas, fiestas y playas. La ciudad, como colectivo y desde sus gobernantes enfrenta al reto de asumir su complejidad ambivalente y reconocer que la exclusión sistemática y prolongada de sus periferias y sectores marginales no solo perpetúa desigualdades, sino que limita su verdadero potencial como destino cultural y humano. Por tanto, la solución para romper con las “dos caras” no radica en ocultar lo que incomoda, sino en visibilizarlo, exponerlo y resignificarlo como parte de una identidad colectiva que también merece ser contada y conocida. Experiencias como las de Medellín demuestran que el turismo puede convertirse en un motor de transformación social cuando se construye desde la memoria, la resiliencia y la participación comunitaria. Cartagena, con su riqueza histórica y cultural dispersa en barrios invisibilizados, tiene la oportunidad de transitar hacia un modelo más justo de desarrollo turístico: uno que no solo genere divisas para unos pocos, sino que abra caminos de inclusión, empleo y orgullo para sus habitantes. Uno que refleje el concepto de economía popular. Que deje ganancias no solo en grandes compañías hoteleras o en millonarios poseedores del Centro Histórico, sino que incluya al ciudadano olvidado. En últimas, el verdadero valor de Cartagena no está en esconder su realidad. La moneda vale por sus dos caras, no por la del precio. Una moneda sin símbolo no es más que un metal inservible. Debe entonces, Cartagena, hacer de sus desigualdades símbolos de resistencia y esperanza. La ciudad será realmente patrimonio de la humanidad cuando logre reconciliar sus dos caras y comprender que la solución siempre ha estado en la aceptación y no en negación de lo que es.

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“1.5 en la escala del 1 al 5″: La calificación del Exministro Gaviria al gobierno de Gustavo Petro

Desde Cartagena, en el marco del congreso de la Asociación Colombiana de Droguistas Detallistas – ASOCOLDRO, el exministro de Educación, Alejandro Gaviria, ha emitido fuertes críticas al gobierno del presidente Gustavo Petro. En su intervención, Gaviria no dudó en otorgarle un 1.5 en una escala del 1 al 5, señalando que «se ha perdido el sentido de los problemas que no dan espera», haciendo hincapié en la acumulación de problemas financieros y sociales que deben ser abordados con urgencia. Gaviria expresó su preocupación por la situación actual de la salud en Colombia, enfatizando que el desabastecimiento de medicamentos es un problema crítico que afecta a miles de ciudadanos. Recordó su experiencia como ministro de Salud y subrayó que muchos colombianos no tienen acceso a los medicamentos que necesitan, una situación que se ha deteriorado en los últimos tiempos. Además se refirió al reciente pronunciamiento del presidente sobre la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de investigar su campaña presidencial, catalogándolo como un intento de desviar la atención de los problemas urgentes que enfrenta el país. Finalmente, el exministro calificó como insustancial en que las personas estén enfocadas en si el CNE tiene competencia para investigar la campaña del presidente, argumentando que el país necesita una atención enfocada en los asuntos que realmente afectan la vida cotidiana de los ciudadanos, en lugar de enredarse en disputas administrativas.

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De Getsemaní a Bazurto: la transformación del Mercado en Cartagena

En la última década del siglo XIX, Cartagena enfrentaba un desafío significativo en su infraestructura comercial. Entre 1888 y 1890, la ciudad comenzó a considerar la necesidad de construir un mercado público que pudiera suplir la creciente demanda de un espacio organizado para el comercio. Durante este periodo, Rafael Núñez se encontraba en su tercer mandato presidencial y Antonio Gambín era el alcalde de Cartagena. La antigua plaza del mercado, situada en lo que hoy conocemos como la Plaza de la Aduana, consistía en vendedores de pescado, pequeños graneros y una carnicería, distribuidos de manera informal y desorganizada. La solución a esta desorganización llegó con la construcción del Mercado de Getsemaní, un proyecto que se hizo realidad en 1904. Este mercado fue parte de un conjunto de obras destinadas a conmemorar el centenario de la independencia de España, celebrado en 1911. Diseñado por el arquitecto Luis Felipe Jaspe Franco y construido por Joaquín Nicasio Caballero Rivas bajo la dirección de Jaspe, el Mercado de Getsemaní fue inaugurado en febrero de 1904 en la ubicación actual del Centro de Convenciones de Cartagena. La estructura se dividía en varios sectores: un área para carnes, que abrió en 1920, y una para granos, en funcionamiento desde 1925. Además, en 1955 se añadió un pabellón para zapaterías y otros comercios, adaptándose a las necesidades de los cartageneros de la época y facilitando las compras en una época en la que no existían centrales de abastos. El Mercado de Getsemaní se convirtió en un importante centro comercial, representando un punto de convergencia para habitantes de diferentes estratos sociales. Sin embargo, con el tiempo surgieron varios problemas. La expansión descontrolada de vendedores informales, la invasión del espacio público, la deteriorada infraestructura, y un deficiente ambiente de trabajo comenzaron a hacer mella en el mercado. La situación se agravó el 4 de septiembre de 1962, cuando un devastador incendio conocido como “El Gran Incendio” arrasó con numerosos negocios y dañó parte del techo del pabellón principal. Estos eventos evidenciaron la necesidad de construir un nuevo mercado. El 20 de julio de 1978, el antiguo Mercado de Getsemaní se encontraba en un estado de ruina y abandono. El lugar, que había sido vibrante y bullicioso, se había convertido en un esqueleto de lo que había sido. Al día siguiente, los habitantes de Cartagena encontraron el área despejada, dando paso a un horizonte limpio que se extendía hacia la bahía. Gustavo Lemaitre Román y José Henrique Rizo Pombo fueron los encargados de liderar la construcción del nuevo mercado, cada uno desde sus respectivas administraciones. Para enero de 1978, los trabajadores fueron trasladados a la nueva plaza, y el Mercado de Getsemaní comenzó a ser demolido. La introducción del mercado en la ciudad durante los años setenta también impulsó la necesidad de modernizar el mercado. El 22 de enero de 1978, Cartagena presenció un evento significativo: el traslado de los dos mil quinientos vendedores del Mercado de Getsemaní a las nuevas instalaciones del Mercado de Bazurto. Este traslado, al ritmo de las papayeras, marcó el inicio de una nueva era para el comercio en la ciudad. El cuarenta por ciento de los comerciantes ocupó sus nuevos locales en un espacio amplio y moderno, muy diferente de las estrecheces del antiguo mercado. A medida que avanzaban las semanas, las mudanzas, demoliciones y limpiezas continuaron transformando el antiguo sitio, que algunos comparaban con un tumor que debía ser extirpado. Hoy en día, el Mercado de Bazurto se ha consolidado como el principal centro de abastos y víveres de Cartagena, y uno de los más grandes y concurridos de la ciudad. Ofrece una amplia gama de productos, desde pescado, carne, frutas y verduras hasta ropa, artesanías y electrodomésticos. Aunque no es un destino turístico popular debido a preocupaciones de seguridad y a las duras críticas que recibe, el mercado sigue siendo un punto vital para los locales. El Mercado de Bazurto es una parte fundamental del tejido económico y social de Cartagena. Su vibrante oferta de productos y el entorno sensorial único que proporciona contrastan marcadamente con el pulido centro histórico de la ciudad. Es un lugar donde los cartageneros encuentran lo que necesitan a buenos precios, directamente de quienes cosechan, pescan o preparan los productos. Además, sirve como un punto de encuentro para personas de diferentes estratos sociales, desempeñando un papel crucial en la vida diaria de muchos hogares y sectores económicos de la ciudad. Su importancia radica en ser el corazón comercial de los barrios, donde se entrelazan las historias de aquellos que, desde muy temprano en la mañana, se esfuerzan por asegurar el sustento de sus familias.

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Lecciones legales: Qué hacer y qué no hacer en las redes sociales para propietarios de empresas

En el panorama digital actual, las redes sociales ya no son opcionales para las empresas: son una herramienta esencial para construir la marca, fidelizar a los clientes e impulsar las ventas. Sin embargo, navegar por el mundo de los «me gusta», las publicaciones compartidas y los hashtags puede ser un campo minado legal. Desconocer las normas puede meterte en problemas, con multas costosas, daños a la reputación e incluso acciones legales. Este artículo ofrece una guía esencial sobre qué hacer y qué no hacer en las redes sociales para que los dueños de negocios se aseguren de aprovechar su poder de forma responsable y legal. Redes sociales para empresas: la forma legal de conseguir una gran cantidad de seguidores Los «Do»: Construir una presencia en línea sólida y segura Lo que no se debe hacer: cómo evitar problemas legales Mantenerse a la vanguardia La normativa sobre redes sociales evoluciona constantemente. Es fundamental mantenerse informado sobre las últimas novedades legales y las mejores prácticas. Consulte con profesionales legales especializados en redes sociales para garantizar que su empresa cumpla con la normativa. Las redes sociales ofrecen inmensas oportunidades para que las empresas se conecten con su público objetivo y alcancen sus objetivos de marketing, ya que han ayudado a muchos bellas kinesiologas Cusco. Sin embargo, es fundamental navegar por este panorama con precaución y conciencia. Siguiendo estas recomendaciones, los dueños de negocios pueden aprovechar eficazmente el poder de las redes sociales, a la vez que minimizan los riesgos legales y construyen una marca sólida y de buena reputación. Recuerde que las prácticas responsables y legales en redes sociales no solo se centran en evitar problemas legales, sino también en generar confianza, fomentar relaciones positivas y crear una presencia en línea sostenible.

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Más de 300 caracoles africanos encontrados en Cartagena: EPA y Guardia Ambiental toman medidas

La proliferación del caracol africano en Cartagena ha generado preocupación, especialmente tras las lluvias recientes, donde el pasado miércoles, EPA Cartagena y la Guardia Ambiental extrajeron 350 ejemplares de un lote baldío en el barrio 13 de Junio.  Siendo así, el caracol africano es considerado una especie invasora peligrosa, ya que transmite parásitos que pueden causar enfermedades graves, como meningitis y bronquitis.  Por lo anterior, EPA Cartagena recomienda evitar el contacto directo con estos caracoles y desaconseja su uso como mascotas o carnada, pues se ha convertido en una práctica que aumentaría el riesgo de ser víctimas de esta especie.  Sin embargo, para enfrentar la situación, se han dispuesto recursos educativos en la página web de EPA Cartagena y se realizan visitas pedagógicas por parte de técnicos y la Guardia Ambiental. Por ello, estas acciones buscan informar a la comunidad sobre las medidas de control y prevención. Asimismo, entre las recomendaciones se incluyen el uso de guantes al manipular los caracoles, eliminar refugios potenciales y no usar venenos, donde los caracoles deben ser desechados cuidadosamente con cal o sal, para minimizar riesgos a la salud.

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