Así Somos en la Costa: Mildre Cartagena presenta su show hoy en Barranquilla

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La mamá de todos, Mildre Cartagena, conquista los escenarios nacionales con su espectáculo de teatro musical más esperado: ‘Así Somos en la Costa’.

Este show lleno de color, fusión de teatro, música y baile nació como homenaje a la rica cultura costeña que llenó un teatro completo en Bogotá y ahora se alista para Barranquilla y Cartagena.

Hoy, miércoles 11 de diciembre será la presentación en Universidad del Atlántico, y este próximo 17 y 18 de diciembre en Cartagena. Aún puedes adquirir tus boletas con descuento a través de La Tiquetera, haz click aquí.

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Policía ofrece 50 millones de pesos de recompensa tras asesinato de agente esta mañana

La Policía Metropolitana de Cartagena confirmó el asesinato del subintendente Francisco Javier Bertel Pérez, quien fue atacado con arma de fuego en la avenida Crisanto Luque, a la altura del barrio El Bosque, alrededor de las 7:00 a. m. Tras conocerse el hecho, la Policía Nacional desplegó un equipo especial de investigadores para dar con la captura de los responsables de este crimen, que enluta a la institución. En coordinación con la Alcaldía de Cartagena, se ha ofrecido una recompensa de hasta 50 millones de pesos por información que permita identificar y capturar a los autores del homicidio. “La Policía Nacional se solidariza con la familia de nuestro uniformado y reafirma su compromiso de desplegar todas las capacidades necesarias para llevar a los responsables ante la justicia”, señala el comunicado oficial. Las autoridades invitan a la ciudadanía a brindar información a través de las líneas habilitadas para esclarecer el caso lo más pronto posible.

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Hatem Dasuky: la historia de un pueblo en Canadá que resucitaron los colombianos

Por Hatem Dasuky, Ex Cónsul General en Montreal, Canadá Actualmente decenas de colombianos habitan una pequeña población en Canadá llamada Sainte-Clotilde, en la Provincia de Quebec, un pueblo que estuvo cerca de desaparecer por la falta de habitantes, sin embargo, gracias a una migración controlada de colombianos y liderada por el Consulado en Montreal, el pueblo sobrevivió. Esta es una crónica sobre como a través de la diplomacia se puede transformar positivamente la vida de connacionales, escrita en primera persona por Hatem Dasuky, quien fuera Cónsul General de Colombia para las provincias del Este Canadiense, con sede en Montreal, Quebec. Esta es la historia: Comenzaba el 2006 cuando llegó al Consulado Eva López, una pereirana carismática, vibrante, llena de energía y optimismo, que irradiaba una confianza y alegría contagiosa. Eva era la Directora de  Integration communautaire des inmigrants (ICI) en Thetford Mines, Quebec, una organización que ayuda a los migrantes a integrarse a la sociedad, haciendo más llevadera su nueva vida y la de sus familias.  Me dijo que en Sainte-Clotilde, un pequeño poblado de su región, que casi no sale ni en el mapa, habían cerrado la escuela por falta de niños y la fábrica más grande que daba empleo a sus habitantes estaba trabajando a media marcha porque no había mano de obra, en pocas palabras, el pueblo de 500 habitantes aproximadamente, moría lentamente. Su población estaba principalmente compuesta por adultos mayores porque las personas que tenían edad para trabajar activamente, prefirieron salir en busca de otros trabajos a las grandes ciudades o a los Estados Unidos, donde pagaban mejor. Mientras ella me contaba, pasaban por mi mente las familias de compatriotas que desfilaban por el consulado contándome sus penas y necesidades, como la dificultad para conseguir trabajo, para acceder a un crédito, el costo de vida tan alto en Montreal, etc. Entonces le propuse a Eva que me iba a poner en la tarea de buscar unas buenas familias, con niños pequeños, que estén interesadas en dejar la ciudad para irse al campo, pero primero yo quería ir a la región, conocer el pueblo, hablar con las autoridades y explorar cuáles serían las condiciones en las que estarían nuestros connacionales. Viajé a la semana siguiente, Eva me presentó al Alcalde de Sainte-Clotilde, me llevó a ver la escuela que estaba cerrada, recorrimos las pocas calles del pueblo, estaba tan entusiasmada como yo. Se trataba ni más ni menos que cambiar para siempre la vida de varias familias colombianas residentes en Canadá. La escuela pública me impresionó, era de primera categoría, tenía unas locaciones impecables, pupitres nuevos y una dotación que no tenía nada que envidiarle a las más costosas de las escuelas privadas de cualquier país de América Latina. Regresé a Montreal con la ilusión de conseguir unas cuantas familias, que comencé a entrevistar. Los primeros que llegaban venían de zonas rurales de Colombia, desplazados por la violencia, por lo que podrían gustarles la propuesta, pero temía que el frío los asustara. Debía decirles que era un lugar para trabajar y los niños estudiar, justo para familias, no era un destino de diversión para jóvenes estudiantes o personas solteras. Luego de escoger unas 10 familias que en promedio comprendían 40 niños, armamos un viaje a la región para que ellos vieran si les gustaba y aquel sería el lugar apropiado para sus nuevas vidas. Llegamos primero a la escuela, no se sabía quienes estaban más contentos, si los nuevos migrantes, los profesores o yo. Luego fuimos a la fábrica que estaba trabajando a media marcha y nos dimos cuenta que los trabajos eran manuales que requerían poco entrenamiento, incluso una familia que tenía una panadería en un barrio de Cali, pensó en montar una para hacer pandebonos y repostería colombiana. Días después el sueño se cumplió. La escuela abrió y se llenó de alegría, en las calles aledañas donde reinaba el silencio, se escuchaba la risa de los niños jugando, los abuelitos del pueblo salían sorprendidos a ver a sus nuevos vecinos y la fábrica que estaba a punto de cerrar comenzó a entrenar mano de obra nueva y no les digo como quedaron esos pandebonos en la nueva panadería ubicada en la calle principal. El alcalde me dijo:  “los colombianos resucitaron Santa Clotilde”.

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Fue asesinada una mujer de 44 años en el barrio Ternera: tenía anotaciones judiciales 

La noche de ayer jueves 24 de octubre, Vianis Ruiz Barrios, de 44 años, fue asesinada a tiros en el barrio Ternera de Cartagena. El ataque ocurrió en el sector Rincón Guapo, cuando dos hombres en moto dispararon a quemarropa contra la mujer, quien murió poco después de ser trasladada a una clínica. El crimen ha generado consternación en la comunidad cartagenera, especialmente por la sospecha de que este hecho podría estar vinculado al reciente asesinato de Katerine Ruiz Soracá, que en redes sociales aseguran que era hermana de la víctima, quien fue ultimada bajo circunstancias similares en el barrio San Fernando tan solo cuatro días antes. Al igual que Vianis, Katerine también fue asesinada por dos sicarios en moto, quienes le dispararon en la cabeza cuando se dirigía hacia su residencia.  Se confirmó que Vianis Ruiz Barrios sí tenía anotaciones judiciales previas por delitos relacionados con el tráfico de estupefacientes, en los años 2021 y 2022. La Policía capturó a un sospechoso del homicidio, mientras la investigación sigue su curso para esclarecer los motivos detrás de estos hechos que tienen consternada a una comunidad. Con Vianis Ruiz son 20 las mujeres asesinadas en lo que va del año en Cartagena.

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El Festival de Música del Caribe en Cartagena: una fiesta que unió culturas y trascendió fronteras 

El Festival de Música del Caribe, que inició en marzo de 1982, convirtió a Cartagena en un punto de encuentro multicultural. Organizado por Antonio ‘El Mono’ Escobar y Paco de Onís, este evento nació con la idea de crear «la rumba más grande de la ciudad», consolidando a Cartagena como el epicentro cultural del Gran Caribe. En su primera edición, celebrada en la Plaza de la Serrezuela, se presentaron artistas de la talla de Freddy McGregor y Ángel Viloria, quienes introdujeron nuevos ritmos como el reggae y el calypso en la ciudad. A medida que el festival crecía, en 1985 se trasladó a la Monumental Plaza de Toros debido a la creciente asistencia. Fue entonces cuando el maestro Francisco Zumaqué compuso el icónico himno del festival, «Colombia Caribe», que se convirtió en un símbolo de la identidad del evento. Este crecimiento también permitió la inclusión de más artistas, destacando la participación de grandes exponentes colombianos como Joe Arroyo, Juan Carlos Coronel, Wilson Saoko; y entre otros, quienes llevaron el sabor de la música tropical y la salsa a los escenarios del festival. Además de la música, el festival incluyó otras manifestaciones artísticas como muestras de pintura y escultura, y en 1991, el Sancochódromo, la primera muestra de comida caribeña. También surgieron eventos como la Gran Parada, donde los cartageneros disfrutaban de desfiles llenos de color y alegría, y el Foro de la Cultura Caribe en 1984, que promovió debates sobre la identidad del Caribe y su historia musical. El festival también impulsó la creación de otros eventos culturales paralelos, como la Feria del Caribe del Gallo Fino y el recital de poesía del Caribe, reflejando la diversidad cultural de la región. A lo largo de sus ediciones, el festival fue un espacio donde la música, la literatura y el arte se entrelazaron, permitiendo que Cartagena se convirtiera en un referente cultural del Caribe. El impacto del Festival de Música del Caribe no solo se sintió en la ciudad, sino que atrajo a miles de visitantes internacionales, muchos de ellos sorprendidos por la accesibilidad de un evento de tal magnitud. Mientras en festivales internacionales las entradas costaban miles de dólares, aquí se ofrecían a precios populares, permitiendo que personas de todas las clases sociales disfrutaran de la experiencia. Aunque la asistencia fue baja en la primera edición, con el tiempo el festival logró convertirse en un evento inclusivo. Los barrios populares de Cartagena y las zonas más acomodadas se unieron en una celebración única que, durante quince años, promovió la identidad caribeña y permitió a la ciudad brillar como epicentro cultural. El legado del Festival de Música del Caribe sigue vivo en la memoria de aquellos que disfrutaron de su esplendor. Durante sus años de existencia, el evento no solo celebró la riqueza musical del Caribe, sino que también promovió la integración y la identidad cultural de la región.  Fuente. Morales Espinosa, R. (2015). Música y Fiesta: Un análisis histórico del festival de Música del Caribe, Cartagena 1982-1996. Universidad de Cartagena

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En fotos: este fue el primer carro que circuló en Colombia y que era conocido como «el caballo del demonio»

El 19 de octubre de 1899, Medellín fue testigo de un acontecimiento histórico: la llegada del primer automóvil al país. Este vehículo, un modelo rojo de la marca francesa Dion Boutton, fue traído por Carlos Coroliano Amador Fernández y conducido por un chofer francés. En un domingo soleado, a la salida de misa, el auto comenzó a circular por las calles de la ciudad, sorprendiendo a todos los presentes. El automóvil, capaz de transportar a tres personas y con una velocidad máxima de 25 km/h, generó gran revuelo, aunque no sin cierto temor. Su funcionamiento con manivela y su apariencia inusual llevaron a muchos a llamarlo el “caballo del demonio”. Pocos días después de su llegada, estalló la Guerra de los Mil Días, lo que sumó a la inquietud de la población. Sin embargo, el vehículo enfrentó problemas debido a las calles de piedra de Medellín, lo que obligó a su dueño a recurrir a la ayuda de dos personas para empujarlo. Esta situación se convirtió en motivo de burlas y anécdotas entre los habitantes de la ciudad.  El 25 de febrero de 1901, Bogotá recibió su primer automóvil, un Orient que alcanzaba casi 20 km/h, seguido por un Cadillac que llegó a Boyacá en 1909, traído por el Expresidente Reyes para la inauguración de una carretera. En Cali, el primer auto que dio la vuelta a la plaza de Caicedo en 1913 generó un gran interés, aunque no está claro si era un Ford o un Reo. La llegada de estos automóviles marcó el inicio de la evolución de la industria automotriz en Colombia. Modelos como el Ford A, el Ford de 1946 y el Jeep Willys que llego en 1946, entre muchos otros se convirtieron en iconos del transporte en el país, adaptándose a las condiciones y necesidades de los colombianos. Fuente: Mitsubishi-motors.com.co Fotos: A quien corresponda 

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