Cartagena busca que sus principales proyectos de infraestructura puedan generar o gestionar parte de la energía que necesitan para funcionar. Esa fue una de las apuestas anunciadas por el alcalde Dumek Turbay durante la apertura del XXVII Congreso Andesco, celebrado el 25 de junio de 2025, en medio de las discusiones nacionales sobre tarifas, calidad de los servicios públicos y seguridad energética. El mandatario explicó que su administración adelantaba conversaciones con empresas del sector para incorporar soluciones de autosostenibilidad energética en nuevas instalaciones públicas. Entre las iniciativas mencionadas estuvieron el Gran Malecón del Mar, el Distrito Creativo de Manga, el Complejo Deportivo Nuevo Chambacú y nuevas instituciones educativas oficiales. El anuncio representó una propuesta de modernización que podría tener efectos sobre los costos operativos del Distrito, aunque la administración no presentó en aquella intervención un presupuesto consolidado ni diseños técnicos definitivos para cada sistema energético.
La discusión se produjo en un contexto de preocupación por los costos de los servicios públicos y la necesidad de fortalecer la seguridad energética del país. Durante su intervención, Turbay insistió en que el debate no debía limitarse a las tarifas, sino que también debía abordar problemas de planificación, continuidad y capacidad de respuesta del sistema. En ese escenario, la autosostenibilidad de edificios y espacios públicos aparece como una alternativa para disminuir parcialmente la dependencia del suministro convencional y promover un uso más eficiente de los recursos. Las posibles soluciones podrían incluir sistemas solares, almacenamiento, gestión inteligente del consumo y otras tecnologías, dependiendo de los estudios de viabilidad. Sin embargo, estas tecnologías son opciones técnicas generales y no deben presentarse como equipos ya contratados para los megaproyectos mencionados por el alcalde.
En el mismo congreso, Turbay aseguró que Cartagena tenía más de $2 billones en obras en marcha y aproximadamente $500.000 millones asociados a proyectos viales. También destacó el funcionamiento del sistema masivo Transcaribe con gas natural como parte de la estrategia de movilidad de la ciudad. El alcalde utilizó estos antecedentes para presentar una visión de desarrollo urbano en la que infraestructura, transporte y servicios públicos debían avanzar de manera coordinada. La propuesta de autosostenibilidad energética cobra relevancia porque los nuevos escenarios deportivos, instituciones educativas y espacios públicos requieren electricidad para iluminación, climatización, seguridad y operación. Una adecuada planificación energética desde las etapas de diseño puede reducir gastos futuros, pero el resultado depende de la inversión inicial, la demanda real de energía y los costos de mantenimiento.
Los beneficios que podrían tener los nuevos proyectos
En el caso de las instituciones educativas, una infraestructura energética eficiente podría contribuir a mejorar las condiciones de funcionamiento de aulas, equipos tecnológicos y espacios comunes. En escenarios deportivos, el consumo está asociado a iluminación, climatización y operación de instalaciones. Para proyectos como el Gran Malecón del Mar, la demanda puede incluir alumbrado, vigilancia y servicios complementarios. Cada instalación presenta necesidades diferentes y, por tanto, requiere soluciones particulares. La autosostenibilidad tampoco significa necesariamente desconectarse por completo de la red eléctrica. Un proyecto puede reducir su consumo externo sin alcanzar autonomía total. Por eso, cualquier balance sobre el anuncio de 2025 debe diferenciar entre eficiencia energética, autogeneración y capacidad real de operar sin suministro de la red.
A más de un año de la presentación realizada en Andesco, la principal pregunta es qué proyectos han incorporado efectivamente componentes de generación o eficiencia energética. La Alcaldía deberá precisar si existen contratos, estudios técnicos, acuerdos con empresas y metas de ahorro para las instalaciones anunciadas. También sería necesario establecer cuántos kilovatios de capacidad se proyectan, qué porcentaje del consumo podría cubrirse y cuál sería el periodo estimado de recuperación de la inversión. Estos indicadores permitirían evaluar la viabilidad económica y ambiental de la propuesta. La iniciativa de 2025 tiene relevancia para Cartagena porque plantea un cambio en la forma de concebir la infraestructura pública: no solamente construir nuevos espacios, sino planificar desde el inicio cómo funcionarán y cuánto costará mantenerlos.











