Con más de 400 composiciones y una trayectoria que llevó los sonidos de los Montes de María hasta México, Venezuela, Panamá y República Dominicana, Andrés Landero se convirtió en uno de los músicos más importantes de la historia del folclor colombiano. Aunque nunca ganó el Festival de la Leyenda Vallenata, su legado fue reconocido con el título de Rey Vitalicio.
Antes de que su acordeón sonara en escenarios internacionales, Andrés Landero era un joven campesino que recorría los caminos de San Jacinto, Bolívar, entre cultivos, montañas y celebraciones populares. Nació el 4 de febrero de 1931, en una población de los Montes de María que terminaría convirtiéndose en parte fundamental de la historia musical de Colombia. Desde allí comenzó una trayectoria que lo llevaría a ser reconocido como el Rey de la Cumbia, título que trascendió las fronteras del país.
Su historia demuestra cómo un músico de origen campesino logró transformar los sonidos de su entorno en un patrimonio musical reconocido internacionalmente. Con el acordeón como instrumento principal, Landero desarrolló una manera particular de interpretar la cumbia, incorporando los sonidos de la naturaleza, las historias de los pueblos y las expresiones tradicionales del Caribe colombiano.
A lo largo de su carrera compuso más de 400 canciones, grabó numerosos discos y realizó presentaciones en diferentes países latinoamericanos. Sin embargo, uno de los aspectos más representativos de su trayectoria fue su permanente vínculo con San Jacinto, tierra que inspiró gran parte de sus composiciones y de su identidad artística.
De los cultivos de San Jacinto a descubrir su pasión por el acordeón

Andrés Gregorio Guerra Landero creció en una familia estrechamente relacionada con la música tradicional. Su padre, Isaías Guerra, era gaitero y estuvo vinculado a la generación de músicos que acompañó el desarrollo de las gaitas en los Montes de María. Su madre, Rosalba Landero, también fue una figura importante en su infancia.
Durante sus primeros años, Andrés combinó las actividades propias de la vida campesina con el descubrimiento de los sonidos que posteriormente influirían en su obra. El canto de las aves, el ambiente de los montes y las historias de los habitantes de San Jacinto fueron elementos que terminaron reflejándose en sus canciones.
Una crónica recuperada por Radio Nacional de Colombia relata que, siendo adolescente, se independizó de su familia y comenzó a trabajar en cultivos de tabaco y yuca. Durante esa etapa desarrolló una creciente fascinación por el acordeón, especialmente después de escuchar a otros intérpretes que recorrían las poblaciones de la región.
Su primera composición fue «Alicia la campesina», una canción inspirada en un amor de juventud. Aquella experiencia marcaría el comienzo de una carrera en la que el músico convertiría historias sencillas de la vida cotidiana en composiciones que posteriormente serían escuchadas por miles de personas.
El músico que hizo del acordeón una nueva manera de interpretar la cumbia
Aunque el acordeón estaba estrechamente relacionado con el vallenato, Andrés Landero encontró en este instrumento una oportunidad para desarrollar una interpretación particular de la cumbia colombiana.
Su estilo se caracterizó por combinar ritmos tradicionales de la región sabanera con una ejecución melódica inspirada en los sonidos de la naturaleza. Esta propuesta le permitió diferenciarse de otros acordeoneros de su generación y consolidar una identidad musical propia.
Landero no se limitó a interpretar vallenatos. Su repertorio incluyó cumbias, paseos, merengues, sones y otros ritmos característicos del Caribe. Precisamente esa diversidad fue uno de los elementos que hicieron de su obra una referencia para el desarrollo de la música tropical colombiana.
Su música también conservó un fuerte componente narrativo. Muchas de sus composiciones hablaban de campesinos, animales, amores, celebraciones y acontecimientos de los pueblos. A través de esas historias, el acordeonero logró retratar aspectos de la vida cotidiana de las comunidades rurales del Caribe.
Las canciones que convirtieron a Andrés Landero en una leyenda
Entre las más de 400 composiciones atribuidas al artista aparecen obras que continúan formando parte del repertorio tradicional de la música colombiana.
«La pava congona» es una de las piezas más representativas de su manera de interpretar el acordeón, especialmente por la relación entre sus melodías y los sonidos de las aves. Otras canciones como «Perdí las abarcas», «El clarín de la montaña», «Flamenco», «Canto negro» y «La muerte de Eduardo Lora» también contribuyeron a consolidar su reconocimiento.
En 1964 comenzó su carrera discográfica con Discos Curro, sello musical vinculado al empresario cartagenero José María «Curro» Fuentes. Un año después pasó a formar parte del catálogo de Discos Fuentes, compañía con la que desarrollaría una parte importante de su producción musical.
Entre sus trabajos discográficos se encuentran Fiel Caricia, Cumbia en la India, Mujer Querida, Voy a la fiesta y Bailando Cumbia. Estas producciones contribuyeron a difundir sus composiciones y a posicionar los sonidos tradicionales de San Jacinto en otros escenarios del país.
De San Jacinto a México: el acordeón que cruzó fronteras
El reconocimiento de Andrés Landero no se quedó en Colombia. Con su conjunto musical realizó giras por Venezuela, Panamá, República Dominicana y México, países donde la cumbia colombiana encontró nuevos públicos.
México fue uno de los territorios donde su música alcanzó especial reconocimiento. Allí recibió el título de Rey de la Cumbia, distinción que también obtuvo en El Banco, Magdalena. Su obra contribuyó a la circulación internacional de la cumbia de acordeón y a su incorporación en nuevas tradiciones musicales latinoamericanas.
En Argentina, sus grabaciones también encontraron seguidores, consolidando un legado que continuó expandiéndose incluso después de su fallecimiento.
Nunca ganó el Festival Vallenato, pero terminó siendo Rey Vitalicio

Uno de los episodios más recordados de su trayectoria fue su participación en el Festival de la Leyenda Vallenata, en Valledupar. A pesar de su reconocimiento como acordeonero, Landero nunca consiguió coronarse Rey Vallenato en competencia.
Participó en cinco ocasiones y obtuvo dos segundos lugares y tres terceros puestos. Su estilo sabanero, marcado por la influencia de la cumbia, lo diferenciaba de los exponentes tradicionales de las escuelas vallenatas del Cesar y La Guajira.
Sin embargo, en 1999, un año antes de su fallecimiento, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata lo reconoció como uno de sus cinco Reyes Vitalicios, junto con Francisco «Pacho» Rada, Abel Antonio Villa, Antonio Salas y Lorenzo Morales.
El reconocimiento destacó su contribución a la música de acordeón y la importancia de las diferentes escuelas regionales que ayudaron a construir la historia del vallenato colombiano.
El 1 de marzo de 2000 murió una de las leyendas de Bolívar
Andrés Landero falleció el 1 de marzo de 2000 en Cartagena, a los 69 años. Su muerte significó la partida de uno de los principales exponentes de la cumbia con acordeón, pero no el final de su influencia musical.
Su repertorio continuó circulando en grabaciones, festivales, colecciones musicales y encuentros culturales dedicados al folclor colombiano. Con el paso de los años, sus composiciones han servido como referencia para músicos interesados en conservar las raíces tradicionales de la cumbia.
En San Jacinto, su nombre permanece estrechamente relacionado con la identidad cultural de los Montes de María, territorio que también ha dado origen a importantes expresiones de gaitas, tambores y música campesina.
Su nieto Yeison Landero mantiene viva la tradición en escenarios internacionales
Más de 26 años después de su fallecimiento, el legado de Andrés Landero continúa a través de nuevas generaciones. Uno de sus principales representantes es su nieto Yeison Landero, músico nacido también en San Jacinto, quien aprendió a interpretar el acordeón bajo la influencia directa de su abuelo.
Yeison ha llevado la cumbia sabanera a escenarios internacionales y ha participado en proyectos que buscan conservar las características tradicionales de este género, al tiempo que lo acercan a nuevos públicos.
En octubre de 2026, el músico fue noticia por su participación en actividades culturales en Turquía. Durante este año también realizó giras internacionales y recibió reconocimientos en Chicago, Estados Unidos, por su trabajo de difusión de la cumbia colombiana.
La continuidad de esta tradición demuestra que la música de Andrés Landero no pertenece únicamente al pasado. Sus composiciones siguen formando parte de un patrimonio cultural que conecta a San Jacinto con escenarios de América, Europa y otros continentes.
Un campesino de Bolívar que dejó una huella en la música colombiana
La historia de Andrés Landero representa el recorrido de un músico que encontró inspiración en las costumbres de su pueblo y logró convertirlas en canciones reconocidas internacionalmente.
Sin abandonar las raíces campesinas que marcaron su infancia, construyó una trayectoria de más de cuatro décadas, grabó numerosas producciones discográficas y dejó un repertorio superior a las 400 composiciones.
Su aporte permitió ampliar el reconocimiento de la cumbia interpretada con acordeón y visibilizar la diversidad musical de los Montes de María, donde la gaita, el tambor y los sonidos sabaneros forman parte de una tradición cultural que continúa vigente.
Hoy, Andrés Landero sigue siendo recordado como el Rey de la Cumbia, pero su historia también representa el talento de los pueblos bolivarenses. Desde las calles de San Jacinto hasta los escenarios internacionales, su acordeón llevó consigo los sonidos del campo, las historias de sus habitantes y una parte de la identidad musical de Colombia.











